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Notícies :: guerra
Últimos días de Auschwitz, la realidad supera la ficción más macabra
24 gen 2005
Nuestro homenaje a todas las vítimas del horror y a nuestros padres por darnos el coraje para enfrentarnos y decir que No mil veces a la barbarie
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Últimos días de Auschwitz, la realidad supera la ficción más macabra

Este jueves el mundo evocará el 60° aniversario de la liberación del mayor campo de exterminio. Cuando los nazis lo evacuaron, sólo algunos sobrevivientes que no podían ser trasladados permanecieron en él. Mira Kniaziew, la prisionera A 15538, fue una de los pocos testigos de aquel día milagroso en que llegaron los rusos.

Ella estuvo allí y entonces: en Auschwitz, el 27 de enero de 1945. Intactas guarda las vivencias de esa jornada histórica: "Eso es algo que no voy a olvidar mientras viva: la llegada del ejército soviético para liberarnos del infierno", dice.

De sólo nombrarlo, las llamas de ese universo endemoniado le encienden el espanto. Ya lo sabe -por la experiencia de haber escrito un libro (aún inédito)-: cada palabra trae una ristra de dolores, que siempre se conjugan en presente -"Auschwitz nunca ha dejado de suceder", escribió Giorgio Agamben-. Ella conoce bien el tormento que sentirá al escarbar las heridas sin cicatriz, para evocar la barbarie nazi. Pero acepta contar, con un pedido a cambio:

-Por favor, junto a mi nombre y apellido ponga mi número de prisionera en Auschwitz. Yo siempre firmo así, porque esa marca me la han tatuado en el brazo y en el alma.

Ella es Mira Kniaziew de Stupnik, A 15538. A los 76 años, vive en el barrio porteño de Villa del Parque. Es viuda, tiene una hija, Eva, y dos nietos: "Ellos me dan la fuerza para vivir", explica. El 1° de septiembre de 1939, cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, tenía once años, y Adolf Hitler la condenó a muerte por ser lo que es: judía. Pasó la adolescencia en Auschwitz, el pozo más negro de la historia de la humanidad.

Auschwitz fue un complejo de campos de exterminio, que comenzó sus operacionesen mayo de 1940. En un acto solemne, personalidades del mundo entero se reunirán el jueves próximo en el lugar del crimen inédito e innombrable para conmemorar el 60° aniversario de la liberación, el 27 de enero de 1945. El Campo Central o Auschwitz I se alzaba en las afueras de la ciudad del mismo nombre (Oswiecim, en polaco). En Birkenau o Auschwitz II funcionaban las cámaras de gas y los hornos crematorios, noche y día; cada veinticuatro horas un promedio de seis mil vidas eran sofocadas en esa abominable creación del nazismo. En Monowitz o Auschwitz III se explotaba a los prisioneros como mano de obra de esclava en fábricas de la industria alemana. "En Auschwitz murió el hombre y la idea del hombre", sostiene Elie Wiesel. Se calcula que más de un millón y medio de personas fueron masacradas en esa usina letal.

A Mira Kniaziew le quitaron el nombre en el campo de mujeres de Auschwitz-Birkenau. Allí la convirtieron en A 15538. Bajo ese cielo envenenado, donde las chimeneas vomitaban hombres, mujeres y niños reducidos a humo, ella y su madre lucharon por lo mismo que todos los demás: sobrevivir.

El 18 de enero de 1945, a causa del avance de las fuerzas Aliadas, los nazis decidieron la evacuación de Auschwitz. Ante la evidencia de que Alemania perdería la guerra, se concentraron en dos objetivos: evitar que el ejército liberador encontrara testigos del mal absoluto, y completar el exterminio. Cualquiera hubiera dicho que ya no existía modo de provocar más muerte y más tortura. No obstante, el Tercer Reich ideó otro plan macabro: las marchas de la muerte. A pie, desplazaron a los prisioneros hacia el territorio alemán o hacia ninguna parte. El destino era lo de menos; lo que contaba era ir matándolos por el camino. De hambre, de sed, de agotamiento se moría la gente. A quien trastabillaba, le disparaban. Al que caía, lo remataban.

