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Notícies :: corrupció i poder
Lo que el Rey Juan Carlos no verá en su visita a Marruecos.
09 gen 2005
El padre de Mohamed VI, que el 17 de enero recibe al monarca español, torturó e hizo desaparecer a miles de opositores

Por Juan Carlos de la Cal
El Mundo
09/01/05, 10.31 horas
Le llaman los años del plomo. Y en Marruecos plomo quiere decir balas, torturas, desaparecidos, represión, fosas comunes y asesinatos indiscriminados. Son 43 años -desde la independencia del país, en 1956, hasta la muerte de Hasán II, en 1999- de un infierno brutal que han padecido todos los pueblos y estamentos sociales del país vecino: estudiantes, militantes izquierdistas, militares, rifeños, saharauis, islamistas, rebeldes sin causa...

O sea: los años que abarcan el reinado del abuelo y, sobre todo, del padre del actual monarca y comendador de los creyentes del reino alauita. Una dinastía que siempre ha presumido de su hermanamiento con la Casa Real española y que los próximos días 17, 18 y 19 recibirá a nuestros reyes, en viaje oficial, a bombo y platillo.

Más allá de la política de Estado, y de los grandilocuentes discursos, nuestros soberanos se van a encontrar con un Marruecos distinto, donde el miedo parece dejar paso a la esperanza y donde revisar el sangriento pasado se ha convertido en una forma de exorcizar los demonios acumulados sin sonrojo por un régimen tiránico y medieval.

Y lo más sorprendente es que ha sido el propio Mohamed VI el que, en un gesto inaudito, ha quitado la mordaza que oprimía a sus súbditos permitiéndoles decir en directo las barbaridades cometidas bajo el reinado de su padre.

Fue él quién creó, a principios de año, la Instancia Equidad y Reconciliación (IER), organismo encargado de sacar a la luz la verdad sobre la represión, resarcir a las víctimas y fomentar la reconciliación. Y el primer paso se dio el pasado 21 de diciembre, con la apertura del proceso de confesiones públicas de las víctimas del aparato represor del Estado.

Así, en la sala de conferencias del Ministerio de Equipamiento, en Rabat, están pasando, uno tras otro, hombres y mujeres con historias muy duras que contar sobre lo que padecieron ellos y sus familias por defender su libertad. De momento ya se han presentado más de 22.000 informes y se calcula que el total de afectados supera los 60.000. Los muertos y desaparecidos son incalculables. Pero torturados han sido todos.

Por todos estos hechos, al régimen marroquí se le ha comparado muchas veces con las dictaduras de países latinoamericanos como Argentina, Guatemala o Chile, donde la represión, la tortura y los desaparecidos formaban parte de la realidad cotidiana.Por paradojas de la historia, el proceso abierto por Mohamed VI coincide en el tiempo con el procesamiento final de Augusto Pinochet en Chile, un lustro después de que el juez Baltasar Garzón pidiese su extradición cuando el dictador se encontraba en Londres.

Lo que pocos saben es que el magistrado español tuvo en su mano también el procesamiento de Hassán II a raíz de la demanda presentada en la época por el abogado madrileño Francisco Fernández Goberna contra él «por genocidio y un delito continuado contra los derechos humanos del pueblo saharaui».

Garzón, entonces, archivó la denuncia amparándose en la inmunidad del rey alauita por su calidad de jefe de Estado. Goberna incluyó en su escrito una lista detallada con 120 ciudadanos saharauis desaparecidos y de los que nunca más se ha sabido nada. Por hechos así, muchos opositores marroquíes llegaron a bautizar en secreto al fallecido tirano como el Pinochet del Estrecho.

Ahora, probablemente Mohamed VI no les contará a los Reyes de España a su paso Marraquech, Rabat, Tetuán y Tánger que durante el reinado de su padre a Fatima le desapareció su marido y hoy, 30 años después, aún anda pidiendo que le devuelvan su cadáver.Pide lo mismo L'absi: el cuerpo de su hijo asesinado hace dos décadas.

