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Pueblo Mapuche: Los refugiados de Endesa-España
02 nov 2004
El pasado 27 de septiembre fue inaugurada oficialmente por altos ejecutivos de Endesa la Central Hidroeléctrica Ralko. Gerentes, autoridades, accionistas e ingenieros brindaron aquel día sobre el imponente muro de 150 metros emplazado sobre el río Bio-Bio. Como contrapunto, 40 kilómetros montaña arriba, caminos intransitables y casas enterradas en la nieve dan cuenta de uno de los capítulos desconocidos de esta historia. Nos referimos a la real situación de las familias relocalizadas por la empresa en el antiguo Fundo El Barco.
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"Nosotros antes teníamos una o dos hectáreas de tierra allá abajo en Lepoy. Apenas nos alcanzaba para criar algunas aves, animalitos y hacer huerta... Acá Endesa nos paso veinte hectáreas promedio. Todos lo vimos como un avance ya que acá podríamos criar más animales, sembrar y mejorar nuestra situación. Sin embargo, hoy estamos casi peor que antes. Los animales se nos mueren en invierno, los mata la nieve cuando se accidentan en las quebradas o se acaba el pasto y no hay forraje... Ahora los estamos vendiendo casi todos, para poder comprar mercaderías o para pagar las deudas que tenemos con la propia Endesa", señala José Millanao, miembro de la comunidad pehuenche El Barco.

Millanao es uno de los 184 comuneros pehuenche que -a fines de los años 90'- aceptó permutar sus tierras a la transnacional Endesa-España para posibilitar la construcción de la Represa Hidroeléctrica Ralko en el Alto Bio-Bio. Nos cuenta que vivía en la comunidad Ralko Lepoy y desde allí se traslado junto a toda su familia cordillera arriba, hasta el denominado Fundo El Barco, lugar elegido por la transnacional española para trasladar a todas aquellas familias afectadas directa o indirectamente por el emplazamiento de la central.

"En ese tiempo no pudimos negarnos. La situación estaba mala allá en el bajo. No había trabajo, no teníamos tierra, animales y Endesa nos prometió ayudarnos a todos. Un día, antes de permutar, recuerdo que pasó un bus de Endesa y nos trajeron con mi señora a ver las casas que se estaban construyendo aquí. Era verano y estaban los maestros meta pega... se veían bonitas, eran grandes y tenían un fogón. Tiempo después decidimos cambiarnos y trajimos todo. Quedaba lejos, pero creímos que valía la pena, al menos las asistentes sociales de la empresa nos dijeron eso, `que valía la pena´", recuerda Millanao.

Sin embargo, le bastó soportar solo uno de los seis inviernos que llevan en la zona para darse cuenta que el paraíso prometido bien podría transformarse en un verdadero infierno. En un verdadero y cruel infierno blanco.

"Acá los inviernos son muy duros, a veces caen dos, tres metros de nieve y no se puede hacer nada en varios meses porque la nieve lo tapa todo... Antes Endesa limpiaba con su maquinaria los caminos, pero cada vez cuesta más para que cumplan. Antes también había una asistente social de la empresa acá, anotando los problemas que había y tratando de buscar soluciones. Ahora, como la represa Ralko está terminada, ya ni se aparece por estos lados... hace tiempo que no sabemos nada de ella, ni de otros técnicos que nos visitaban. Toda la gente que Endesa traía para ayudarnos está desapareciendo de a poco de este lugar", nos dice.

Donde terminan las represas

Llegamos a la comunidad pehuenche El Barco cerca del atardecer, después de sortear los casi 70 kilómetros de montañas que la separan de la peq ueña localidad de Ralko, antiguo campamento maderero hoy reconvertido en cabeza municipal y puerta de entrada hacia los imponentes cajones cordilleranos de los ríos Queuko y Bio-Bio, territorio ancestral de las comunidades mapuche-pehuenche.

