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Anàlisi :: corrupció i poder
Un final de un Imperio, Adolf Hitler y 鈥渟u lucha鈥? (filme 鈥淓l Hundimiento鈥?).
01 oct 2004
La superproducción alemana debe hacer repensar a muchos sobre lo fatuo de las ambiciones humanas. El más alucinado proyecto político de la Humanidad intentaba crear un nuevo hombre a partir de una raza, con ayuda de la Ciencia, y reconvirtiendo la Religión. Hitler era socialista y buscaba en su primer programa acabar con la esclavitud infantil. Durante un tiempo fue amigo de Stalin.
hitler
Esta vez ha sido en casa, los propios alemanes se han quitado el velo, y a la vez que siguen reproduciendose los experimentos políticos neonazis ante el fracaso del sistema imperante, un atrevido productor germanico parece que va a mostrar el auténtico lado â渉umanoâ? de Hitler y sus compinches (al final tambien idiotas), en sus últimos coletazos socio-suicidas. Aunque ya algunos dicen que Eichinger se ha quedado corto. Ahi quedan los testimonios de Sophie Scholl o de Schindler.

    <<Estaba claro desde hacia tiempo que la Alemania nazi no podía ganar la guerra, pero Hitler rehusó la capitulación hasta el final: â?lucharé mientras me quede un único soldado. Y cuando me abandone el último, me pegaré un tiroâ?. El fin de los grandes imperios siempre estuvo teñido de sangre. Pero el torbenillo de destrucción en el que se hundió el Nacionalsocialismo es singular. â淣unca se extiguieron tantas vidas, fueron destruidas tantas ciudades y asoladas tantas regionesâ?, subraya el historiador y biógrafo de Hitler, Joachim Fest.>> No ya de Alemania, sino de medio mundo desarrollado. <<En los últimos meses morían cada día 10.000 soldados rasos. El ejercito rojo pagó la conquista del Este de Alemania con cerca de 800.000 muertos>>.

    Mientras la devastación asolaba a Europa, <<el dictador vivía escondido en su refugio, protegido por paredes de cuatro metros de ancho: un ataud de hormigón de 250 metros cuadrados con 20 estancias subterráneas situadas bajo el jardín de la antigua cancillería del Reich. Durante dos meses, Hitler vivió allí agazapado; rodeado de fieles seguidores y fanáticos, conspiradores y traidores. Ninguna otra etapa en la vida de este asesino despierta tan mórbida fascinación como el último capítulo de su vida en las profundidades de la tierra. En este mismo lugar se lamentó de que el pueblo alemán â渘o se merecíaâ? a alguien como él. Aquí confesó anegado en lágrimas: â淟a guerra está perdidaâ?. Este era el lugar desde donde el dictador pretendía dirigir la lucha final, sin la menor consideración hacia las gentes que en el pasado habían aclamado al político austríaco: â淪oy de un imparcialidad de hielo. ¡Si el pueblo alemán no está dispuesto a emplearse a fondo para sobrevivir, no le quedará otra que desaparecer!â?. Pretendía destruirlo todo si así lo exigía la guerra: puentes, instalaciones de agua potable, centrales y fábricas. ¿Que la artillería necesitaba terreno despejado? Pues se dinamitan bloques de viviendas. ¿Que faltaban reclutas? Hitler envió al frente a muchachos de 16 años sin preparación>>, además de niños-bomba en las calles de la propia Alemania. <<Su brutalidad ha dado pie a diversas interpretaciones. ¿No sería la destrucción de Alemania su â渙bjetivo finalâ?, como supone S. Haffner? ¿Llegaba a sentir verdadera â渟atisfacciónâ? al saber del sufrimiento de la población civil allá arriba, como afirma Fest? ¿O se trataba simplemente de que había asumido que la destrucción del país era inevitable, como opina su biógrafo el británico Ian Kershaw?>> Sin duda es el prototipo de gobierno militarista, del que ahora algunos han copiado guiones bajo el ala de conseguir la paz de este mundo.