Más de 66.000 personas salieron de Auschwitz en el nevado anochecer del 18 de enero. Antes de abandonar la tierra polaca, 15.000 de ellos ya habían muerto. El resto siguió marchando hacia los campos de concentración de Alemania o perdiendo la vida en la nefasta travesía.

Junto con la orden de evacuación, los SS habían anunciado que los enfermos podrían permanecer en el campo. ¿Alguien estaba sano acaso? Allí eran todos cuerpos desnutridos, lacerados, prematuramente envejecidos. Entonces, ¿de qué hablaban los nazis cuando hablaban de enfermos? De cadáveres inminentes, de quienes no llegarían vivos al instante de la liberación, por más próxima que estuviera. A esos, se los autorizó a esperar la muerte sin trasladarse.

-Yo estaba en la barraca con mi madre cuando llegó la noticia de que desmantelarían el campo -recuerda Mira-. A ella le costaba mantenerse en pie y su corazón funcionaba mal. Yo ya era incapaz de hacer algo por cuenta propia, salvo arrastrar a mi mamá, y escondernos. En todos esos años había aprendido a escabullirme con destreza felina. Cuando dieron la orden de evacuación, comprendí que no tenía alternativa. A mi madre no quería abandonarla, aunque esa decisión me costara la vida. Con ella, no podría dar ni tres pasos en la marcha. Razoné así: "Partir es muerte segura, al menos para mamá. Si nos quedamos, a lo mejor, tendremos una chance de vivir". Entonces hice lo único que sabía: acarrear el cuerpo de mi madre y ocultarnos. Después se fueron todos. No quedaron más que los muertos, los agonizantes, los que no se podían mover.

En el momento que evoca Mira, aún faltaban nueve días para que el ejército soviético entrara en Auschwitz y encontrara siete mil supervivientes en un mar de cadáveres, de esqueletos ambulantes y de desolación.

-Fueron días terribles, pero inyectados de esperanza -sigue rememorando-. Como no veíamos alemanes, los pocos que aún podían arrastrarse empezaron a moverse. Yo dejé a mi mamá en la barraca, y fui con ellos hasta los depósitos. Cortamos los alambres y entramos. Había algo de ropa y comestibles. Ante la visión del pan, me volví loca. No saqué ni un vestido, a pesar de que llevaba harapos y de que el frío era terrible. Pan: eso era todo lo que quería. Abracé todos los panes que pude, y corrí hacia el block donde estaba mi madre. En el camino, me sorprendió un tiroteo. Se conoce que todavía quedaban nazis en el campo, pero no alcancé a verlos. En la carrera se me cayó un pan. Entré en la barraca más cercana, dejé todos los panes, y en medio de la balacera salí a recoger el mendrugo que había quedado en el piso. De milagro, salvé mi vida. No sé cómo hice tamaña estupidez. Pero en aquel momento no podía perdonarme perder un pan.


Somos el hambre


Lo que hoy le parece temerario entonces era consecuencia de lo que Primo Levi definió con descarnada precisión: "El Lager es el hambre: nosotros somos el hambre, un hambre viviente". Con esa puñalada en el estómago, durante la trágica espera del frente salvador, Mira devoró cualquier cosa: "Recuerdo una pasta negra, que encontré dentro de unos tambores. No sabía qué era, pero la tragué igual. Un día llegué a la barraca con un poco de harina. Mamá encontró una lata oxidada, la lavó, puso a hervir la harina".

Madre e hija esperaban con avidez que ese mejunje se cociera cuando dos SS, recién bajados de una moto y armados, irrumpieron en la barraca. Les ordenaron salir, sin más propósito que el de asesinarlas en grupo, en lo que Mira describe como "una especie de calle que separaba un campo de otro".

-Antes de partir, tomé ese mazacote a medio cocinar -relata-. Lo fui engullendo por el camino. Es increíble: sabía que iba al fusilamiento, y todo lo que quería era meter algo en el estómago antes de que me mataran.

