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El caso es desestabilizar...
06 nov 2004
La noticia es: "La Conferencia Episcopal dio ayer el primer paso en su campaña de movilización de conciencias contra la eutanasia".
Y es que los obispos se han constituido decididamente, sin tapujos, en el brazo espiritual del partido en la oposición; como los evangélicos, por las noticias que nos llegan, son los mejores cooperantes del emperador...

No distorsiono, ni exagero. Basta echar un poco la mirada atrás para recordar cuántas ocasiones tuvieron para promover "campañas de movilización de conciencias" que sin embargo no emprendieron; ello, aun habiéndoselo podido agradecer vivamente no sólo esta sociedad, sino el mundo entero. Por ejemplo, cuando unos infames gobernantes, reforzados ahora en su puesto y apoyados en aquel entonces por el presidente anterior de este país, anunciaron con mucha antelación una guerra de ostensible pillaje, criminal por alevosa y asimétrica, injusta por falta de causa, ilegítima por absurdamente anticipatoria y artificiosa en fin por estar envuelta y basada en una sarta de mentiras. ¿Por qué entonces no iniciaron los obispos una perentoria campaña de âmovilización de concienciasâ? para ver si éramos capaces entre todos de parar los pies al mismísimo diablo?

Pues siendo entonces tanta la impostura, tan burdos los intentos de justificación moral, tanto el sufrimiento y tan ultrajante la reacción criminógena por parte del país más poderoso de la tierra; siendo al propio tiempo tan perversamente transguesora esa sed de venganza, ciega y desproporcionada a la luz del Nuevo Testamento, de la razón natural, del sentido común y de la sensibilidad más elemental, los obispos nada dijeron y ninguna campaña de âmovilización de concienciasâ? se les ocurrió al efecto. Se limitaron a instruir a sus párrocos para que susurrasen entre dientes, en los templos y entre su grey, la necia y pueril consigna de que "¡nadie quiere la guerra!": el mejor modo de que la considerásemos âinevitableâ? pero sobre todo âlógicaâ?.

Y es ahora, justo cuando están los socialistas y frente a las reformas que propulsa el líder de este partido, cuando ellos, los obispos, con sus vestiduras rasgadas, se han decidido por fin traernos "a pie de calle su visión católica". Meritorio y audaz gesto éste, el suyo, de llevar a la calle vocingleramente tan católica visión de las cosas. Pero que sepan que ya sabemos en qué consiste esa su visión. Consiste, en negar al individuo la muerte según su conciencia personal. Pero después de haber consentido, otorgando bellacamente con su silencio el alineamiento del anterior presidente al lado de aquellos energúmenos, y sabiendo que aquella alianza era para causar la muerte masiva y sin sentido de seres humanos, y que esa muerte masiva era lo que les permitiría apoderarse de su petróleo en lejanas tierras... con las Enron y las Haliburton al fondo.

Es decir, la muerte bella âpues no otra cosa es la eutanasiaâ no les gusta a estos egregios ciudadanos católicos. La muerte que merecemos, para ellos, ha de ser preferiblemente a lo bestia. Sea entre tubos e ingenios que produzcan el ridículo retraso contado en horas del inevitable desenlace, sea la muerte brutal y generalizada sobre todo a través de guerras de conquista que nos recuerdan con indignación aquellas atroces y exterminadoras que ya los piadosos cristianos de entonces llevaban a América para llenar de oro las arcas de sus reyes, nobles y mercaderes.

Esto es, les preocupa a los obispos que "los enfermos puedan ser eliminados sin su consentimiento", pero faltaría más que hubiéramos de pedírselo a los ya centenares de miles que van muriendo en el transcurso de la ocupación ladrona de dos países asiáticos. ¡Qué más da, si son perros infieles!, se dirán entre sí tan sensitivos obispos...

Parece enteramente que la Iglesia española, o mejor, los obispos españoles no saben ya cómo terminar dando el tiro de gracia a una institución a la deriva que se ha ido manteniendo a lo largo de los milenios gracias a su astucia para posicionarse siempre al lado del poder más dispuesto a coquetear con ella y a servirse a su vez de ella...

No saben ya cómo desprestigiarla con sus tontunas, sus esperpénticas contradicciones, su falta de humanidad y su arte para poner en marcha en la calle, a raudales, la más facilona sensiblería. Y es que no les importa que no haya ya nadie en sus cabales que no se haya dado cuenta de que luego la presión resultante de esa sensiblería movilizada, permitirá a âlos otrosâ? rentabilizarla para su interés político.

Pero ¿no se percatan de que a excepción de millones de inmigrantes latinos que se mantienen en un grado aún bajo de desarrollo mental, la inmensa mayoría de españoles está ya de vuelta de sus patrañas? ¿O es que es todo lo contrario; esto es, que se dan perfecta cuenta de que para desestabilizar política y partidistamente a un país y armar la marimorena bastan unas cuantas docenas de vociferantes que sólo piensan a sueldo o por cuenta ajena?

Por lo que respecta a nosotros, los que no formamos parte de su retorcida, antinatural y religiosa ideología, sólo podemos añadir que, puesto que saben perfectamente lo que hacen, dudamos mucho que su Dios será capaz de perdonarles...

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Sindicat Terrassa