Precisamente, desde el poblado de Ralko iniciamos a tempranas horas nuestro viaje, bordeando en una primera etapa el lago artificial de la represa Pangue para alcanzar, en poco más de una hora de zigzagueante trayecto, la comunidad pehuenche Quepuka Ralko. Otra hora más de viaje y llegamos a la comunidad Ralko Lepoy, la tierra de las emblemáticas ñanas Nicolasa y Berta Quintremán, las mismas que por largos años mantuvieron en alto las banderas de la resistencia contra los planes mercantiles de Endesa.

Hoy, las aguas del lago artificial de la represa Ralko inundan las tierras donde alguna vez estuvo emplazada la casa de Nicolasa. Berta, porfiada como un viejo roble, si bien terminó permutando parte de su propiedad, no aceptó jamás abandonar su casa ubicada a media falda entre el cerro y el imponente lago. Y allí la encontramos, como siempre, calentando el agua para el mate en su pequeña e improvisada ruka-fogón y regañando por i gual a los trabajadores de Endesa que pasean sus ruidosos camiones metros más arriba, a sus perros que insisten, pese a sus duras advertencias, en calentar sus huesos al lado del fogón y, por cierto, a nosotros mismos, que poco o casi nada logramos entender de aquellas palabras en mapudungun con que nos saluda, nos recibe y nos interroga.

"Ustedes debieran hablar su lengua, si son buenos mapuche como dicen que son... qué diría su maire, su paire si los viera...", nos regaña una y otra vez la ñaña. Nada que decir. Solo agachar la cabeza y sonreír. Charlamos casi una hora con la ñana. En winkazugun, la mayoría del tiempo. En mapuzugun, el idioma de nuestros padres, cuando la memoria lo permite. Se nos hace tarde. Optamos por acortar la visita y tras un par de reponedores mates, nos despedimos para seguir nuestro viaje montaña arriba, hacia la tierra de los "endesados", como llama despectivamente la ñaña Berta a todos aquellos pehuenche que a poco de iniciarse el confli cto, optaron por dejar sus tierras en manos de la empresa. "Ellos traicionaron su tierra", nos dice enojada. Aun así, nos desea buen viaje y nos despide con una sonrisa.

Ahora nuestro objetivo es Chenkeko, pequeño caserío de colonos chilenos que cobija la única escuela internado de la zona y una posta de salud que funciona una o dos veces a la semana, dependiendo del arribo de medicinas y del personal de salud provenientes de las ciudades del valle. Desde este punto comenzamos literalmente a "subir" hacia el antiguo Fundo El Barco, por un camino en evidente mal estado y que contrasta marcadamente con nuestros primeros 40 kilómetros de confortable ruta, diariamente chequeados por los eficientes equipos de vialidad de la empresa española. A partir de Chenkeko, el estado de la ruta cambia radicalmente y parte de la explicación -nos confidencia don Jorge, dueño de uno de los dos únicos almacenes del poblado- es que montaña arriba ya no hay más represas que a Endesa le int erese construir.

"Por eso la empresa tiene botado este camino. No les interesa arreglarlo, si allá arriba solo se encuentran araucarias, leones y mucha nieve", nos señala, obviando a las más de 30 familias pehuenche que por obra y gracia de Endesa, hoy habitan también en aquellas inhóspitas latitudes junto a las araucarias, los leones y la nieve de don Jorge. "A Endesa solo le preocupan sus millones... nada más. Acá dijeron que el progreso sería para todos, pero ¿qué ha pasado?. Cuando estaban las obras de Ralko, el negocio andaba, se vendían sus cositas, uno se salvaba... ahora ya nadie pasa por aquí", regaña en voz alta mientras empaqueta unos cigarro. Lo dejamos con su rabia. "Tengan cuidado al conducir, las quebradas son harto engañadoras pa' lla pa arriba", nos advierte antes de abandonar su local.