Mientras lo cuenta, vuelve a verse en la hilera junto a las otras desahuciadas:

-Los SS ya estaban apuntándonos. Era el final. De repente, llegó otra moto, con otros nazis. Les dijeron algo que no alcanzamos a escuchar, pero en un instante cada uno trepó a la moto en la que había llegado, y escaparon. Muchos años después, leí qué había ocurrido: un tanque ruso avanzó antes que el frente; al verlo, los nazis se asustaron y huyeron. Recién entonces comprendí por qué no fuimos fusiladas. Ellos se fueron y nosotras nos quedamos ahí, inmóviles, durante un largo rato. No sabíamos qué hacer. Luego vimos que se acercaba un grupito de varones. Llevaban los trajes rayados de los prisiones; venían del campo central. "Ya no hay alemanes en Auschwitz; estamos libres. Vengan, les vamos a dar comida", nos dijeron. Ellos estaban un poco más fuertes que nosotras. Despacito, nos ayudaron a llegar a un block de Auschwitz I. A la mayoría, tuvieron que arrastrarlas. Nos ubicamos en los camastros de una barraca de ladrillos. Con estos hombres nos sentimos un poquito más protegidas.

Allí, en sus escapadas a los depósitos de alimentos, Mira encontró unos terrones de azúcar. A duras penas encuentra las palabras para comunicar lo que representaban:

-Para nosotros eran... -hurga en el lenguaje-. Imagine que aquí y ahora una mujer reciba un brillante de diez quilates -ensaya una comparación, pero de puro raquítica, termina desechándola-. No, más... mucho más valor que eso tenían aquellos terroncitos de azúcar...

En esa tierra de nadie despuntó, alentador, el 27 de enero de 1945, que Mira no ha de olvidar jamás:

-En la madrugada escuchamos tiros -relata-. Comprendimos que el frente estaba cerca. Salimos de la barraca. El aire estaba gris; aún no había amanecido. Los tiros seguían sonando. El frente estaba más cerca; cada vez más cerca. Y nosotros, más y más esperanzados. Al fin, divisamos a los primeros soldados. Iban agachados, con los fusiles extendidos, listos para disparar. Al principio eran siluetas. De a poco, fueron cobrando forma. Cuando comprobamos que era el ejército soviético, mi mamá y yo nos volvimos completamente locas. Sí, eran ellos. Nos tiramos a sus pies, les abrazamos los tobillos, y les besamos las botas. Queríamos darle lo mejor: tomamos nuestros terrones de azúcar y los pusimos en las bocas de los soldados. "Coman ustedes: no tenemos hambre", nos decían.

A Mira Kniaziew, A 15538, se le nublan los ojos, y dice: "El horror que se dibujó en los rostros de esos soldados cuando nos vieron, tampoco he de olvidarlo mientras viva. Era un horror que no tenía nombre. Nosotros no éramos conscientes de nuestro estado: allí no había espejos. Aunque mirábamos a los demás, cada uno pensaba que él, a lo mejor, aún no estaba así. Pero las caras de los rusos fueron el más atroz de los espejos".

Liberado en Buna, Primo Levi percibió el mismo espanto en los soldados soviéticos: "No nos saludaban, no sonreían; parecían oprimidos, más aún que por la compasión, por una timidez confusa que les sellaba la boca y les clavaba la mirada sobre aquel espectáculo funesto. Era (...) la vergüenza que los alemanes no conocían, la que siente el justo ante la culpa cometida por otro, la que le pesa por su misma existencia, porque ha sido introducida irrevocablemente en el mundo de las cosas que existen (...)".

-Mi mamá y yo hablábamos ruso -cuenta Mira-. Tras la primera noche, un oficial nos aconsejó: "Este es el frente: hoy avanzamos; mañana, tal vez, tengamos que retroceder. Como puedan, salgan de aquí. Vayan para la retaguardia". Cuatro mujeres solas: mi madre, en el último estado de agotamiento, una amiga tísica, una holandesa renga y yo, cargamos una bolsa con pan y salimos de Auschwitz, caminando. Creíamos que nadie más había quedado vivo

Por Adriana Schettini

Confiar en el hombre

Mira Kniaziew de Stuptnik, A 15538, llegó a la Argentina en 1960, tras una larga seguidilla de penurias. En ese año y en el mismo país, un comando israelí capturó al jerarca nazi Adolf Eichmann, quien llevaba para entonces diez años de impunidad, bajo el nombre falso de Ricardo Klement.

-¿Cómo le impactó esa noticia? -le pregunto, y ella se pone a describir el ocaso de un sol inmenso que se niega a extinguirse.

