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URGENTE!!! Exigen apoyo médico para sobrevivientes de Acteal
03 feb 2005
Miércoles 2 de febrero de 2005
Señora directora: Le agradecemos se publique la presente carta dirigida al gobernador de Chiapas, Pablo Salazar Mendiguchía. A más de siete años de la masacre de Acteal, es indignante que su gobierno haya retirado el apoyo médico a los hermanos sobrevivientes que hasta la fecha padecen las graves secuelas sicológicas y físicas por las heridas que sufrieron por ese acontecimiento, negándoles su derecho a la salud. Su obligación como gobernador es garantizar la atención médica, entre otras cosas, a los hermanos que fueron víctimas de un hecho represivo y de lesa humanidad dirigido desde el Estado mexicano.

Los hermanos Catarina Méndez Paciencia, Mariano Vázquez Ruiz y el niño Jerónimo Vázquez Pérez tenían que llegar el 1º de febrero a la ciudad de México para asistir a sus citas del día 2 de febrero y posteriores en el Centro Nacional de Rehabilitación, donde han recibido atención médica, lo cual ahora no va a ser posible porque la Secretaría de Salud de Chiapas les negó inexplicablemente los apoyos que requerían para viajar.

Le exigimos que asuma su responsabilidad como servidor público en este caso y cumpla con lo ofrecido a los hermanos sobrevivientes de Acteal. También le demandamos una explicación de por qué se les ha retirado el apoyo que hasta ahora venían recibiendo, como parte del reconocimiento de la responsabilidad del Estado en los hechos de que fueron víctimas. Lamentamos que su gobierno haya perdido la voluntad y el compromiso con los hermanos de Acteal que tanto necesitan y se dedique mejor a apoyar actos propagandísticos del presidente Fox, que en nada ayudan a la población.

Atentamente,

Comité de Derechos Humanos de los Pedregales. Coyoacán. Distrito Federal: Juana Plata Landini, Rafael Alvarez Díaz
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Comentaris

“16 de noviembre?, antesala de la masacre en
03 feb 2005
El Heraldo de Chiapas - 01/02/2005


ISA LÃPEZ

Los niños prefieren ir a escuelas distintas

Segunda de dos partes

Nuevo Yibeljoj, Chis.- Aquí habitan familias pertenecientes a la Sociedad Civil âLas Abejasâ?, se dicen prozapatistas, un camino en muy malas condiciones los divide de la comunidad Yibeljoj donde viven priístas, se miran frente a frente, pero sus diferencias políticas e ideológicas parecen no encontrar solución.

La escuela primaria bilingüe de esta localidad municipio de Chenalhó se llama â16 de noviembre de 1997â?, Las Abejas comentan que esa fecha es la antesala de la masacre, ahí empezaron las confrontaciones, de las que según los actores de la zona, fue advertido el gobierno de Julio César Ruiz Ferro.

Estas familias son reubicadas, son originarias de Acteal, lugar del que ya no quisieran acordarse, pero al mencionarlo sienten sangre caliente por sus venas, primero por la brutal crueldad y segundo, porque las víctimas âaún no pueden descansar en paz, pues la justicia aún no llegaâ?, sostiene el indígena Mariano Pérez Séntiz.

âA este lugar llegamos en el 2002, pese a haber cambiado de domicilio obligados por la represión de los llamados paramilitares de Los Chorros, no nos sentimos tan seguros, la comunidad no tiene luz eléctrica, en las noches esté muy oscuro, no se nos olvida la tragedia y aún tenemos miedoâ?, insistió.

Apenas el año pasado el Comité de Construcción de Escuelas (Cocoes) les construyó cinco aulas, están incompletas, reciben clases 149 alumnos, pero en una sola reciben atención alumnos de los grados quinto y sexto atendidos por un solo docente.

Las instalaciones son insuficientes, para realizar homenajes a la bandera los alumnos se tienen que formar en las banquetas de las aulas porque no caben en la pequeña plaza cívica, no tienen cancha de basquetbol, todos juegan con una sola pelota de hule, no hay para mas.

Al plantel le construyeron un baño pero nunca lo han usado, el director Vicente Pérez Sántiz, le ha puesto hasta doble candado para evitar que los alumnos hagan uso, puesto que no tienen servicio de agua entubada, las familias se abastecen de pequeñas norias que les quedan muy lejos de sus hogares.

No se pueden bañar todos los días, para sus necesidades fisiológicas los alumnos han improvisado un sanitario en condiciones paupérrimas, lo usan tanto varones como niñas, en horas de recreo, todos se juntan, corren tras la misma pelota, atienden recomendaciones de sus profesores, bromean con ellos y hasta les hacen relajos.

