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La emigración de Chiapas a EU arrasa comunidades e individuos
26 gen 2005
El espejismo del dólar es nuevo en la entidad, pero causa furor entre los pobres

La realidad: violaciones de mujeres y hombres, sida, asaltos, desapariciones, muertes...
Martes 25 de enero de 2005


HERMANN BELLINGHAUSEN ENVIADO

Ocosingo, Chis., 24 de enero. La suerte del guatemalteco aquí es la que espera al chiapaneco en la frontera norte. La migración de los trabajadores rurales se ha vuelto una terrible comedia humana que devora las comunidades, corrompe la estructuras institucionales, transforma a los individuos y con frecuencia los destruye. El espejismo del dólar es nuevo en Chiapas, pero ha causado furor entre la población más pobre. Y no está claro qué llega primero, si las malas noticias o las remesas. Eso asegura la continuidad del espejismo.

Violaciones de mujeres y hombres, sida, enfermos en el abandono, asaltos violentos, cárcel, "desaparición" y hasta muerte. En recientes recorridos por la frontera y la selva Lacandona, este enviado ha escuchado incontables historias difíciles de narrar. Entre los escuetos retornos de aquellos a quienes "les fue bien" y llegaron sanos, con dólares, reproductores de dvd, sombrero texano y hasta más gorditos, se suceden penosas experiencias.

El gobierno del estado reconoció la semana pasada que durante 2004 la entidad recibió 500 millones de dólares, producto del trabajo de miles de campesinos e indígenas. El número de migrantes se desconoce, pero los ingresos aumentaron 40 por ciento respecto al año anterior.

Altar de sacrificio

Esta "fiebre del oro" de los pobres abre nuevas heridas en las atribuladas comunidades chiapanecas. Elías se arregló con un pollero que lo llevó con un grupo desde Comitán hasta Sonora, y llegando allá los asaltaron, pero lograron escapar. El pollero, al parecer "muy cuate", le dijo que se iban a tener que defender. Consiguieron varillas y tubos y se internaron en el desierto de Altar. Cuando salieron de la oscuridad los anunciados asaltantes, Elías se defendió como habían acordado. Los demás migrantes se dejaron despojar y huyeron; el pollero que los guiaba se fue con los atacantes, y a Elías lo dejaron con un tiro entre la espalda y el vientre que lo mantiene inválido y candidato a una cirugía mayor.

Dos jóvenes de Altamirano lograron cruzar y conseguir trabajo. Acusados de robo, fueron encarcelados, y en el penal violados por otros reclusos. La condena fue corta, y luego los deportaron. Están de vuelta en su casa. Son portadores del virus del sida.

Violeta, de 14 años, fue confiada a un conocido pollero del municipio de San Juan Chamula, quien cobró 40 mil pesos y la condujo en autobús al Distrito Federal, y de ahí a Sonora. Hace dos años. Iba acompañada por un tío paterno. Nada se sabe de ella. Otros que retornaron cuentan que fue violada por el propio pollero y luego abandonada en el desierto; el traficante asesinó al tío de Violeta; a los demás los amenazó con un arma si intervenían, y tuvieron que seguir. El pollero sigue operando en los Altos, y abundan indicios de que es protegido por la Policía Judicial.

Rubén, de 19 años y educado en la resistencia, "la hizo" desde la selva hasta Estados Unidos y trabajó duro, pero se enfermó gravemente, no está claro de qué. Lleva meses mal hospitalizado, entre la vida y la muerte. Allá.

Según el Consejo Estatal de la Población, los migrantes chiapanecos tienen de 15 a 35 años. Hace cuatro años, la entidad apenas figuraba en las cifras de expulsión económica de personas; hoy es la decimoprimera entidad mexicana (según algunas fuentes ocupa el séptimo lugar) en producir indocumentados para Estados Unidos.

En los pueblos indígenas de la selva y la frontera se ha vuelto una verdadera "moda" unirse a una cuadrilla de pollos. En las afueras de Ocosingo, Comitán, Las Margaritas o La Trinitaria abundan oficinas de tijuaneros que ofrecen viajes a Tijuana y Altar "todos los miércoles, a precios económicos". Anuncian escalas en Tuxtla Gutiérrez, Oaxaca, Querétaro, San Luis Potosí, Zacatecas, Agua Prieta, Nogales. Y "absoluta seriedad".

Simultáneamente, como en una realidad paralela, las mismas comunidades selváticas y fronterizas que inmolan a sus hijos en el Altar de Sonora y Arizona ven cruzar como espectros a los ilegales de Centroamérica, cuyas peripecias empiezan aquí y continúan a lo largo de toda la República Mexicana. Este flujo migratorio atraviesa de manera aún más dañina los cuerpos policiacos locales, las tropas federales, los agentes de migración, las policías de caminos, los gobiernos municipales. Pero sus historias son inaprehensibles; los ilegales centroamericanos son fantasmas mudos, carecen de derechos, son menos que nadie.

Al anochecer cruzan lanchas furtivas el río Usumacinta rumbo a San Javier y Ocosingo, o el Lacantún rumbo a Montes Azules y de allí a San Quintín y Ocosingo. Ya forman parte del escenario cotidiano el ruido de motores de lancha a deshoras, las figuras agazapadas, los grupos silenciosos de gente asustada que compra tortillas y refrescos en las tiendas y se esfuma en un suspiro. O bien autobuses de pasajeros que avanzan lenta y torpemente por caminos donde no circulan autobuses, se detienen de pronto en determinado rancho particular y descargan decenas de centroamericanos que se pierden en los campos para evadir el siguiente control migratorio.

En tanto, las autoridades se jactan casi a diario del elevado número de indocumentados que interceptan. No es de extrañar: se trata de una verdadera marea humana. Con tantito estirar la mano, algo cae.

¿Cómo resistir la impresión de que entre más dinero "entra" en las comunidades, éstas se hacen más pobres? Como se sabe, Chiapas es una entidad espectacularmente favorecida por los recursos federales. Baste mencionar un nuevo rubro al que las autoridades locales apuestan entusiasmadas: el ecoturismo. Según declaró ante el congreso estatal la titular de Turismo, Katyna de la Vega Grajales, aquí se registran "los índices más altos de la historia en afluencia y derrama económica".

De la Vega notificó que la inversión en infraestructura turística pasó de 5 millones de pesos en 2001 a 18 en 2002, 25 en 2003 y 74 en 2004. También se crearon o reconvirtieron 52 centros turísticos "sociales", muchos en la selva Lacandona y en los alrededores de Montes Azules. Bueno, si hasta el balneario de Jataté, tradicional paseo suburbano de la población ocosinguense, con alberca, chapoteadero y recodos apacibles del río se anuncia ahora como "centro ecoturístico". ¡Chale!

En las mismas regiones donde el gobierno prodiga proyectos y programas, y el "ecoturismo" hinca el diente, la población sale volando. "Y luego los jóvenes regresan y se sienten distintos, le hacen el feo al pozol y todo en sus casas les parece mal. No sabemos qué va a pasar con ellos", me decía un hombre en la selva fronteriza la semana pasada.
Mira també:
http://www.jornada.unam.mx/2005/ene05/050125/017n1pol.php

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