-Las experiencias que pasamos bajo el nazismo no se superan -admite-. Pero si los sobrevivientes logramos convivir con ellas, y conservar la fe en la humanidad, es porque al final de la guerra tuvimos una esperanza: "A partir de hoy, el mundo cambiará", decíamos. "A los criminales se los va a castigar, y después de este horror inédito ya no habrá guerras en la Tierra", pensábamos. Lamentablemente, con el paso del tiempo nuestra esperanza se fue achicando. La masiva huida de los nazis hacia los países que aceptaban cobijarlos, el nuestro entre ellos, fue un duro golpe. Lo de Eichmann y tantos otros nos demostró que la historia de la humanidad no iba a continuar como habíamos soñado. Es por eso que a mi libro lo titulé ¿Quo vadis, mundo?. Esa es mi pregunta hoy: "¿Adónde vas, mundo? ¿Alguna vez comprenderás? ¿Llegará el día en que saques alguna enseñanza de tanta tragedia, y cambies para siempre?

-¿Y cuál es su respuesta a esas preguntas?

-Que la vida siempre es más fuerte que la muerte. Después de la Guerra yo me había prometido no traer criaturas a este mundo porque, a pesar de mis terribles sufrimientos, comprendía que para las madres y las abuelas todo había sido peor. Ver sufrir o morir a sus hijos o a sus nietos era directamente insoportable. Bastante firme era mi propósito de no tener hijos.

-Pero, afortunadamente, no lo cumplió.

-No, porque pasado el primer tiempo, venció la vida. Si algo sé, es que la vida es más fuerte que todo; siempre. Y, a pesar de lo que padecí, sigo creyendo y confiando en el hombre.

This work is in the public domain

Comentaris

Re: Últimos días de Auschwitz, la realidad supera la ficción más macabra
24 gen 2005
Ya que estás tan puesto, ¿podrías darme datos, números, de la gente entregada a la Gestapo por el Régimen Franquista?
Re: Últimos días de Auschwitz, la realidad supera la ficción más macabra
24 gen 2005
La izquierda no debería dejar superarse por el lobby sionista, en el recuerdo del Horror. Más que nada porque la cruzada iba contra la izquierda, que los nazis asimilaron a judío y marxista.

Por cierto: desde aquí recomiendo "La cuestión judía" de Karl Marx, judío él mismo, pero de otra rama. De la rama de los laicos contrarios a los dogmas religiosos.
Re: Últimos días de Auschwitz, la realidad supera la ficción más macabra
24 gen 2005
Los mismos Muros,las mismas alambradas,las mismas torturas,el mismo racismo...aprendieron algunos sionistas la lección : de víctimas pasaron a verdugos.¿Qué pensarían las víctimas del Holocausto al ver a sus descendientes repetir la Historia? ¡Vergüenza!
Re: Últimos días de Auschwitz, la realidad supera la ficción más macabra
24 gen 2005
De acuerdo. Pero no hay que ligar necesariamente a las víctimas del Holocausto con los terroristas que hoy campan por Israel, ciñéndose a lo que pone un libro esotérico-religioso.

Por otra parte, me gustaría que internacionalmente se denunciara a SUIZA, un Estado terrorista entonces, cuando los nazis, y terrorista hoy, porque sigue monopolizando bajo secreto bancario el dinero y las pertenencias de millones de personas que fueron asesinadas. SUIZA practica lo que los mentirosos siempre han atribuído al comunismo: el robo de bienes a la gente de a pie.
Re: Últimos días de Auschwitz, la realidad supera la ficción más macabra
24 gen 2005
Vergüenza? tu comparación es una vergüenza!

hablas de los mismos muros, las mismas alambradas,... porque no hablas de los muertos? porque no hay un exterminio sistematica en Palestina !!!

repetir la historia? tu conoces nada la historia.
tus comparaciones son un golpe para todas las victimas del nazismo.

i por que escribes esta mierda aqui. etsa fecha es de acordarse de las victimas del holocausto. i gente que no lo quiren pero hacen las victimas a verdugos son nazis!!!