Los pequeños, parecen olvidar lo que sus padres han vivido, parecen no darle importancia al pasado, muchos no saben por qué huyeron y se refugiaron en su nuevo centro de población, la mayoría confiesa que le interesa estudiar, mientras su director les recomienda entrar de nuevo a clases para no perder tiempo.

El camino de acceso a este pueblo de refugiados es muy accidentado, apenas empiezan a construirlo, no hay transporte, para salir a la cabecera municipal tienen que caminar seis kilómetros y esperar los vehículos que vienen de Puebla o de otro lugar.

Sus habitantes no tienen opciones para un mejor futuro, más bien dependen mucho de la ayuda gubernamental, pero de acuerdo con don Mariano Pérez, no han sido incluidos al programa de empleo temporal, âni sabemos que es esoâ?.

Las casas son de madera, emergen en medio de la maleza verde, lo que más añoran es tener agua, pues están en riesgo de adquirir enfermedades, en breve contarán con un Jardín de Niños, su aspiración es al fin encontrar la tranquilidad, aquella que les fuera rota el 22 de diciembre de 1997.

Sus condiciones son paupérrimas, su futuro es incierto, las diferencias políticas e ideológicas con sus adversarios no tienen fin, a la escuela de Nuevo Yibeljoj, no pueden asistir alumnos del poblado Yibeljoj, aunque solo la calle los divide. Los niños, igual que los padres, jamás se juntan, se ven pero no se hablan.

El director del plantel, dice no entender las diferencias, él es originario de Yibeljoj, pero la institución tiene muchas necesidades, âhe gestionado solución, pero los padres me han pedido que no me meta, que no haga nada, tengo que obedecerles, no quiero ser causante de confrontacionesâ?.

En la escuela no funcionan ni las chapas que el Comité de Construcción de Escuelas puso a las puertas, los pizarrones se echaron a perder con la pintada de los salones, las oficinas de la dirección son improvisadas, necesitan hacer el contrato de luz, y necesitan gestionar intensamente el servicio de agua entubada para poner en operación los sanitarios.

El maestro Vicente Pérez Sántiz afirma que para los ârefugiadosâ? es muy significativo el nombre de la escuela, tiene raíz en los conflictos sociales que los obligó a desplazarse, conflictos del que a veces no quieren acordarse, pero tampoco se pueden olvidar, y ello los hace vivir siempre en medio de la incertidumbre y de la desconfianza.

Comenta el docente que en su calidad de director propuso al extinto Servicios Educativos para Chiapas, ahora subsecretaría de Servicios Federalizados, varios nombres para la institución, pero no fue aprobado, ello fue aprovechado por los habitantes para proponer el nombre de â16 de noviembre de 1997â?, mismo que fue aceptado por la autoridad educativa.

El maestro observa tranquilidad en la zona pero reconoce que no es lo mismo lo que sienten los padres de familia, âellos tiene mucho en qué pensar, pero creo que lo peor ya lo pasaron, ahora viene la etapa de la reconciliación, seré un proceso muy largoâ?.

Las casas de la localidad estén muy dispersas, no hay plaza cívica, caminan por veredas un poco atemorizados para llegar al encuentro con sus seres queridos, algunas mujeres aún en la adolescencia ya son madres, inclusive de hasta dos o tres hijos, mientras uno camina a su lado, el menor es cargado en la espalda, anhelan la paz, la alegría al salir de la escuela a las 14:00 horas para sus padres quisiera que se prolongara, pero todos toman camino distinto.

En hora de clase, los pequeños forman grupos de trabajo, uno dibuja, otro pinta, otro recorta y los demés hacen bromas. Al final, todos asean sus salones, limpias los pupitres, un día mas de clases ha terminado, se aprestan a regresar a casa, al reencuentro con sus progenitores.

Don Mariano Pérez Séntiz, secretario del Comité de Educación, afirma que ellos se han alejado de la âmaldadâ?, de aquella que los despojó de lo que més querían, la tranquilidad, la paz y la confianza, pues sabían que en medio de la pobreza, de la falta de oportunidades saldrían adelante, âDios jamás abandonaâ?.

Pero lo que aún no entienden âinsiste- es ¿por qué tuvimos que desplazarnos para protegernos y proteger a nuestra familia? Acteal nos cambió la vida, lamentablemente a més de siete años parece no llegar la justicia, las localidades de la zona aún viven en el miedo, en el terror, la incertidumbre, âa veces, la preocupación nos quita el sueño, no queremos més problemasâ?.

Durante el día, las casas se ven en completo silencio, los padres han salido en busca del sustento, las madres van en busca de sus hijos, igual los cuidan para ir a la escuela, que para jugar, no hay diversión, la topografía es muy accidentada, conforme entra la noche, la zona parece que la calma llega, pero sucede lo contrario.

