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Anàlisi :: antifeixisme
A dónde va el PP: la prensa burguesa afila los colmillos
21 nov 2004
La Vanguardia burguesa publica hoy un significativo artículo titulado "La Guerra religiosa": toda una advertencia de la reacción nacionalcatólica contra la "deriva" social de Zapatero.
CUADERNO DE MADRID
La guerra religiosa vista desde la Casa de Campo

EL VATICANO apoya la campaña eclesial contra el PSOE, atónito ante la deriva escandinava del antiguo bastión de la Contrarreforma

ENRIC JULIANA - 21/11/2004 / La Vanguardia Digital


Una manera de conocer Madrid es subirse al teleférico que une el paseo Pintor Rosales con el cerro de las �nimas de la Casa de Campo. Es una bonita excursión aérea, especialmente instructiva si se va con niños. A mano izquierda, la estación del Norte, y más allá, el palacio Real; mira, mira, el río Manzanares, qué limpio y ordenado, tan pulcro que parece un canal holandés (claro, en Madrid no hay playa). Luego vienen los pinares de la Casa de Campo. El coto de los reyes que el franquismo socializó. Inmenso bosque en la ciudad. Casi te imaginas a Carlos III al frente de una partida de caza, como lo pintó Goya, la casaca azulada, la escopeta larga, el perro y aquella sonrisa medio burlona, cuando la voz de una niña te devuelve a la metropolitana realidad: "Mira, mira, ahí abajo hay una señora desnuda, mira, mira, otra... ¿Por qué van desnudas?".

No van en cueros, pero poco les falta. Son algunas de las mujeres africanas que al atardecer se prostituyen cerca de una de las zonas de merienda. Son las gacelas que el alcalde Alberto Ruiz-Gallardón y la concejal Ana Botella no acaban de controlar -como diría el sector relamido y guasón del periodismo madrileño, sólo agresivo con quien quiere serlo.O con quien le ordenan que lo sea-. Distraes a la niña como puedes y por un momento piensas en Barcelona, donde también hay prostitución y escenas escabrosas, como las que se han denunciado recientemente en algunas calles de Ciutat Vella.

Pero basta un reportaje en la televisión o una carta al director de La Vanguardia para que Barcelona se agite y parezca indignada, de esa manera tan suya, tan estética. Moralina catalana si se quiere, pero un estado de opinión activo y horizontal.

En Madrid, los estados de ánimo se fabrican más en los despachos. Todo movimiento de fondo suele tener su carril. Esta palabra, ya incorporada a la jerga periodística -"voy de carril",suele decirse cuando las cosas discurren según lo previsto-, es muy útil para entender mejor cómo funciona una ciudad en la que todas las cosas medianamente importantes parecen venir de arriba. Madrid verticalmente eficaz, hasta que un día estalla un tumulto, un motín o un 13 de marzo.

Por lo tanto, no hay que extrañarse de que entre las inquietudes que estos días expresa, con verbo ardiente, el arzobispado madrileño, erigido en voz principal de la Iglesia católica española, no figuren las nuevas estampas costumbristas de la municipal Casa de Campo. Una cosa es la familia y otra, las escenas familiares. Una cosa es la vida y sus vértigos y otra, los carriles por los que se decide que discurra el debate ideológico, hoy más vivo que nunca.

El conflicto entre la Iglesia y el Gobierno socialista va en serio. El Vaticano o, como dicen en Roma, il terzo piano,la tercera planta del palacio Apostólico, donde mora la secretaría de Estado de la Santa Sede, ha dado su visto bueno a una estrategia de confrontación que podría desembocar antes de Navidad en una gran manifestación católica por las calles de Madrid. Objetivo principal, aunque no único: no retroceder de la época Aznar a la casilla de partida de 1982.

Roma no se resigna a ver malograda la magistral operación que significó el último viaje del Papa a España, en la primavera del 2003, cuando el Gobierno del PP afrontaba las elecciones municipales lastrado por la guerra de Iraq. Juan Pablo II podía haber abollado la carrocería del centroderecha español con su intenso mensaje pacifista. No hubo amonestación. Y Aznar, pese a que las encuestas siempre han recomendado al PP que evite el clericalismo en un país en el que la jerarquía eclesiástica sólo inspira confianza al 34% de la población, cedió al episcopado la ansiada asignatura evaluable de Religión.

Pero el malestar es más de fondo. La cúpula de la Iglesia ve en el giro escandinavo del Gobierno Zapatero (aceleración de los trá-mites de divorcio, legalización de los matrimonios gay...) el signo esencial de una Europa que hace más de treinta años que se le escapa de las manos. En el interior del catolicismo hay angustia y ganan peso las voces que identifican diálogo con claudicación. Voces como la del escritor italiano Vittorio Messori, eficaz articulista del Corriere della Sera,fascinadas por el vigor religioso de la corriente neoconservadora que ha tomado el mando en Estados Unidos. Sostiene Messori: "El catolicismo necesita un antagonista para redescubrir su propia identidad y su propia fuerza".

Habrá que volver pronto al teleférico de Pintor Rosales y observar diciembre desde el aire. Mira, mira cómo chocan los trenes. Aunque, a lo mejor, frenan a tiempo.

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