contre la revisión historica!
contre el antisemitismo!
contre el nazismo!
Re: Últimos días de Auschwitz, la realidad supera la ficción más macabra
25 gen 2005
Para "sin pueblo":
Nunca podreis tener un auténtico país mientras no seais capaz de crearlo sobre la paz y la tolerancia. Ninguna conquista se puede edificar sobre la violencia. Como judío deberías ser más crítico con los radicales y asesinos que gobiernan Israel, por tu propio bien y el de tu pueblo.
Re: Últimos días de Auschwitz, la realidad supera la ficción más macabra
25 gen 2005
Los comunistas siguen siendo antisemitas , los nazis siguen campado y la Europa tolerante exige a los demás lo que ella nunca fue. Ojalá Europa fuera tan tolerante como lo es Israel con el terrorismo y con cinco guerras lanzadas contra ella para su exterminio.
al "tranquil" olvidate del pueblo judío y piensa en el tuyo que falta te hace. el día que aprendais un poco de vuestra propia historia y de vuestras salvajadas.
"I won't lie down and take the insults"
25 gen 2005
"I won't lie down and take the insults"
"Not only does the '6 Million' figure become more untenable but the numbers of the Holocaust industry are rapidly approaching those of Holocaust deniers."
The Holocaust Industry, page 127
NORMAN Finkelstein is the nearest you can get to a Jewish heretic. He is a Jew but an anti-Zionist; the son of Holocaust survivors but a ceaseless critic of what he terms "the Holocaust industry"; a left-wing historian whose views are often praised by revisionist right-wingers such as David Irving.
He is a pugilist by inclination, never missing an opportunity to fire insults at his enemies among Jewish organisations in the US and Israel.
They, it must be said, are not slow to respond in kind. Insults flew within minutes when Finkelstein appeared recently with an Israeli government spokesman on RTE Radio 1's Morning Ireland, and Cathal Mac Coille, the presenter, had to call the two off each other and beg for calm. "You're supposed to lie down and take the insults, and I'm not going to do it," Finkelstein says. "The level of arrogance of these people just boggles the mind."
He believes Jewish organisations are "huckstering" the Holocaust by extracting huge sums in compensation that never get to the survivors. "What they have done, by turning the central tragedy of Jews in the 20th century into a weapon for shaking down people for money is pretty disgusting; it's wretched." He denounces some of the campaigns for reparations against Swiss banks and claims that more than $20 billion (E17.5 billion) has been collected in compensation claims arising from the Holocaust.
Because he is Jewish, Finkelstein gets away with the kind of language others would never be allowed to use. He accuses Jewish organisations, for example, of conducting themselves "like a caricature from Der Sturmer", the notorious Jew-baiting magazine of the Nazis [see samples on the right]. He repeatedly refers to the organisations as "crooks" and has even called Elie Wiesel, the Holocaust survivor who won the Nobel Peace Prize in 1986, the "resident clown" of the Holocaust circus.
The roots of his anger lie in his parents' experience. Finkelstein's father survived the Warsaw ghetto and Auschwitz concentration camp; his mother lived in the ghetto and ended up in Majdanek camp. He describes both as confirmed atheists.
His father received compensation from the German government. "I still remember the blue envelopes that came in every month. At the end of his life he was getting $600 a month, or a grand total of about $250,000. Even though there was no love lost between my father and the Germans - he hated them all - there was never any complaint about the money. The Germans were always very competent and efficient."
In contrast, his mother's compensation was channelled through American Jewish organisations. "Even though they went through the same experiences, she got a grand total of $3,000 and no pension. That's what you get from Jewish organisations."
THE line he takes on the Israel-Palestine conflict is similarly controversial, at least within his community. "A colossal wrong has been inflicted on the Palestinians, and no amount of rationalisation can justify that. There are possibilities for peace, but the Israeli elite won't allow them to happen."
Finkelstein's latest book, a second edition of Image And Reality Of The Israel-Palestine Conflict, is a scholarly attempt to undermine the popular image of Israel and its dispute with the Palestinians. He situates the creation of Israel firmly in the colonial tradition and seeks to debunk writers who claim the Palestinians never existed historically.
He compares Israel's treatment of the Palestinians to apartheid South Africa's attitude to its blacks or US settlers' view of native Americans.