Solo nos basta una hora de viaje, entre curvas peligrosas, quebradas e imponentes desfiladeros, para comprobar la veracidad de su advertencia. El camino en verdad era un desastre. Quizás por ello, nos sentimos aliviados cuando cerca de las 6 de la tarde arribamos al sector de El Barco. Nuestro destino final. En total, casi cuatro horas desde el poblado de Ralko. Calculamos que unas seis desde Los �ngeles, capital de la provincia. Nos cuentan que una vieja micro rural recorre esa misma distancia en cerca de 8 interminables horas. Incluso más, dependiendo de las condiciones climáticas, caracterizadas en este punto de la cordillera por las lluvias y las constantes nevazones que vuelven intransitable y en extremo peligroso algunos puntos claves del camino.

El chofer de Endesa

Cuando se enteraro n de los beneficios que contemplaba el Plan de Relocalización de Endesa, algunos pehuenche reconocen que no dudaron en ningún instante que debían permutar sus tierras. Se trataba -en teoría de un negocio redondo. Pocas tierras, erosionadas e improductivas a orillas del Bio-Bio, a cambio de nuevos terrenos, animales, modernas viviendas, electricidad y una calidad de vida digna de habitantes de los alpes suizos.

Efectivamente, la infraestructura básica prometida por Endesa dentro del Plan de Relocalización incluía una casa habitación de 66 metros cuadrados, un fogón de 20, una bodega de 70 e incluso un espacioso corral para los animales. Las parcelas además serían entregadas cercadas y con instalaciones sanitarias y de agua potable funcionando. Para esto, la empresa ordenó incluso construir redes de alimentación que incluyeron 22 kilómetros de tubería, debido a que las viviendas se encontraban distantes unas de otras.

Adicionalmente, Endesa contempló un sistema de riego en aquellos sectores donde era posible potenciar la agricultura y que involucraba 220 hectáreas de praderas para las familias. Junto a lo anterior, el plan incluía además programas culturales y de etnoturismo como nuevos polos de desarrollo local. Es así como la empresa se comprometió a implementar a partir del año 2002 un complejo turístico en la laguna El Barco, hermo so paraje ubicado 10 kilómetros al noreste de la comunidad y que incluiría zonas de camping, picnic, senderos de trekking, estacionamientos, baños y agua potable. Todo ello, administrado por los propios comuneros pehuenche.

Precisamente allí, en el Camping de la laguna El Barco, fue donde encontramos a uno de los dirigentes de la comunidad, ante quien acudimos para presentarnos y solicitar su autorización para realizar las entrevistas. Preparándose para la temporada turística venidera, el peñi -de quién nos reservamos su identidad- se encontraba junto a otros pehuenche reparando algunos sitios del camping, destruidos por las nevazones del último invierno. Si bien el complejo es moderno y cuenta incluso con oficinas de administración, los avatares de la naturaleza han sido implacables con su infraestructura y, cada temporada, una cuadrilla de maestros deben subir a repararlo para soportar la temporada siguiente.

Nos acercamos hasta el borde de la laguna para charlar. Nos presentamos. La evidente incomodidad con que nos responde nos hace sospechar que nuestra visita no es muy bien recibida. Ya nos habían advertido en Ralko Lepoy que la dirigencia de El Barco podría resultar algo hostil hacia nuestras preguntas. Su vinculación con Endesa los hace desconfiados y reacios a las entrevistas, nos dijeron. Un sin fin de rumores cargaban aun más de pesimismo nuestra misión en la alta cordillera: que los dirigentes de El Barco no eran tradicionales sino "designados"; que gran parte de las familias no respetaban ni la cultura ni las tradiciones mapuche; que varios miembros de la directiva recibían un jugoso sueldo mensual directamente de la transnacional; etc, etc, etc.

Tras media hora de charla, poco a poco se nos fue aclarando el panorama. El Barco, efectivamente no era una comunidad común y corriente. Formada básicamente por las familias que emigraron de Lepoy, su composición y estructura interna asemejaba mucho más a una junta de vecinos que una organización tradicional. Aun así, los peñi y lamngen se las habían arreglado hasta la fecha para mantener vivas tanto su cultura como sus ceremonias ancestrales. Y si bien sus líderes no resultaron ser efectivamente octogenarios lonkos tradicionales, sino más bien jóvenes y locuaces dirigentes, estos eran respetados por las familias. No era para menos, ya que todos habían sido elegidos en democráticas elecciones.