    <<El 9 de Marzo de 1945 se dio orden defender Berlín hasta agotar el último cartucho. En ese momento, los rusos se encontraban a 70 kilómetros, y los estadounidenses avanzan rápido hacia el Elba. Quedaban entre cuatro y ocho semanas para que se produjera el colapso de la economía alemana, y con él, el fin de la guerra, profetizaba el ministro Speer, en un memorando dirigido el 15 de Marzo. Estrictos controles de seguridad impedían que nadie precipitara el fín de esta locura llevando a cabo un atentado. Oficiales como el comandante Freytag von Loringhoven, que acudía al bunker a diario, eran cacheados. â¿Porqué no rajas al cerdo de una vez?â?, le preguntó un camarada. â淣o podría haber metido una navaja sin que se dieran cuentaâ?, comenta hoy Freytag, uno de los últimos testigos de aquellos días. El Führer, recuerda, estaba hecho â渦na piltrafaâ? desde el punto de vista físico. La piel pálida y flácida de Hitler testimoniaba el ritmo de vida que llevaba bajo tierra: se levantaba hacia el mediodía; a continuación tenía una primera reunión con los militares dedicada al análisis de la situación; luego se sucedían otras deliberaciones hasta muy entrada la noche, a las que se sumaban a primeras horas de la mañana monólogos que tenían por testigosa a cansadas secretarias. Hacía ya mucho que aquel personajes caduco había dejado de ejercer la más mínima fascinación sobre la mayoría de los alemanes. En una ocasión, el historiador británico Alan Taylor calificó de â済ran misterioâ? lo que les espoleaba a seguir luchando a pesar de todo. ¿El miedo a que los vencedores les pudieran pagar con la misma moneda? ¿O el terror con que los nacionasocialistas castigaban a todo el que trataba de escapar de aquella locura? En ese tiempo, miles de alemanes fueron víctimas de precipitados consejos de guerra.>>

    <<Hitler se aferraba a la esperanza de que la alianza antinatural entre el déspota Stalin y las democracias anglo-estadounidenses acabara desmoronándose. Sólo tenía que asestar un gran golpe al â渃oloso proletario-bolcheviqueâ?, y las potencias occidentales se darían cuenta de que él era el único que podía poner coto a Stalin. â?El único hombre capaz de hacerlo soy yo, no tiene vuelta de hojaâ?. ¿Realmente creía eso el tirano o al final fue víctima de sus propias dotes teatrales, como opina el historiador Müller?>>

    <<Eva Braun aceptaba su desdeño paternal con una mezcla de veneración y extrañeza. Para celebrar el cumpleaños de su amado se puso un vestido nuevo de brocado azul plata. El dictador no prestó la más mínima atención a aquel cambio. Se limitó a recibir las tímidas felicitaciones de su séquito con un flojo apretón de manos y una mirada inexpresiva. Probablemente ese día fue el último en que Hitler salió del búnker y caminó por el jardín de la cancillería, donde formó un grupo de agotados soldados venidos ex profeso a presentarle sus felicitaciones. Hitler pronunció unos cuantos desvaríos sobre la batalla de Berlín, que debía ganarse a toda costa. A su â¡Heil euch!â? no respondió nadie.>>

    <<A pesar de la ofensiva soviética el déspota quería permanecer en la capital, no estaba dispuesto a replegarse a Berchtesgaden para continuar la guerra desde el Sur de Alemania, que en parte aún no había sido ocupado. El creía que sólo en Berlín contaba con autoridad para proseguir la contienda y así ganar tiempo hasta que estadounidenses y soviéticos teminaran por atacarse entre sí: â淪eguiré siendo el Führer mientras siga teniendo el mando. Pero qué mando voy a tener si voy y me encaramo a no se qué monteâ?.>>

    <<Aquella noche reinaba por primera vez en el bunker esa mezcla de ansia de vivir y de desesperación que se apodera de los seres humanos cuando ven que se avecina una catástrofe. En cuanto Hitler se hubo retirado, Eva Braun subió corriendo a su salón, y exhortó a acompañarla a todo aquel que se le encontraba en su camino. Hizo que prepararan la gran mesa redonda, sacaron champaña, y luego la joven quiso bailar. La aguja del gramófono recorrió una y otra vez los surcos del único disco que consiguieron encontrar, Rosas rojo sangre te hablan de dicha>>.