Tampoco el anfitrión presentará a don Juan Carlos a hombres como a Morjane, con problemas físicos de todo tipo tras haber padecido el horroroso ritual de tortura marroquí durante los años que estuvo en la cárcel por repartir panfletos subversivos en la universidad.

Los monarcas tampoco tendrán tiempo de conectar la televisión pública marroquí donde se transmiten las declaraciones en directo de todos ellos; en los resúmenes de prensa no estarán las portadas de los periódicos con titulares como Testimonios del apocalipsis, 50 años de pesadilla... Y nadie les recordará la gran amistad que ligó a ambos reinados mientras Hasán II vivía y gobernaba el país de forma tiránica. Pero la gente habla y habla...

Aunque con una condición: no pueden pronunciar el nombre de sus torturadores, muchos de ellos todavía activos en importantes cargos oficiales. La consecuencia de esto es que la mayoría de los verdugos quedará impune. Verdad y reconciliación sí, pero ¿hay justicia sin culpables? Es significativo que ninguno de los denunciantes se haya atrevido a nombrar al principal causante de sus desgracias, el propio Hasán II, aplicando el eufemismo de el régimen bajo la premisa inducida de que «no es algo personal».

CRONICA escuchó la voz de las víctimas en la sede del Foro por la Verdad y la Justicia, una de las organizaciones integrantes de la IER, en Casablanca. Su presidenta, Khadija Rouissi, de 41 años, sufrió en 1964 la desaparición de su hermano mayor, Abdelhak, universitario, durante la primera gran represión de Hasán II contra movimientos izquierdistas. Nunca más se supo de él.

CARAVANA DE VICTIMAS

Abdelhak es uno de los 280 desaparecidos oficiales del régimen marroquí, aunque las agrupaciones pro derechos humanos multiplican la cifra por 10. Fue Khadija, siguiendo el ejemplo de las mujeres de la Plaza de Mayo de Buenos Aires, quien juntó a todas las madres, hermanas, esposas e hijas de las víctimas y se las llevó en interminables caravanas a manifestarse frente a las prisiones -secretas y no tan secretas- donde desaparecieron.

«Ese fue el primer paso, en los 80, antes de que la presión internacional nos ayudara. Con anterioridad todos tenían miedo de todos. Ahora no. Para nosotras, nuestros parientes están vivos hasta que no se demuestre lo contrario. Aunque somos conscientes de que en Marruecos estar desaparecido es lo mismo que estar muerto. Lo que queremos saber es el cómo y el porqué desaparecieron.Y evitar que esto vuelva a ocurrir. Es necesario reparar a las familias, juzgar a los culpables y que todos los órganos secretos del país sean controlados por el Parlamento», opina Khadija.

Wazzam Belkalim era un miembro de la policía rural marroquí cuando desapareció el 17 de abril de 1973 en la zona de Ujda, cerca de la frontera con Argelia. Le llevaron a la cárcel de Kenitra y de ahí a la prisión de Temara, uno de los nichos preferidos del régimen. Fue declarado oficialmente muerto en 1994.

Su hijo Wazzan, que tenía seis años cuando lo vio por última vez, y su mujer Fátima, madre de 10 hijos, sólo piden que les devuelvan sus restos, algo fundamental para una familia musulmana a la que su religión pide honrar a sus difuntos allí donde están enterrados. Fátima fue detenida varias veces y amenazada por mandar cartas a la prensa y denunciar públicamente lo ocurrido.

Morjane Abdeltif, de 42 años, sí ha vivido para contarlo. Pertenecía a un movimiento de juventud islámica cuando fue detenido en agosto de 1983 por repartir panfletos en la universidad en los que denunciaba las masacres cometidas en 1981 por las fuerzas reales en Casablanca.