Ese era el caso del peñi que ahora actuaba como nuestro interlocutor. Su juventud y capacidad de liderazgo habían sido determinantes para su nominación en la directiva. También una anterior relación de trabajo y colaboración con Endesa, como el mismo lo reconoce sin tapujos. Sin embargo, decía entender que su rol era ser un dirigente pehuenche y no precisamente un empleado de la transnacional española. Más aun por estos días, cuando las manifestaciones de descontento y los sentimientos de haber sido engañados -nos reconoce- se expanden como reguero de pólvora entre los miembros de la comunidad.

"Yo en lo personal estoy bastante conforme con el trato que hice con Endesa. Hay gente a quienes les ha ido bien, han progresado en estas tierras, otros no han aprovechado las oportunidades. Este Camping, por ejemplo, lo estamos trabajando gracias al apoyo de Endesa y se ha convertido, poco a poco en un polo de desarrollo importante... S in embargo, como le dije, esa es mi opinión personal y eso no importa mucho cuando uno es dirigente. Hoy, es verdad, gran parte de la gente está desconforme, hay cosas que Endesa no ha cumplido con la comunidad, los peñi sienten que la empresa esta preparando su retiro de esta zona y eso preocupa, a muchos", nos señala mientras un winka observa atento la conversación desde las oficinas del camping.

El peñi se siente incomodo. Nos pide caminar por la ribera del lago. Minutos más tarde, ya no quiere seguir hablando. Preguntamos por el extraño sujeto que nos observa a la distancia. "Es un chofer de Endesa", nos dice. "El trae la camioneta cuando necesitamos transportar cosas. Nosotros llamamos y ellos lo envían para ayudarnos", agrega. Fijamos nuestras miradas en el hombre de Endesa y este, al poco rato, se retira hacia otro sector, lentamente y visiblemente incómodo. Nos quedamos con la duda. Y conspiramos. ¿Se trata de un simple chofer o más bien de un observador de l a transnacional?. La conducta asumida por el joven dirigente nos ahorra a todos la respuesta.

Diplomáticamente, el peñi nos hace saber que deben continuar con los trabajos, pero que si nos interesa, podemos pasar por su casa más tarde. "En la noche", precisa. Comprendemos el mensaje, abordamos la camioneta y nos vamos. Tres horas más tarde, ya de noche e instalados en casa de una lamngen que ofrece hospedería a trabajadores afuerinos y cazadores, nos encontramos nuevamente con el dirigente. Esta vez es él quien nos busca. "Me dijeron que querían entrevistar a algunos peñi de la comunidad sobre las negociaciones. Vengan conmigo, creo que conozco algunos que estarían interesados en hablar con ustedes. Síganme". Lo seguimos.

âFuimos estafadosâ?

Domingo Puelma fue uno de los dirigentes pehuenche que encabezó, en la segunda mitad de los noventa, el proceso de negociaciones de las familias que se trasladaron más tarde al fundo El Barco. Le tocó, por tanto, escuchar de boca de los propios gerentes las promesas de la transnacional y convencer más tarde a sus hermanos de la conveniencia de los contratos. Hoy, al igual que su peñi José Millanao, se siente estafado y, peor aun, responsable de la situación que padecen gran parte de los miembros de su comunidad.

"Yo participé activamente como parte de las negociaciones, junto al peñi Ricardo Gallina y otros de Lepoy y Quepuka. Nosotros veíamos que era favorable para nuestra gente permutar las tierras. Había mucha pobreza, casi ningún futuro para nuestros hijos en esas tierras y el ofrecimiento de Endesa lo encontramos bueno, todos lo encontramos bueno, aunque era poco, casi nada, si lo comparamos hoy con lo que ofrecieron después a las Quintremán. Pero como le decía, nosotros vimos que era mejor que lo poco y nada que teníamos", señala.