Algunas mamés que accedieron a platicar, sin revelar sus nombres, comentaron que los hechos de Acteal jamés se olvidarén, y aunque no haya plena justicia con la ley del hombre, âen su momento vendré la ley divina, de lo alto para poner a cada quien en su lugarâ?.

Siguen a la espera de las promesas incumplidas hasta ahora, lo més urgente es el agua entubada, la construcción del camino de acceso, la ampliación de la escuela, la introducción de la energía eléctrica y la construcción de una cancha deportiva.

Los indígenas tzotziles esperan que con el tiempo encontrar la paz, disfrutar de mejores aires de certidumbre, de confianza, de reconciliación, la venganza sería horrible, alimentaría més violencia, de la que ya estamos aburridos, insiste Pérez Séntiz.

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ACTEAL, aun sangran las heridas
03 feb 2005
Xoyep, Chis.- Entre la densa maleza surge Acteal, en el municipio indígena de San Pedro Chena al pie del cerro âSholontóâ?, que quiere decir sagrado, donde sus habitantes rezan por la mañana y por la tarde en la capilla San Juan Diego construida con madera, a los pies de la imagen de la virgen de Guadalupe, vestida con atuendo tzotzil, por la paz y la tranquilidad que les fue rota desde el 22 de diciembre de 1997.

Aquí habitan familias del poblado Los Chorros, Yibeljoj, Puebla y Yaxjeme, desplazadas por aquella cruel matanza de 45 indígenas que les cambió su vida, que les significó el fin de la tranquilidad y el principio de la incertidumbre, su futuro es incierto.

Son 40 familias, conviven con soldados pero -afirman- su presencia no les garantiza que estén libres de agresiones, sobre todo, cuando han recibido amenazas de los llamados grupos âparamilitaresâ? de la región.

Su peor problema es que no tienen servicio de agua entubada, un río les queda a dos horas de distancia a pie, pero tampoco encuentran en su alrededor leña para el fuego, pocos pueden darse el lujo de comprarla para la cocina, no gozan del llamado empleo temporal, ni quien les pueda ofrecer trabajo.

Muchas de las pequeñas viviendas âtodas de madera- fueron construidas por la Cruz Roja Internacional. La mayoría de las familias se instaló desde el 24 de agosto del 2001, aunque fue hasta el año pasado cuando recibieron el servicio eléctrico.

Desde lo lejos y en medio del monte, sólo se escucha el cantar de uno que otro gallo, el pueblito vive un silencio total, todos al pendiente de cualquier vehículo que llega, inmediatamente se concentran en lo que llaman plaza, un érea de 80 por 40 metros, que a la vez usan como cancha.

Don Antonio López, con tristeza contó su realidad. âLlegue el 27 de diciembre de 1997, huí de los paramilitares de Los Chorros, soy un testigo presencial de aquella horrible masacre, temo por mi vida y la seguridad de mi familiaâ?.

âLa verdad es que tengo miedo, los paramilitares me han mandado a amenazar, yo vi quiénes mataron, aquella mañana fue horrible, no lo puedo olvidar, muchos andan libres y algunos inocentes estén presos, eso es injusto, no se valeâ?, respondió.

Recién llegado, con la desesperación que aún no se me quita, algunas autoridades de gobierno me ofrecieron reubicación en otra zona més lejana donde pudiera trabajar la agricultura, soy hombre de campo, de eso he vivido.

Ahora mi sufrimiento es que no tengo terreno, soy agricultor sin tierras, creo que no tengo la seguridad para mí, ni para mi familia, me dijeron que buscara unas tierras para que el gobierno me las comprara, las conseguí, eran 30 hectéreas en el municipio de Ocosingo valían 180 mil pesos, pero después las autoridades me dijeron que estaba muy caro, insistió.

Don Antonio es padre de seis hijos, vive la pesadilla de aquel 22 de diciembre, pero con el Jesús en la boca porque sus padres y hermanos siguen viviendo en Los Chorros.

Comenta que teme salir de su casa, se siente inseguro, se dedica junto con su esposa Rosa Jiménez Gómez, a la fabricación de naguas âfalda elaborada baséndose en hilo-.

Sus manos estén gastadas de tanto teñir hilo de color azul, reconoce que esta actividad ya le aburrió, pero no tiene la oportunidad de desempeñar otra, por pieza apenas gana cien pesos que vende en Yacteclum, una de las localidades més importantes de Chenalhó

Narra que a finales del 2001 intentó regresar a Los Chorros pero se encontró con la advertencia de los malhechores, âandamos pidiendo la justicia pero no nos hacen caso, creemos que el gobierno de Julio César Ruiz Ferro, manipuló las investigaciones de la masacreâ?.