Aquel año, los pobladores de las inmensas chabolas de la ciudad tomaron la ciudad en protesta contra la subida de un 50% de los productos básicos de consumo, sobre todo el pan. Hubo más de 8.000 detenidos, decenas de jóvenes muertos en las comisarías (la mayoría asfixiados por su situación de hacinamiento), torturas, exilios, desapariciones...

Pasó tres meses en otro de esos nichos clandestinos del régimen: la cárcel de detención Derb Mulay Cherif, donde los presos recibieron el nombre de yacentes porque pasaban todo el tiempo -meses, años- acostados sobre el suelo, con ojos vendados, incomunicados y sometido a todo tipo de torturas: palizas, corrientes eléctricas, hambre, sed...

«Los verdugos piensan que la verdad viene del castigo. Por eso primero te torturan sin hacer preguntas porque creen que si dices algo sin presión estás mintiendo. Aquella cárcel es surrealista: nosotros permanecíamos en los sótanos, mientras que en los pisos de arriba vivían las familias de los guardias.

Cuando estábamos ahí abajo oíamos todo: a los niños jugando, a las parejas amándose, la televisión a la hora de la comida... Las vendas, cortadas de sacos de harina, llevaban impresas las palabras "donativo del pueblo americano" y sólo nos las podíamos quitar tres veces al día para comer. Nunca nos quitaban las esposas. Estaba prohibido hablar, moverse, o hacer pis fuera de los horarios».

«Cualquier infracción era castigada con una paliza: la popularmente conocida como falanga, que consiste en golpearte los pies con una vara durante horas. Sólo las últimas semanas antes de salir te dejaban un poco tranquilo. Tenían que dejar que las heridas de las torturas se cerrasen. Luego te obligaban a firmar un expediente reconociendo todo tipo de crímenes. Después nos llevaban al tribunal...».

Morjane fue condenado a 20 años de cárcel. Cumplió la mitad de la pena. Ahora, está enfermo del riñón -tiene que someterse a diálisis continuas-, tiene úlcera de estómago, hernia discal, reumatismo, dolores de cabeza y problemas coronarios.

Bachar Mouhssin tenía 19 años cuando unos militares le dispararon por la espalda en el centro de Casablanca en junio de 1981. Un vendedor de fruta fue a avisar a su madre de que su hijo estaba muerto en medio de la calle «con zapatos y todo». Su hermano se llevó el cadáver envuelto en una sábana a su casa. Una hora después los mismos soldados se presentaron para llevarse el cuerpo por la fuerza. Su madre, L'absi, lo vio horas después en la morgue con una cruz sobre el pecho.

Allí mismo le aconsejaron que dijera que su hijo había sido asesinado a pedradas. Aquella semana, un portavoz gubernamental anunció la muerte en los disturbios de 66 personas por esta causa, en un intento de echarles la culpa a los manifestantes. Sin embargo, las cifras mencionadas por los Comités de Lucha contra la Represión en Marruecos hablan de más de un millar de muertos, un tercio de ellos niños.

Por informaciones posteriores creen que Bachar está enterrado, junto con otras 600 víctimas de aquella revuelta popular, bajo el cemento de un campo de fútbol de los bomberos de la ciudad.«En el Registro Civil mi hijo continúa oficialmente vivo. Nos manifestamos varias veces frente a ese lugar pero no nos dejan hacer nada. Y, encima, el propio rey (Hasán II) se atrevió a aparecer en televisión diciendo que todos esos muertos eran "los mártires de la barra de pan"».

A Masrour Said, entonces un joven carpintero, le fueron a buscar seis policías a su casa. En el centro de detención le hicieron pasar por los tres primeros grados de tortura (ver recuadro en pág. 4) y pasó 13 años en cautividad. Salió en libertad gracias a la amnistía promulgada por el propio Hasán II en 1994. El año pasado recibió una indemnización de 19.000 euros del Estado.

