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Anàlisi :: corrupció i poder : educació i societat : sanitat
UAB e intoxicación
27 des 2004
UAB E INTOXICACIÓN
Me dirijo a este canal como familiar de una de las personas intoxicadas por ingestión de atún corrupto que el bar de letras de la UAB estuvo despachando en bocadillos durante el día tres de este noviembre.
Quiero denunciar desde estas líneas tanto la actitud y el proceder de la empresa que regenta el bar, como el de la universidad, que dista de comportarse con los estudiantes como cabría esperar de una institución que gusta autodefinirse de âpúblicaâ?.
El 3 de noviembre desde el mediodía se suceden las visitas, al dispensario universitario, de personas con síntomas como hipertermia, taquicardias, fuerte sensación de acaloramiento, manchas rojas en cara y extremidades, inflamación de la laringe y dificultades respiratorias serias. Añadir a ello el miedo y la angustia fruto de desconocer a qué era debido lo que se estaba padeciendo y hasta dónde iba a llegar. Luego sabríamos que otra persona, residente cerca de la facultad, había optado por desplazarse a un centro de salud de su localidad.
Todas ellas tienen en común haber comido todo o parte de esos bocadillos, y el diagnóstico médico es claro: intoxicación por atún en mal estado.
Esa misma tarde nos reunimos con la Delegada general de la UAB para los estudiantes, quien nos disuade de reaccionar por nuestra cuenta âdice que para evitarnos gastos y jaquecas-, proponiendo la gestión total universitaria de las respuestas a emprender. A esos efectos, asegura que nos llamará y nos reuniremos lo antes posible. Todavía estamos esperando esa llamada.
Para lo que sí nos llama varios días despúes es con vistas a confirmar desde la universidad la âtesisâ? de la empresa (alergia en personas intolerantes al atún), tras haber sometido el atún a análisis de laboratorio en la facultad de Veterinaria. Al día siguiente, las paredes de Letras albergan carteles con el sello oficial de la UAB exponiendo esta versión de lo ocurrido, a lo que respondemos yuxtaponiendo copias del diagnóstico médico de varios intoxicados. Hasta el momento, la UAB no ha mostrado documento alguno donde se reflejen las conclusiones analíticas del laboratorio al que âasegura- recurrió.
La mañana posterior (martes) a nuestra exhibición de diagnósticos, tanto unos como otros carteles habían sido arrancados sin excepción por el Servicio de limpieza (cosa que no ocurre nunca con carteles expuestos hasta que llega el viernes).
Documento de laboratorio no mostró la universidad como respuesta a los diagnósticos que decidimos hacer públicos. En cambio, llamaron al dispensario médico invitándole a la suscripción del análisis (atún en perfectas condiciones de comestibilidad). Los médicos se reafirman, en esta misma conversación telefónica, en su diagnóstico emitido.
Parece que en la tarea empresarial e institucional de negar que hubiera intoxicación, las pruebas clínicas practicadas no cuentan (ya sabemos, aquello de que âlos médicos también se equivocanâ?). De todos modos, nos sorprende que un atún carente de irregularidades provoque un cuadro sintomatológico tan calcado al que la toxicología médica describe cuando tipifica una clase sui generis de intoxicación âpor corrupción de este alimento-, una de cuyas peculiaridades es, por cierto, poder provocar la muerte por parálisis cardíaca.
Nos sorprende también que el laboratorio no detecte alteración alguna en la partida de atún analizada (que, suponemos, pertenece a cualquiera de los bocadillos que debieron ser retirados tan pronto como el bar de Letras tuvo noticia médica de los efectos que provocaban), cuando todos los afectados coinciden en el extraño y desagradable sabor que encontraron al atún, y que hizo a algunos dejar el bocadillo tras los primeros bocados. Quiero advertir de la demagogia terminológica que emplean la UAB y la empresa cuando repiten âalergiaâ?, ya que las intoxicaciones son efectivamente una reacción alérgica, pero la causa de esta âalergiaâ?, contra lo que UAB y empresa sostienen, no estriba en las especificidades orgánicas comunes a los afectados, que serían intolerantes a un determinado alimento y habrían cometido la temeridad de no conocer su propio cuerpo.
Finalmente, nos sorprendería esta perseverancia de la UAB por corroborar la posición empresarial de un atún impoluto (personas que llevan toda su vida comiendo este alimento de repente se revelan orgánicamente intolerantes, y ello en un contexto de bar de facultad; si la proporción poblacional de intolerancia se aproximara siquiera ligeramente a la que, nos dicen, se reveló ese día entre los alumnos, el atún sería un veneno y no un alimento), si no fuera por las complicidades que unen ambas esferas y por los intereses de la universidad por la preservación de la imagen de la empresa y su âservicioâ?, que parecen desplazar a un segundo plano las consideraciones sobre el bienestar y la salud de los estudiantes. Haré, a este respecto, una somera exposición:

