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Boikot USA!!Todos los derechos vulneradfos a la carta...d los USA.
04 oct 2004
Las estrictas medidas de seguridad han convertido los viajes a Estados Unidos en una auténtica pesadilla para el viajero, que ahora debe armarse de paciencia antes de cruzar el Atlántico y acudir al aeropuerto con la mayor antelación que le sea posible. En cuestión de seguridad, los vuelos a Norteamérica ya no tienen nada que envidiar a los que se dirigen a Israel. Para evitar este calvario de controles, la compañía Iberia ha sustituido a Miami como base de sus conexiones con Iberoamérica, por Panamá, Costa Rica y Guatemala.

Las molestias empiezan en España, sobre todo si se vuela con una compañía norteamericana, cuyo personal de seguridad, además de someter a los viajeros a un interrogatorio en la misma cola para facturar el equipaje, puede mandar deshacer completamente las maletas para, una vez vacías, pasarlas por el escáner. Las probabilidades de que a uno le revisen todo el equipaje se disparan cuando lleva consigo algún aparato electrónico, ya sea un teléfono móvil, un ordenador portátil o un simple secador de pelo.

Objetos punzantes requisados
Las medidas de seguridad son tan estrictas que sólo cuando los agentes de la compañía lo autorizan los pasajeros pueden dejar las maletas en las cintas del mostrador de facturación y dirigirse a los controles del aeropuerto, en los que pedirán el pasaporte y la tarjeta de embarque, antes de pasar por el escáner ellos mismos con su equipaje de mano. En este momento, se puede dar por perdido cualquier objeto punzante, como pinzas, tijeras de uñas o limas, que quedarán retenidos.

Una vez en la sala de embarque, otros agentes supervisan el acceso al avión y, cuando lo consideran necesario, piden nuevamente que se les muestre el contenido de las bolsas de mano.

Pero todos estos controles son casi una anécdota al lado de los que se encontrarán cuando aterricen en suelo norteamericano, donde es muy probable que pierdan la conexión con otro vuelo si disponen de menos de dos horas. Allí, los viajeros son recibidos con unas largas colas para pasar los controles de inmigración, sobre todo en las filas de ciudadanos extranjeros, pues los estadounidenses tienen las suyas. Y que a nadie se le ocurra sacar una cámara de fotos o un teléfono móvil mientras hace cola, pues enseguida le ordenarán guardarlo.

Colas y más colas
Si el viajero ha tomado la precaución de sacarse un visado en la Embajada de Estados Unidos en España -lo que le habrá costado 90 euros, más de una hora rellenando formularios y un buen rato de espera, aunque fuera con cita previa-, debe saber que en el aeropuerto tendrá que hacer la misma cola que quienes viajan sin visado, aunque deberá rellenar unos formularios distintos, en los que ya no le preguntarán si ha participado en actividades terroristas ni si tiene alguna enfermedad contagiosa. También se le exigirá que apoye sus dedos índices, primero de la mano izquierda y después de la derecha, en un lector de huellas digitales, y que mire a la cámara para hacerse una fotografía. Unos «controles» por los que ya pasaron en la Embajada quienes se sacaron el visado. También le preguntarán el motivo de su viaje, dónde se hospedará, etcétera.

Cuando el viajero ya cree que ha pasado lo peor y se dirige a las cintas para recoger sus maletas (aunque siga viajando deberá retirarlas), se encuentra con otro control, el de aduanas, en el que puede que le vuelvan a revisar todo el equipaje. Si ése es su destino final, los controles, por el momento, han terminado, pero si tiene que conectar con otro vuelo nacional, la pesadilla vuelve a empezar. El hecho de estar dentro del aeropuerto no le evitará que le traten como si acabara de llegar. Una vez entregada la maleta a la compañía aérea, el viajero deberá aguantar otra cola para pasar por el escáner. Algunos viajeros optan por quitarse los zapatos sin que nadie se lo ordene. Aquí se impone un nuevo criterio de «objeto punzante». A un pasajero español, por ejemplo, le incautaron una flauta en el aeropuerto de Atlanta.

Una vez superado el control, ya sólo queda cruzar los inmensos aeropuertos internacionales de Estados Unidos y llegar hasta la sala de embarque, donde con mucha previsión y un poco de suerte, es posible que el avión no haya salido todavía. La pesadilla se repetirá cuando haya que regresar.

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