MENU DE TORTURAS

«Aún tengo grabada la palabra nuhud (levántate) que me susurraba a la oreja mi carcelero cuando por fin conseguía dormir algo en aquellos sótanos inmundos donde estuve. Cuando oía esa palabra sabía que era para torturarme. El menú era variado: me podían dar una paliza en los pies, colgarme de un palo, asfixiarme con una palangana llena de orín, sacarme las uñas o meterme corrientes eléctricas en la boca, orejas o sexo». Hoy Masrour es coordinador de las víctimas del Foro por la Verdad y la Justicia.

Alguien a su lado cuenta el caso de un hombre, también preso en la cárcel de Derb Mulay Cherif, que de repente le liberaron tras seis meses de horror. Le hicieron coger sus cosas, le pusieron ropa limpia y le metieron en un coche para llevarle a su casa.Pero el vehículo no llegó a parar. Los guardianes se la enseñaron desde la ventanilla y, entre risas, le dijeron que nunca más la volvería a ver. Luego le llevaron de vuelta a la prisión donde pasó mucho tiempo hasta volverse prácticamente loco.

Jbiha Rahal era un activo militante del movimiento izquierdista Unión Nacional de Fuerzas Populares. Detenido, torturado año y medio en una cárcel secreta, fue condenado a 32 años. Hizo una huelga de hambre de 45 días hasta que una dolencia cardíaca a consecuencia del ayuno obligó a sus carceleros a llevarlo al hospital. El 13 de octubre de 1979 murió al caerse por una ventana.

Mostafa Meftha también era un militante izquierdista cuando fue detenido en marzo de 1977. Pasó 10 años en prisión. Ahora es un alto directivo de una asociación de empresarios en Casablanca y miembro activo de las asociaciones pro derechos humanos de Marruecos. «Este proceso es una condena para un régimen político entero, aunque no se nombre específicamente al rey. Y esperemos que sirva para que no suceda más, porque la Historia de este país es la historia de muchas oportunidades perdidas. Tuvo que caer el muro de Berlín, el apartheid, las dictaduras latinoamericanas para que por fin cambiase algo aquí. Lo importante es hacer proposiciones concretas al actual monarca para que esto no vuelva a pasar...»

TRAS LA INDEPENDENCIA

Nombrar el apellido El Manouzi en Marruecos es evocar un linaje mítico en la lucha por la libertad. Bereberes originarios del sur del país, sus antepasados resistieron más de tres décadas al avance del colonialismo francés y algunos probaron también las sibilinas técnicas de tortura de sus colonizadores. Pero lo peor llegaría con la independencia, sobre todo a partir de 1970, cuando 18 miembros de esta familia ilustre y acomodada fueron detenidos por orden directa del rey.

Uno de ellos, Moujahid Kacem el Manouzi murió en la sala de torturas delante de sus familiares. Tenía 30 años y el certificado de defunción «por causas naturales» fue firmado por un médico que acabó siendo ministro del régimen.

Un año más tarde, Ibrahim el Manouzi, comandante del ejército condecorado varias veces por su valor, fue detenido acusado de participar en una intentona golpista realizada por altos mandos militares, en 1972, cuando varios cazas trataron de derribar el avión oficial de Hasán II a su regreso a Marruecos tras un viaje a Francia.

Fue fusilado tres días más tarde sin que se demostrase su culpabilidad. Uno de sus hermanos acabó loco tras ser torturado y otros cuatro tuvieron que pedir asilo político en Francia y Holanda, donde residen.

Otro miembro de la familia, Hussein, exiliado, fue secuestrado en Túnez en 1972 por los servicios secretos marroquíes y llevado a Rabat en el mismo coche del embajador. Volvieron a tener confirmación de que seguía vivo en 1998 en un centro de detención secreto de la capital. Hoy su hermano, el doctor en medicina Abdelkrim el Manouzi, sigue moviendo cielo y tierra para saber su destino.Es el fundador y responsable del Centro de Ayuda y Orientación a las Víctimas de la Tortura, organismo que ha atendido a más de 2.000 personas desde su fundación hace 10 años.