En la charla con la delegada de la UAB para estudiantes, ésta basa su postura en que el comedor de Letras corre a cargo de una empresa externa âde modo que la universidad no ha tenido nada que ver con lo ocurrido- pero que, aún así, âLa UAB tiene el deber de garantizar el bienestar y la salud de sus estudiantesâ?: textual. Es decir, sitúa a la universidad fuera de la órbita de âculpabilidadâ? activa en el episodio de intoxicación.
¡A buenas horas!; nosotros consideramos que âgarantizar el bienestar... (etc.)â? debería significar ante todo ocuparse de evitar la creación de circunstancias que supongan añadir riesgo de perjuicio al âbienestar y la salud...â?. Ello en lugar de realizar políticas que fomentan riesgo para reaccionar luego compasivamente âacordándose entonces de ese âdeberâ?- cuando ya ha sucedido lo que, al fin y al cabo, podía ocurrir tarde o temprano dadas unas condiciones de posibilidad consentidas o, incluso âcomo es el caso-, activamente producidas.
Pues bien: en realidad, la intoxicación no ha sido âpor supuesto- un accidente imprevisible fortuíto. Pero tampoco la negligencia de una empresa ajena contratada que se hubiera burlado de la UAB y su confianza. La intoxicación es la consecuencia extrema de un modelo de restauración âbasado en la contratación de empresas externas- por el que la UAB lleva optando durante años y que ha sido cuestionado por casi todos (no así por los cargos decisores de la universidad con poder de reemplazarlo).
En lugar de responder a la necesidad estudiantil de alimentación ofreciendo unos comedores asequibles y de calidad, la institución contrata empresas de capital privado. Que la esencia de la actividad empresarial es la persecución de beneficio, lo que implica en ocasiones la despreocupación por las consecuencias derivadas de esa lógica, no es un secreto para nadie (y suponemos que tampoco lo es para los responsables de la universidad).
Mediante esta opción, la UAB no sólo ahorra el presupuesto que de otro modo debería invertir ây que procede de los bolsillos de los matriculados-, sino que ingresa dinero participando de los beneficios de las empresas. En su elección de estas empresas provisoras de la alimentación, se atiene a criterios de rentabilidad económica y en absoluto a criterios cualitativos de servicio. En otras palabras: nos están dando negocio por servicio, y el coste corre de nuestra cuenta: mala calidad de la comida y no sólo en aspectos gustativos, escasez en los platos, ultra-explotación de los trabajadores, precios abusivos (el extremo grotesco: ¡te cobran por aliñarte la ensalada!, ¡75 céntimos por un pedazo de pan!), etc. ¿No será, esta universidad que protestó contra la LOU invocando la lucha contra la mercantilización de la enseñanza, ella misma una empresa con ánimo de lucro?.
Aunque llevamos años clamando contra esta situación y advirtiendo de todos sus posibles efectos, la universidad ha hecho oídos sordos y ha mantenido el modelo contra la voluntad de los estudiantes y en perjuicio de estos (parece que no importamos tanto a esta universidad como nos cuenta su vestimenta propagandística).
Pero es más: la universidad no se ha detenido en desatender, desconsiderarnos y hacer la suya mientras âno pasaba nadaâ?. Ni siquiera en este preciso momento, cuando las consecuencias han llegado a mayores y han podido devenir tragedia, la universidad ha hecho gesto alguno de replantear sus decisiones. Muy al contrario, está cerrando filas en torno a la empresa, no sea que entre miedo a los estudiantes âo al menos se les refuerce la conciencia por lo que puedan estar ingiriendo-, el consumo disminuya y se resientan los beneficios.
La UAB extrae sobrado dinero de âsusâ? estudiantes como para sufragar los comedores dignos que merecemos y a unos importes acordes tanto a lo que âaportamosâ? (en matrículas astronómicas, tasas, fotocopias, dossieres, créditos repetidos que debemos pagar un 50% más caro sobre su precio, etc.) como al poder adquisitivo que suele corresponderse a la situación estudiantil. Si con ello pierde dinero, lo compensa con otros ingresos. Cumplir con el compromiso institucional de asistir adecuadamente en la alimentación de los alumnos y el personal que lo requiere, aunque atender a esta responsabilidad llegara a suponer una prestación deficitaria (circunstancia improbable, dado lo que la UAB hace pagar a sus estudiantes por cualquier gestión o recurso). Esta es, al menos, la lógica de âlo públicoâ? según los criterios definitorios explícitos que gustan emplear sus propios defensores, y no la de beneficiarse a costa de los recursos de quienes más contribuyen a financiarla, cuando no a costa de su salud.

