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Notícies :: amèrica llatina
Malas costumbres
27 gen 2005
Las empresas europeas que operan en Chile se han adaptado muy bien a la escasa o nula fiscalización de las normas laborales. Un grupo de mujeres trabajadoras de estas empresas denunciarán ante la Comisión Europea las prácticas laborales que mantienen en Chile estas compañías.
Con casi un 40 por ciento de la inversión extranjera en Chile, las empresas de la Unión Europea se han consolidado como el mayor inversionista histórico en este país al haber ingresado US$ 22 mil millones entre 1974 y el 2002, de los cuales la mayor proporción corresponde a capitales españoles, seguidos por los británicos. Se trata de una importante relación económica, que fue sellada a comienzos del 2003 con la puesta en marcha del Tratado de Libre Comercio entre la UE y Chile.

La mayor atracción la ha tenido el sector de utilities (electricidad, gas y agua), que, a través de los procesos de privatización de las empresas del sector público, atrajeron durante este periodo el 30 por ciento del total invertido por países europeos. Un volumen menor aun cuando en ningún caso bajo se ha orientado a los transportes y telecomunicaciones, el que ha absorbido un 15 por ciento del total. Con menos participación aparece la minería (once por ciento) y la industria (ocho por ciento).

La fuerte inversión de las empresas europeas, principalmente españolas, las ha llevado, en no pocos casos, a mantener una posición de control de sus respectivos mercados, como sucede con Telefónica en las telecomunicaciones, Endesa España en la generación eléctrica o los bancos Santander Central Hispano y BBVA en los servicios financieros.

Las débiles normativas laborales chilenas han llevado a estas empresas a adaptarse muy bien a las condiciones nacionales, provocando una creciente protesta entre los trabajadores tanto del los sectores de servicios como los productivos, este conformado por numerosas empresas, aunque de menor tamaño, de origen europeo.

La fuerza de la UE se hace sentir también como el principal mercado para los productos chilenos. Aproximadamente un cuarto de las exportaciones se orientan a países de la UE, con una facturación que el 2004 alcanzó a unos US$ 9.500 millones.

Las empresas europeas en Chile tienen, asimismo, una importante participación en el mercado laboral, aun cuando los procesos de fusiones y adquisiciones y la externalización de diversos servicios han mermado esta participación. El sector financiero, por ejemplo, contaba con 47.195 trabajadores a diciembre de 1997, número que a mediados de 2001 llegó a 39.563, bajando en tres años y medio en 16,2 por ciento.


Hace menos de una semana se realizó en Santiago â organizado por la Alianza Chilena por un Comercio Justo y Responsable (ACJR), la Red Global (Global Network) y el Centro Mujer y Trabajo- un taller con la asistencia de más de 40 mujeres trabajadores de empresas europeas o chilenas con capitales europeos. La actividad constató la permanente práctica antisindical en estas empresas y la externalización de actividades productivas a otras firmas que no cumplen con las mínimas normativas laborales. Entre otras situaciones muy generalizadas, denunciaron, existen prácticas de abuso contra la mujer en los trabajos, acoso sexual, violación de normas básicas de la OIT, como protección embarazadas, nula previsión y salud, discriminación en contra de las mujeres embazadas y uso indiscriminado de pesticidas prohibidos en el primer mundo, los que llegan a Europa pese a la aparente desaparición del pesticida durante los envíos.

SIN RETRETES NI COMEDORES


Otra frecuente denuncia surgió desde el sector de la pesquería artesanal, que acusó transgresiones permanentes por parte de las empresas europeas de pesca de arrastre a las cinco millas marítimas ocupadas por la pesca artesanal, lo que ha provocado un deterioro de la pesquería chilena y la consiguiente cesantía en el sector de las encarnadoras de anzuelos.

Una práctica frecuente es la que comenta Claudia R., que trabaja en Tento Ltda.,.una empresa que presta servicios como call center a Telefónica Móvil. âUna debiera tomar las vacaciones entre primavera y verano, pero como en esta época hay más trabajo, prefieren darnos las vacaciones en inviernoâ?. Esta práctica no es exclusiva de este rubro, sino que se extiende también al sector financiero. Sandra M., que trabajó durante años en el banco de capitales españoles más importante de Chile señala que âme exigían certificados médicos por vacaciones. Me pedían certificados médicos para tomar vacaciones durante el veranoâ?.

Sin duda es en el sector agrícola en el cual existe la mayor precariedad laboral. María A., que trabaja como temporera en la Séptima región, relata que es muy frecuente que movilicen a las trabajadoras desde otras regiones en los compartimentos de carga de los camiones y camionetas. âNo nos pagan colación ni instalan baños sanitarios. En los patronales la gente está amarrando las viñas y detrás viene el tractor fumigando. Uno avisa a la inspección del trabajo, pero cierran los portones. En cualquier caso cuando viene el inspector no se da el trabajo de recorrer el fundoâ?.

âLas temporeras âcontinúa María- al carecer de instalaciones sanitarias han de orinar y defecar en el suelo, y al no contar con comedores, tienen que colgar durante toda la mañana sus comidas en los patronales, las que se asolean, se llenan de insectos, se descomponenâ?.


Sería necesario decir que hay dos realidades, comenta Mercedes, que trabaja en una empresa de telecomunicaciones. âEstán las empresas grandes y las pequeñas. Las grandes cumplen las leyes laborales chilenas, que si bien no son del todo buenas, las cumplen. Pero las empresas chicas violan todas las condiciones laborales. Trasladan a las trabajadoras en camiones, en condiciones inhumanas, pero muchos de estos pequeños productores venden sus producciones a las grandes empresas, lo que provoca un encadenamiento. Hay que hacer el seguimiento al producto. Un producto puede tener una larga historia, a través de toda su cadena productiva, de vulneración a las mínimas condiciones de trabajo. Por tanto, la gran empresa es también responsable de los productos que compraâ?.

Las trabajadoras chilenas harán llegar sus testimonios a la Comisión Europea a través de un documento que incorpora también demandas, como eliminar el trabajo precario del producto chileno que se exporta a Europa, solicitud que se extiende a las corporaciones de la UE como a las empresas externalizadas que venden sus productos o servicios a estas empresas.

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