    <<Sólo uno de cada cinco alemanes vivos tenía en 1945 edad suficiente como para conservar algun recuerdo del final de la guerra.>>

    <<El 21 de Abril, la artillería rusa despertó a Hitler antes de lo habitual. El dictador salió a la antesala trastornado. Cuando supo que eran ataques con granadas palideció: â¿Pero tan cerca están ya los rusos?â?. Pedía una y otra vez que le pusieran en comunicación con Karl Kooler (Luftwafe). Hitler está fuera de sí â淟a Luftwafe no sirve para nadaâ?, lanza amenazas â淗abría que colgar a todo el mando de la Luftwafeâ? y exigía la guerra total â渢odo comandante que retenga a sus fuerzas lo pagará con la vida de aquí a cinco horasâ?. Una tropa improvisada, reunida a toda prisa bajo el mando del jefe de compañía de las SS Felix Steiner, debía iniciar la contraofensiva por el noreste de Berlín, y Hitler se apresuró a fanfarronear diciendo que â渆l ruso va a sufrir la mayor derrota de su historiaâ?. Pero el ataque no llegó a producirse. Durante el análisis de la situación del 22 de Abril de 1945, el dictador mandó salir fuera a todos los cargos inferiores, arrojó sobre la mesa de mapas los lápices de colores que siempre llevaba consigo y empezó a vociferar. Traición, infamia, incompetencia; la lágrimas resbalban por sus mejillas mientras se golpeaba una y otra vez la palma de la mano con el puño: â淟a guerra está perdidaâ?.>>

    <<Hitler ordenó a sus secretarias y también a su amante Eva Braun: â淐ámbiense inmediatamente de ropa. Dentro de una hora sale un avión que las llevará al Surâ?. Braun fue la primera de salir de su estupor y, según contó luego la secretaria Junge, le cogió las manos y dijo: â減ero si sabes perfectamente que voy a quedarme a tu lado. No voy a permitir que me saquen de aquíâ?. Hitler la besó en la boca; hasta entonces nadie le habia visto hacer un gesto semejante. Que Hitler no se quitara la vida ese mismo día -evitando así dos semanas más de guerra repletas de víctimas- es algo que los alemanes deben al secretario del Partido Martin Bormann y a los generales allí presentes, que esta vez le persuadieron con gran insistencia de que no todo estaba perdido. Finalmente Hitler se mostró de acuerdo con ellos. Porque ni siquiera en momentos aquellos faltaban fanáticos dispuestos a seguirle de buena gana.

    <<El ánimo, sin embargo, poco a poco fue decayendo en el refugio. â淟a gente ya no tenía allí nada que hacer. Sólo les preocupaba una cuestiónâ?, informa Freytag: â¿Cómo me voy a matar? ¿Tomo capsulas de cianuro o me pego un tiro?â?. El historiador Lakowski cifra en más de 100.000 los alemanes que pusieron fin a su vida voluntariamente, suceso este del quizás no exista precedente historico. Los nazis ya no eran capaces de seguir los avatares de la Historia mundial>>.

    <<En los sótanos bajo el edificio central del Gobierno había almacenados vinos y licores de calidad; la gente empezó a beber para combatir el miedo. Hacia la madrugada, el general Burgdorf perdía todo comedimiento y gritaba a su compañero de borrachera, el poderoso Bormann: â淣uestros jóvenes oficiales han muerto a cientos de miles. ¿Y para qué? Por vosotros, para satisfacer vuestra ansia de poderâ?. Krebs intentó detenerle infructuosamente, pero Burgdorf hizo caso omiso: â淒éjame, Hans, alguna vez hay que decir las cosas como sonâ?. Bormann se limitó a contestar: â淧ero, querido, no tienes por qué ponerte a hacer acusaciones personales. ¡Salud!â?>>.