«Es algo terrible ver día a día las consecuencias de esta política represiva, caótica y vengativa. Tenemos testimonios de personas que han pasado por cárceles secretas donde se mezclaban niños nacidos allí y viejos de 115 años. Y también poseemos un resumen de las patologías encontradas en estas víctimas a consecuencia de las torturas: traumatismos irreversibles, enfermedades infecciosas, alopecias galopantes, depresiones, pesadillas, Parkinson, accidentes vasculares cerebrales, incontinencia urinaria, disfunciones sexuales, osteoporosis, úlceras de todo tipo... Como médico he tenido el dudoso privilegio de atender a muchos de ellos y ver las consecuencias del terror que ha vivido Marruecos durante casi medio siglo», asegura Abdelkrim mientras posa con los retratos de sus familiares desaparecidos o muertos para este reportaje.

De nuevo le hacemos la misma pregunta que al resto de las víctimas: «¿Siente odio hacia Hassán II?». En ese momento calla, mira a su interlocutor a los ojos, piensa la respuesta y lanza la misma premisa ya esperada: «Lo importante es el régimen, no las personas...»

La geografía del terror se extiende por todo el país en forma de centros secretos de detención, como eufemísticamente llaman a los penales ubicados en sitios remotos, cuya existencia no es reconocida oficialmente y donde se torturaba a placer, sin la oposición de familiares molestos. El más famoso era el de Tazmamart, en el Alto Atlas, con un invierno glacial de ocho meses al año y muy cerca de la carretera que comunica con el desierto del Sahara.

Allí los presos eran metidos en calabozos de nueve metros cuadrados totalmente a oscuras, día y noche, donde el aire llegaba por 17 agujeros de 10 centímetros de diámetro perforados en la parte del muro que da al pasillo. Es decir, que la noche es constante y el recluso es incapaz de saber el tiempo que pasa fuera. Jamás salían al patio. Sólo muertos para ser enterrados en una fosa común bajo unos naranjos. Hay quien pasó allí más de 20 años.Veinte años de noche...

Uno de sus inquilinos, el capitán Abdellatif Belkebir, condenado a cuatro años de cárcel por el atentado contra Hassán II en su residencia de Sjirat, en 1971 -un grupo de suboficiales del ejército tomó el palacio durante una recepción oficial por su cumpleaños, provocando una matanza de personalidades, a la que el rey escapó milagrosamente-, describía así como era su vida allí ¡cinco años después de que presuntamente hubiese cumplido la condena!: «El preso se despierta las noches de invierno tiritando de frío y se lanza a un baile de locos para combatirlo. En verano, el calor es tan asfixiante que se ve obligado a pegar la nariz al chivato de la puerta para poder respirar. Y cuando, agotado, con el techo ardiendo, quiere buscar algún reposo en su cama de piedra, es asaltado por todas partes y sin cesar por todo género de parásitos (chinches, pulgas, mosquitos, arañas) y pérfidos escorpiones que impiden hacer cualquier movimiento espontáneo.No es posible conversar de celda a celda porque la cacofonía que provoca el hormigón es ensordecedora y los soliloquios de los presos trastornados, los aullidos, las recitaciones en voz alta del Corán, las llamadas de socorro de los agonizantes transforma el edificio en un auténtico carnaval».

Las víctimas de Tazmamart estaban vestidas con harapos, iban descalzos, con el pelo y la barba sin cortar y se movían a cuatro patas por su habitáculo. Las lluvias del otoño transformaban las celdas en un pantano y la comida era apestosa. Se calcula que 58 presos, relacionados con aquella intentona golpista, pasaron encerrados allí entre 1973 y 1991. Treinta de ellos murieron.Sus familiares también están entre los que reclaman justicia ahora.