Lo que se percibe ahora es que había toda la intención de agredimos, ahora nuestra realidad es triste, algunas familias han pensado en reubicarse en otros lugares pero âno tenemos dineroâ?, algunos han pesando igual que yo en irse a Ocosingo pero... ¿de dónde saldría la paga para comprar tierras?.

Comenta que las familias pertenecientes a la sociedad civil Las Abejas, han tratado de emprender una nueva vida, tan es así que el jardín de niños le pusieron de nombre âNuevo Amanecerâ?, con la intención de encontrar una esperanza de paz y tranquilidad, la que se les ha negado.

âYa no queremos promesas, basta, ni queremos que se nos diga que en 15 minutos se pueden resolver los problemas de Chiapas, queremos agua, el único pozo que se ubica en la localidad es de agua sucia, de ahí se abastece mi familia, pero otras no tienen ni esoâ?.

En lo que ellos llaman el centro de la colonia se ubica un templo católico de madera construido por ellos mismos, ahí es el único refugio para las 190 personas del lugar.

La única diversión para los pequeños es una improvisada cancha de tierra, aunque los aros casi se caen, ahí juegan futbol, bésquetbol y voleibol, aunque solo con una densa niebla no la pueden usar porque el piso se convierte en lodo.

Los pequeños aparentan no enfrentar problemas, aunque sus padres se lamentan que su futuro no es bueno, con la única pelota de hule juegan de todo, hasta se dan el lujo de retar a sus padres a una âcascaritaâ?, aunque el esférico lo cuidan como si fuera oro porque si se poncha ya no tendrán con que jugar y no tendrán con que comprar otra.

La escuela primaria bilingüe âBelisario Domínguezâ? que alberga a 78 alumnos juega un papel preponderante en el intento de sembrar tranquilidad y confianza, aún con aulas de bajareque con paredes cuarteadas que les inspira desconfianza.

Los profesores Armando Bolón Sánchez, director, Manuel Jiménez Sánchez, supervisor y el docente Florentino Pérez Hernández, no sólo se dedican a la enseñanza en las aulas, conviven con las familias y los ayudan en alguna gestoría.

Mientras que en el kinder la maestra Rosa Jiménez Gómez, apapacha a sus 21 pequeños alumnos y les enseña con gran delicadeza. Aunque ante la escasez de agua, la mayoría viste ropa sucia, con riesgos de contraer alguna enfermedad.

Don Antonio Vázquez Gómez, presidente del comité de educación, sostiene que la situación no es tan fácil para ellos, piden a Dios y a los gobiernos federal y estatal âque terminen de hacernos justiciaâ?.

Insiste que merecen una escuela de calidad porque la de bajareque se ha cuarteado y es un riesgo para los alumnos, âse nos dijo que estas dos aulas eran provisionales, pero nuestras gestiones no han prosperado, no hay casa para los maestros, apenas un cuartito de madera y láminaâ?.

Uno de los líderes de la sociedad civil Las Abejas, José Vázquez Gutiérrez, considera que el escenario pudiera ser mejor para todos una vez que se detengan a las personas que andan libres y son responsables de la masacre del 22 de diciembre de 1997.

âLos expedientes están abiertos pero la justicia es contra los más débiles, estamos igual que el EZLN, en estado de indefensión, viviendo en el olvido, no queremos más violencia, ni seguir viviendo en medio del temor, aspiramos a la paz, pero no sólo depende de nosotros, también de los gobiernosâ?.

No tenemos empleo, todos tenemos que comprar leña para que nuestras esposas cocinen la comida, el tercio cuesta 400 pesos, pero no hay quien nos emplee, el único negocio es una peluquería de mi propiedad, apenas sobrevivimos, somos desplazados y recibimos a desplazados, no queremos la guerra, ni que vuelva a âenseñorearseâ? la violencia, insistió don José.

Para llegar a la localidad hay que caminar cinco kilómetros desde el desvío de la carretera que comunica a San Andrés Pante no hay transporte, uno que otro usa bicicleta, la mayoría tiene que cargar al hombro sus cosas.

Todos coinciden que Acteal ha transformado la vida de las comunidades de la zona, no han logrado superar la tristeza, el rencor, el odio contra los criminales, la exigencia de justicia persiste.

âNunca recurriremos a la venganza, Dios lo reprueba, si aquí no encontramos justicia, vendré de lo alto tarde o temprano, no sólo contra los agresores, sino contra los que no han querido aplicar la leyâ?, sostiene Vézquez Gutiérrez.

Acteal es un expediente abierto, a més de siete años las comunidades siguen esperando justicia, la intranquilidad prevalece, las amenazas no cesan, y lo que més preocupa a las familias, es el futuro de sus hijos.

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