    <<Cuando la 12ª División consiguió recuperar terreno en Postdam Hitler comenzó a fantasear con la liberación de la capital: â淟a noticia de que una división alemana ha roto el cerco por el Oeste correrá como un reguero de pólvora por Berlínâ?. Hitler recorría los pasillos con un plano de la ciudad, húmedo del sudor de sus manos, proyectando planes de ataque para unidades que ya no estaban en condiciones de hacer nada semejante. El entonces botones contó que el Führer parecía un sonámbuloâ?. Para otros moradores del refugio, el único rayo de esperanza eran los hijos de Goebbels, que vivían en el antebunker y jugaban en los corredores de la cripta de cemento del â渢ío Hitlerâ?. Freytag recuerda cómo llegaron con su madre, Magda, fanática nacionalsocialista: â淓ncabezaba la comitiva una dama de mediana edad, vestida con elegancia y de aspecto distinguido; la seguían seis niños alineados por altura como los tubos de un órganoâ?. En la madrugada del 28 de Abril, Hitler calculó que le quedaban todavía 48 horas. Exigía cada vez más iracundo que la Wehrmacht liberara Berlín. Pero no sucedía nada. Hitler gritaba: â¡Traición!â? El día antes ya había echado en falta al jefe de compañía de las SS Fegelein, representante de Himmler en el refugio. Agentes de Seguridad fueron en busca de aquel oportunista, criminal de guerra múltiple y cuñado de Eva Braun. Lo sacaron de su casa borrachoâ?.>>

    <<Mientras creyó en su futuro, Hitler no quiso casarse con Eva Braun. En su vida sólo había sitio para Alemania. Pero en aquella hora final decidió recompensar la fidelidad de su compañera. Goebbels se encargó de localizar a un empleado del registro civil. Esa noche, la secretaria Junge mecanografió el testamento político y personal de Hitler. El dictador exhortaba a la nación â渁l estricto cumplimiento de las leyes racialesâ? y â渁 ofrecer resistencia despiada al judaismo internacionalâ?. Designa nuevo gobierno. Cuando terminó su trabajo, la secretaria subió al antebunker a buscar comida para los hijos de Goebbels y se encontró con una verdadera orgía: â淯na fiebre erótica parecía haberse apoderado de todos. Por todos lados se veían cuerpos lascivamente entrelazados. Las mujeres dejaban al descubierto sus partes más íntimas sin el menor pudorâ?. Los miembros de las SS que habían salido a la caza de desertores trajeron a jóvenes berlinesas hasta la cancillería con la promesa de darles champaña.>>

    <<Hacia las 15:15 se despidió con un apretón de manos de Goebbels y de otros miembros de su séquito en compañía de su esposa, en medio del corredor Junge recuerda: â淪entí su mano derecha caliente en la mía. Me miraba pero no me veía; parecía estar muy lejosâ?. Eva Hitler sonrió y dijo con un sollozo: â渟alude a Baviera de mi parteâ?. A continuación el matrimonio desapareció en sus habitaciones. Nunca se sabrá con certeza qué es lo que ocurrió luego. Los moradores del bunker preparaban preparaban ya una huida que casi sin excepción desembocó en el cautiverio a manos de los soviéticos. Goebbels no. Goebbels quería suicidarse. Pero antes él y su mujer planearon el asesinato de sus seis propios hijos (12-4 años). Probablemente todos los adultos presentes en el refugio sabían lo que les esperaba a los hijos de Goebbels, y no hay nada que arroje más luz sobre el embrutecimiento de los moradores de aquel lugar que el hecho de que, ni siquiera tras la muerte del líder, nadie fuera capaz de detener a los padres>>.