LOS EMPAREDADOS

La odisea de los emparedados de Tazmamart es mencionada en varios libros: Nuestro amigo el rey, del periodista francés Gilles Perrault, todavía prohibido en Marruecos, y Sufrieron por la luz, de Tahar Ben Jellounk. Entre las cartas que consiguieron enviar, no se sabe cómo, a sus familiares y recogidas en estas obras por los autores, se lee una frase que define por sí sola este monumento al horror: «Somos los antihombres, un poco más que ratas, un poco menos que hombres».

El Tazmamart actual es, sin embargo, la cárcel de Temara, situada en una alegre población costera a 15 kilómetros de Rabat. Le llaman el Abu Graib de Marruecos porque, según denuncias de organizaciones como Amnistía Internacional (AI), se ha convertido en «una cámara de tortura al margen de la ley donde las fuerzas de seguridad interrogan a los sospechosos de pertenecer a las corrientes salafistas».La mayoría de los detenidos pasan allí entre una semana y varios meses antes de ser llevados ante la presencia de un juez.

En su último informe, AI denuncia idénticas prácticas de tortura a las cometidas en los años de plomo. Precisamente, el proceso de revisión del pasado ha abierto un debate sobre los actuales abusos a islamistas que se están cometiendo desde los atentados de Casablanca, el 16 de mayo de 2003. Desde entonces han sido detenidas unas 7.000 personas, según estimaciones oficiosas (oficialmente, unas 2.000). Por lo tanto, hay más de 4.000 personas que no existen en ningún registro, una situación demasiado parecida a lo que ahora se denuncia en el macroproceso de Rabat.

LOS CASOS SAHARAUIS

Otro caso sangrante es el que sufren los presos saharauis en la llamada cárcel negra de El Aaiún. Sin mucha variación con lo relatado, este centro de detención también plantea hasta qué punto será necesario actualizar el proceso de denuncia a los tiempos actuales, a pesar de que el acuerdo tácito entre víctimas y verdugos sólo abarque hasta la entronización del hoy rey.

Según las asociaciones de Derechos Humanos internacionales «los detenidos políticos saharauis están siendo torturados y condenados a morir lentamente lejos de la atención de sus defensores, lo que proporciona a sus verdugos la impunidad que otorga el silencio total».

La situación sanitaria es especialmente grave en esta cárcel.El agua allí es casi inexistente y la poca que hay para beber -está en medio del desierto- no es potable. El ejemplo de un preso llamado Boutouala Emabrek-lehsen Omar es significativo: «Como consecuencia de las palizas y todos los tipos de tortura que le fueron aplicadas en la sede de la policía judicial de El Aaiún, sufre una rara enfermedad en sus manos que nadie sabe descifrar porque no ha sido nunca visto por ningún médico.

Sus manos están paralizadas y llenas de pus. Ultimamente, le han empezado a salir gusanos en la mano derecha. No recibe tratamiento alguno...», se recoge en el informe de una de estas asociaciones.

Marruecos se debate en su propia encrucijada. Para unos, la difusión de todas estas noticias es algo inaudito en el mundo árabe. Otros opinan que el lavado de cara del régimen pretende poder seguir con la represión actual hacia los barbudos sin problemas. Pero, por lo menos, ya se puede hablar con libertad de los años del plomo de la época de Hasán II, amigo y hermano de don Juan Carlos...
Mira també:
http://www.periodistadigital.com/secciones/mundo/object.php?o=41522

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Comentaris

Re: Lo que el Rey Juan Carlos no verá en su visita a Marruecos.
10 gen 2005
seguro qe tampoco ira su magextat a ver las plantaciones de cannabis del riff, con las qe se intoxica nuestra juventud...

pero tranquilos ira a cazar muflones o alguna especie protegida
Re: Lo que el Rey Juan Carlos no verá en su visita a Marruecos.
10 gen 2005
A ver si queda por alli
Re: Lo que el Rey Juan Carlos no verá en su visita a Marruecos.
11 gen 2005
sin con lo le zurra a la conyac no se va a entera de na de na de naaa!!!!

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