"Sabíamos que estaba lejos, que la tierra no era muy buena y los inviernos eran duros, pero también veíamos que Endesa iba a construir buenas casas, que harían nuevos caminos, puentes, que habría locomoción todos los días, forraje para los animales en invierno... Todo eso decía la permuta que firmamos y para que le voy a mentir, si a todos nos pareció que estaba bueno. Además, teníamos la palabra de Endesa, que se comprometió también a seguir apoyándonos, por 10 años con maquinaria, proyectos, ayuda en los inviernos. Por 10 años dijeron que nos estarían apoyando, ellos dijeron que no nos iban a dejar solos acá en El Barco", agrega.

Aquella promesa de Endesa que hoy recuerda el peñi Domingo, tenía nombre y apellido. Se denominaba "Plan de Asistencia de Continuidad" y si bien no era parte oficial de los acuerdos firmados, si constituía un compromiso público de la empresa que los pehuenche asumieron desde un comienzo como parte del negocio. En resumidas cuentas, aparte de los beneficios propios de la relocalización (tierras, animales y casas), Endesa se comprometía a través de este Plan a seguir apoyando a las familias que habitaban en las nuevas tierras, al menos hasta que lograsen la auto sustentabilidad e independencia en la utilización de los bienes recibidos, plazo que se calculó entonces en 10 años.

Para el logro de lo anterior, Endesa impulsaría dentro de este periodo de tiempo la ejecución de diversos programas y proyectos en las zonas de relocalización, a fin de que las familias lograsen un mejor estándar de desarrollo en sus nuevas tierras, tanto en aspectos agrícolas, ganaderos, productivos, sociales, educacionales, turísticos, de inserción territorial, así como aspectos familiares y culturales. Es así como este Plan -destacado actualmente como una verdadera "joya" en el sitio web de la transnacional- contemplaba cuatro subprogramas: uno de desarrollo agrícola, ganadero y forestal; otro de desarrollo social; un tercero de desarrollo cultural (que incluía la incorporación de la cultura mapuche a la educación formal escolar); y, finalmente, un cuarto de desarrollo etnoturístico.

Si bien efectivamente a partir del año 2000 este Plan de Asistencia de Continuidad comenzó a ser ejecutado por los profesionales de Endesa -principalmente en la comunidad Ayinmapu, en el ex Fundo El Huachi-, lo cierto es que fuera del entusiasmo inicial, poco o casi nada es lo que han logrado sacar del famoso Plan los nuevos habitantes del Fundo El Barco, según ellos mismos reconocen.

"Algunas cosas se cumplieron en los primeros años. Algunas veces mal, otras veces a medias, otras veces bien. Nos pedían paciencia cuando pedíamos proyectos, asistencia y esas cosas. La asistente social siempre nos decía que todo demoraba su tiempo, que debíamos aprender a esperar. Sin embargo, el tiempo paso y comenzamos a darnos cuenta de que nos estaban mintiendo, puro chamullando como se dice. La luz eléctrica, por ejemplo, que prometieron instalar apenas llegáramos, recién hace dos años que llegó y ahora a todos nos están cobrando. Y el que n o paga, simplemente se la cortan. Nosotros estamos ahora con velas, con lamparines a parafina, ya que no hay plata para pagar las cuentas. Tenemos los postes y los medidores de bonito en nuestras casas y eso es una burla, una verdadera burla...", nos cuenta Puelma enrabiado.

"Otra cosa es la tierra. Acá nadie es propietario, esto sigue siendo un fundo, claro que con otro dueño. No hay títulos de propiedad, solo un comprobante que no tiene validez legal, según nos han dicho en abogados. Más encima, como han pasado los años, las cosas que Endesa construyó cuando llegamos ya no sirven. Las casas, por ejemplo, se gotean en invierno, la madera se está pudriendo porque resultó ser de mala calidad, los puentes están casi todos a punto de caerse y la micro funciona solo a veces, dependiendo del tiempo, de la nieve. Nosotros hemos reclamado esto, pero hoy nos dicen que Endesa no tiene responsabilidad, porque solo eran un compromiso, que nada de eso aparece en los documentos f irmados", denuncia el ex dirigente.