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Comentaris

Re: UAB e intoxicación
27 des 2004
pos puc reafirmar k el menjar al bar d lletres a baixat d calitat i d servei. (i no se si tb d preu, pero diria k d moment es manté, això si es manté un preu per a res barat). Estuidu a una altra facultat, per tant no vai massa al bar d leltres, antigament pq hi havia estrella mentre k a altre shi havia aguila (puaj jejej), pero en general a tots els bars el menjar no es k sigui abundant i els preus no son pas barats.

K costaria per part d la uab portar ells mateixos el tema dels bars? preus més asequibles i tot més controlat, això si, per a algú menys rentabilitat economica. No som estudiants, som consumidors (això s'ho asseguren fent horaris imposibles d cumplir només pel matí o tarda sense saltarte clases, i per tant havente d kdar a dinar per collons).

Entre això i Bolonya, per al k el rector i els seus no tenen cap problema en fer xerrades i gastar el temps intentant inculcarnos k es bo i k ens agradi o no ens ho menjarem amb patates (cares i privades per suposat), la universitat publica se'n va a la merda.
Re: UAB e intoxicación
28 des 2004
molts dels bars de la UAB són de propietat del Sr.Gaspar (mr.Burns)
Re: UAB e intoxicación
28 des 2004
On estan les paelles del Quiñonero? On esta el greix suat caient sobre les planxes? On està aquella olor de bar bar?
Ens treuen les olors i la vida i ho converteixen tot en anuncis de compromeses: sense coLor ni olor!
Visca els baretos, QUIÑONERO IN MEMORIAM!
Re: UAB e intoxicación
28 des 2004
Fa temps va haver-hi un projecte per recuperar els bars de les diferents facultats i convertir-los en cooperatives gestionades pels estudiants i els treballadors. Va ser una idea que no va poder sortir endavant per diferents qüestions, però crec que és una idea que podria solucionar moltes de les deficiències apart de donar un servei barat, de qualitat i realment popular que redundès únicament en els seus treballadors. Potser valdria la pena recuperar aquesta idea, tot i que cal molt de curro i dedicació perque triomfes. Anims i repensem les estructures marcades des del sistema.
Re: UAB e intoxicación
28 des 2004
el mateix va provar-se de fer, així com amb les copisteries, però va quedar-se en idea. Les idees hi són, ara ens falta canalitzar-les!
Sindicat