"All these settlers used the same language. What was left out of the picture was that there were people living there before they arrived. We were told there was a wilderness, that it was virgin land and that every once in a while there were these savages, slightly above the level of the fauna, who would attack the settlers."
A New Yorker by birth, Finkelstein admits he has very little direct experience of Israel, although he has visited the occupied territories more than 20 times. "When I'm there no one even cares less that I'm Jewish. In the first year I was a novelty; by the third or fourth it was just, hey, Norman's back."
So is he, along with other solidarity workers who spend time with Palestinians but enjoy freedom of speech and personal security back home in the West, just a meddler? "I don't want to be there. I'm a complete coward. My hat comes off to those young people who work in difficult circumstances, who help Palestinians dig a well or who come to aid of people who are being shot at. If that's meddling, I say we need a lot more meddling in the world."
Asked if Israel can be considered a democracy, he responds: "Was South Africa a democracy in the old days? It was a democracy for whites, for the 'superior people'. Similarly, Israel, for the larger part of its history, has been a society where half the population has all the rights and half the population has none."
But what about the democratic rights of Palestinians under Yasser Arafat? "How can you have a democracy under occupation? People there have no rights without the approval of Israel. How democratic is Alcatraz? Or a concentration camp?"
There is a solution, he insists. "I don't think the way out is so complicated. People constantly try to shroud the Israeli-Palestinian conflict in all kinds of mystification. They say it's about ancient enmities, it's about the Bible or religion or it's about the clash of cultures. But when you go to live there you see it's not complicated at all. The fact is that there's a military occupation, and that has to end." And then what? "Then you hope Palestinians and Israelis will live together in peace."
Although Finkelstein enjoys the security of being a US citizen, he has paid a price for his views. His four books have been popular successes in Europe - The Holocaust Industry sold 130,000 copies in Germany in three weeks - but in the US he has been shunned and his books have been savaged.
The New York Times, he once commented, gave a more hostile review to The Holocaust Industry than it did to Hitler's Mein Kampf. This clearly rankled, and he returns to it. "I don't want to play the martyr, but if you look at my history I didn't make out so well. I didn't get the headlines. I'm in exile in [DePaul University in] Chicago because I was thrown out of every [university] school in New York.
"I'm not happy to be in Chicago. I want to be at home. That's why I keep an apartment there. I'm still praying for a miracle. I've had a hard time."
Re: Últimos días de Auschwitz, la realidad supera la ficción más macabra
25 gen 2005
es vergonzoso que hay gente que es incapaz de leer un homenaje a las victimas de la máquinaria de exterminio del nazismo, sin sacar el tema palestina. se ve que las victimas del holocausto les importan una mierda.
Re: Últimos días de Auschwitz, la realidad supera la ficción más macabra
25 gen 2005
acaso lo dudabas geek ? yo no lo he dudado nuca, lo triste es que venga desde la izquierda , hoy grandes valedores del negacionismo y alidaos de los nazis en us marginalidad ante lo que llaman imperio
Re: Últimos días de Auschwitz, la realidad supera la ficción más macabra
25 gen 2005
Negacionismo el vuestro asesinos sionistas,que aprobais el genocidio del Pueblo Palestino.
Negacionismo el vuestro neonazis, que negais la existencia de miles de víctimas,despues de haberles robado su Tierra.
Racistas vosotros que negais hasta el derecho a respirar a los verdaderos propietarios de Palestina.
¿Holocausto? lo estais repitiendo,sin respetar a aquellas v´ctimas de Hitler que hoy día os maldecirían por haberos convertido en imitadores de sus verdugos.
No teneis ni memoria ni vergüenza !
Re: Últimos días de Auschwitz, la realidad supera la ficción más macabra
26 gen 2005
¿¿Como explicar que hasta 1991 en Austzwich hubiesen muerto oficialmente 4 millones de judios, y a partir de este año oficialmente muriesen en este campo 1 millón de personas en total??
¿¿Como explicar que una de las principales pruebas del del genocidio en Austzwich sean las declaraciones de Rudolf Höss en que afirmaba que habían asesinado a 2,5 millones de personas y otro medio millón había muerto por hambres y enfermedades??

¿Es que todo el mundo ve normal esto? ¿Nadie se pregunta si no dicen la verdad??...
Re: Últimos días de Auschwitz, la realidad supera la ficción más macabra
26 gen 2005
que te parece dar fuentes de tus afirmaciones? no sea que lo leiste en paginas revisionistas?

revisionistas fuera de indymedia!

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