Y lo peor de todo es que los años pasan, implacables, agrega el peñi Domingo. "Solo nos quedan un par de años con ayuda, luego la empresa se irá de la zona y quedaremos solos, abandonados a nuestra suerte aquí en la cordillera... Ya se están yendo todos, eso estamos viendo acá en la comunidad. Si ya ni nos visitan, siendo que antes pasaban a cada rato. Eso nos duele en el alma porque nosotros confiamos en lo que nos dijeron al permutar, confiamos en sus palabras. Por eso decimos ahora que fuimos engañados, estafados por esta empresa extranjera que se aprovecho de la gente pehuenche".

Bienvenidos a Siberia

De regreso en la hospedería y refugiados de la nieve, más la fuerte lluvia que nos ha acompañado en todo el viaje, hacemos un recuento. En teoría y mirándolo desde un plano estrictamente ec onómico, el Plan de Relocalización de Endesa significaba un buen negocio para los pehuenche. A no ser por un solo detalle. Bueno, digamos dos: la elevada altura cordillerana en que estaban ubicados los terrenos y que, según diversos informes, hacían imposible la permanencia humana por más de cuatro meses al año, y la poca voluntad de Endesa de cumplir finalmente con lo pactado con cada una de las familias.

El tema de la altura de los terrenos no era menor. Condiciones climáticas extremas en invierno, suelos no aptos para la ganadería, mucho menos para la agricultura y una evidente lejanía de los centros poblados aconsejaban desde hace mucho tiempo no realizar en El Barco ningún intento de reasentamiento humano. A escasos 10 kilómetros del límite con la República Argentina, El Barco siempre había constituido un territorio hostil para los antiguos pehuenche que solo lo visitaban para las veranadas. Jamás en invierno. Y no solo para los pehuenche.

Según recordar on los funcionarios de la Sub-agencia de Chenkeko de la Empresa de Abastecimientos de Zonas Aislada (antigua ECA), las cinco familias que antiguamente vivían aquí como inquilinas, mientras fue propiedad privada, debían ser abastecidas durante todo el año por el dueño del fundo con víveres adquiridos a ellos. Incluso, consta en documentos que durante el proceso de Reforma Agraria, en la década de los 70', cuando varios y extensos fundos del Alto Bio-Bio fueron parcelados y expropiados por el gobierno para asentar campesinos, hubo solo uno que se salvo del proceso: El Barco, que fue mantenido en propiedad privada debido a que "carecía de condiciones necesarias para asentamientos humanos", según recuerdan aun comuneros de la zona.

En los hechos, se trataba de terrenos solo aptos para "veranadas", tal como lo señalaba de manera categórica un estudio elaborado por Raúl Molina y Martín Correa para la Comisión Especial de Pueblos Indígenas (CEPI), antecesora de la actual Cor poración Nacional de Desarrollo Indígena (CONADI). Dicho estudio, denominado "Las Tierras Pehuenche del Alto Bio-Bio", es claro en señalar que las tierras del Fundo El Barco constituían "veranadas", debiendo ser "bajados" sus animales durante el invierno hacia las partes bajas del sector de Guayalí, "donde los inquilinos del fundo arrendaban talaje para su mantención".

Sendos informes de organismos gubernamentales alertaban además sobre esta situación. Es así como el año 1998, en plena etapa de evaluación de las permutas por parte de la propia CONADI, un informe sobre el plan de desarrollo productivo de los predios El Huachi, Santa Laura y El Barco, encargado en agosto de 1998 por el entonces Intendente Martín Zilic, señalaba textualmente que el fundo estaba "en el límite de la desertificación" y que "no debería usarse en actividades agropecuarias" si lo que se buscaba era cautelar la sustentabilidad de la cuenca hidrográfica a la que pertenecía. La comisión encargada de elaborar el informe la integraron profesionales de la Seremi de Agricultura, del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria de Chillán, INIA-Quilamapu, del Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) y de la Corporación Nacional Forestal (CONAF).

A diferencia de los sostenido por Endesa, el informe indicaba que el predio se encontraba en una zona agroecológica muy frágil, señalando además que la parte del fundo que Endesa había destinado para invernadas estaba sometido durante gran parte del año a constantes bajas temperaturas y nevadas. Huelga destacar que los resultados del informe fueron silenciados por la empresa y solo pudieron ser conocidos por la opinión pública en octubre de 1998 a través de una denuncia del diputado de la Bancada Verde, Alejandro Navarro (PS). Sin embargo, el poderoso lobby de Endesa fue más fuerte y rápidamente todas estas observaciones quedaron en el olvido. Ni al gobierno de Eduardo Frei, dicho sea de paso uno de los beneficiados por el holding español, ni a los propios pehuenche, maravillados por una "mejora" de última hora en la oferta de permuta de Endesa, les interesaba por aquellos días arruinar el negocio.

Pero el informe de este comité técnico no fue el único documento sobre su intervención en el Alto Bio-Bio que Endesa intentó mantener en reserva. En mayo de 1995, producto de las críticas de grupos ecologistas a la Fundación Pehuén -creada por Endesa para ayudar en teoría a los pehuenche afectados por la central Pangue-, la Corporación Financiera Internacional (IFC), entidad encargada de financiar esa central, contrató al antropólogo Theadore Downing para que evaluara el funcionamiento de la fundación. El acuerdo incluía informar los resultados a todas las partes involucradas, incluidos los pehuenche.

Downing viajó a Chile en octubre de 1995 y en mayo del año siguiente entregó su informe, el cual jamás llegó a manos de los pehuenche ni menos a la opinión pública. Endesa lo rechazó y a menazó a la IFC y al antropólogo con demandarlos si lo hacían público. De acuerdo a la Asociación Americana de Antropología, entidad a la cual Downing elevó los antecedentes para su investigación, "la entrega del informe hubiera perjudicado los esfuerzos de Endesa para que se aprobara Ralko".

Recién en diciembre de 1997, cuando ya la Comisión Nacional del Medio Ambiente había aprobado con condiciones la construcción de Ralko, se autorizó a Downing a entregar su informe. Nadie ajeno a Endesa supo antes de su existencia, asegura hoy el diputado Alejandro Navarro, quien sostiene que tampoco se conoció el informe elaborado por el ecólogo Jay Hair, por petición del Banco Mundial, en mayo de 1997. Hair habría llegado a las mismas conclusiones que Downing, según consta en el informe final de la Asociación Americana de Antropología.

Originalmente, el fundo El Barco fue propuesto por Endesa como medida de mitigación ecológica por la pérdida de unas 3.000 hectáreas de bosque nativo que quedarían bajo inundación o serían afectadas por las obras del megaproyecto. Para tal efecto, la empresa planteó un esquema de manejo similar y complementario al de la Reserva Nacional Ralko. Sin embargo, con el transcurso del tiempo, Endesa cam bió su postura y abiertamente presentó el Fundo El Barco como espacio para la relocalización de las familias pehuenche afectadas por la inundación de sus tierras.

"Endesa sabía que estas tierras no eran aptas para vivir y nosotros de alguna forma también lo sabíamos. Pero confiamos en los apoyos que nos prometieron para el futuro, en los proyectos, en su Plan de Asistencia. Nosotros, creo yo, fuimos ingenuos y no supimos negociar... nos faltó asesoría, apoyo, saber más de estas cosas. Imagínese, muchos de quienes viven aquí son gente que no sabe leer, escribir... y ellos llegaban con abogados, antropólogos, psicólogos, con un regimiento de gente para convencernos de permutar. "Van a tener progreso", nos decían. "Piensen en sus hijos". Ese era el discurso que traían. Yo me pregunto, adónde están ahora todos ellos... no están... nos dejaron solos", concluye el peñi Domingo.

Un discurso recurrente en nuestro viaje. La pobreza, el analfabetismo, la ausencia de oportunidades laborales en la zona del Cajón del Bio Bio, habrían llevado a muchas familias a tomar la difícil decisión de abandonar sus tierras familiares y trasladarse hasta El Barco. ¿Traidores? ¿vendidos? ¿aliados de la transnacional española? Preguntas difíciles y cuyas respuestas pudieran tener múltiples interpretaciones. Más aún al constatar que para gran parte de ellos, era el Estado chileno junto a sus instituciones y no precisamente un holding empresarial español, quién les estaba ofreciendo su ayuda, asistencia y cooperación. "Mal que mal, junto a los funcionarios de Endesa, también llegaba gente de la CONADI, mapuches como nosotros, para convencernos", nos recuerda el peñi Puelma.

Actualmente, la comunidad El Barco cuenta con una superficie total de 19.270 hectáreas, de las cuales menos de mil corresponden a terrenos aptos par a algún tipo de actividad económica de subsistencia. Son 32 las familias que mal viven en estos inhóspitos parajes. A ellos se suman otras 34 familias que actualmente habitan el fundo El Huachi y que conforman la comunidad Ayinmapu, en las cercanías de la localidad de Santa Bárbara y quienes deben lidiar hoy con la cesantía y una progresiva pérdida de sus valores culturales. Son los modernos refugiados de Endesa, aquellos que no estuvieron presentes en los discursos del pasado 27 de septiembre, sobre el muro de la flamante central hidroeléctrica Ralko / Azkintuwe

* Su autor es periodista, director del Periódico Azkintuwe.

* Reportaje publicado en Azkintuwe Nº 10 - Octubre-Noviembre de 2004. Págs. 5, 6 y 7.
represa_ralko.jpg
comunidad_elbarco.jpg
Mira també:
http://www.nodo50.org/kolectivolientur
http://www.nodo50.org/azkintuwe

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Comentaris

Re: Pueblo Mapuche: Los refugiados de Endesa-España
02 nov 2004
Mientras que Endesa hace anuncios en televisión promocionando la "energia verde" y intentando convencernos de que son ecologistas, en Sudamérica estan echando y asesinando a los pueblos indigenas. El único objetivo de Endesa, al igual que otras empresas como Repsol, es aumentar sus beneficios, dandoles igual que sus manos estén manchados de sangre.
Endesa, genocidas, tarde o temprano, acabareis pagando por todo el daño que estaís cometiendo contra pueblos
que durante siglos y siglos han intentado sobrevivir frente a los invasores de sus territorios.
Viva el pueblo mapuche!!!
Muerte a los invasores!!
Re: Pueblo Mapuche: Los refugiados de Endesa-España
02 nov 2004
Me gustaría ver algún día una campaña de todos los movimientos sociales contra Endesa, Benetton y Repsol, y dejar al descubierto su culo sucio. Yo tengo sangre mapuche, pero lamentablemente quienes estamos en la lucha por los derechos de Mapuches, Quechuas y Aimaras somos poquitos en BCN. Aquí en el Estado Español podemos hacer mucho daño a Endesa, Repsol y Benetton ya que somos sus principales consumidores.

Si alguien se anima a aumentar las hordas contra estos monstruos yo participo en el Comité de Apoyo a los Pueblos Indígenas y nos reunimos en la Casa de la Soli. Mi emilio galdrastafir ARROBA mixmail.com
Re: Pueblo Mapuche: Los refugiados de Endesa-España
02 nov 2004
Aixó és una altre forma de colonialisme, que com sempre te com a primeres i principals víctimes als indis. En aquest cas als maputxes, que tenen tot el meu suport.
Re: Pueblo Mapuche: Los refugiados de Endesa-España
03 nov 2004
Bones Socialista Revolucionario !!!

Si vols venir per ponent a fer una xarla sobre els mapuches, ens ho dius !!!

Si quieres venir a Lleida a hacer una charla sobre los mapuches, nos lo dices !!!
Sindicat