    <<La II guerra mundial provocó la muerte de unos 50 millones de personas; cementerios diseminados del Cáucaso al Atlántico. Del cadáver del dictador ha quedado muy poco. Ni siquiera está claro que los restos calcinados que el contraespionaje soviético encontró en el jardín de la cancillería pertenezcan al dictador. Por lo que respecta al bunker, sólo quedan restos de cemento incrustados en la tierra; encima crece un jardín. Un bolardo se yergue en el lugar en que Bormann prendió fuego al cadáver de Hitler>>.


                    Extractos de: Klaus Wiegrefe, en El País semanal, 19 Sep 2004

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Comentaris

Re: Un final de un Imperio, Adolf Hitler y 鈥渟u lucha鈥? (filme 鈥淓l Hundimiento鈥?).
01 oct 2004
Això que merda és, no sabies com fer-ho per posar el careto d'aquest maleit cabron, si us plau retirem aquesta escoria que atufa a nazisme amb bones paraules. Tota l'ambigüitat i certa benevolència com ens tenen acostumats els revisisonistes d'extrema dreta.

A aquest paio no el vull veure ni en pintura

Fora nazis d'indymedia.
Re: Un final de un Imperio, Adolf Hitler y 鈥渟u lucha鈥? (filme 鈥淓l Hundimiento鈥?).
01 oct 2004
esto de k era amigo de stalin i tenia sus primeras tendencias socialistas es mentira es falso.......desde bien joven haxaco al marxismo todos los males. es mentira todo lo k dice este nazi
Re: Un final de un Imperio, Adolf Hitler y 鈥渟u lucha鈥? (filme 鈥淓l Hundimiento鈥?).
01 oct 2004
pugggh
Re: Un final de un Imperio, Adolf Hitler y 鈥渟u lucha鈥? (filme 鈥淓l Hundimiento鈥?).
01 oct 2004
Socialismo es crear hombres-máquina...incapacitados para pensar, para decidir, para amar...si para odiar!
Esa gente no era socialista...aunque si sociologista ya que con buenas dosis de sociologia y estudio del comportamineto humano supieron ver el filón que lleva a la denigración humana, en su estado más puro...el Nazismo.
Muerte a los tuyos, por encima de la muerte de los otros...eso es socialismo?ja!
Aqui en el Estado Español...Partido Popular dota al pueblo de Nacionalismo (el imperialista español)...dota al pueblo (como buen sociologo...)de 1 enemigo...de fuera (Islam por ejemplo...enemigo de mayor abasto que el clásico:ETA), con este enemigo que además beneficia al burgués español, pero no al Pueblo del Estado español, el PP crea malestar en esa enseñada masa popular nacionalista, española, claro está (la del imperio!). Ya tienes el Nacionalsociologismo...porque de socialismo, nada!
Salut Revolució i als politics...ni H2O!!!
Re: Un final de un Imperio, Adolf Hitler y 鈥渟u lucha鈥? (filme 鈥淓l Hundimiento鈥?).
02 oct 2004
¿ Provocación ? ¿ Intento de afiliación a su ideología ? No sé, sois cuatro gatos, no perdáis el tiempo. Aquí lo hacéis
Re: Un final de un Imperio, Adolf Hitler y 鈥渟u lucha鈥? (filme 鈥淓l Hundimiento鈥?).
02 oct 2004
Vaig néixer el dia 26 desembre de 1930. A Madrid hi havia el rei Alfons XIII i governava el general Dámaso Berenguer, per tant aviat arribaria la República. Era el període anomenat dictablanda. Període d’autoritarisme, encara que no tant dur com amb Primo de Rivera. He viscut en dictadura gairebé tota la vida i, ara que escric aquestes ratlles, a Madrid fa vint-i-vuit anys que hi torna a haver un rei, Joan Carles I, nét del que es va haver d’exiliar. Monarquia quan vaig néixer i monarquia ara. Capicua. Així s’obre i es tanca el cercle d’una vida.
Tenia cinc anys i mig quan va començar la Guerra Civil. Això vol dir que els meus primers records són d’aquella època. Potser d’una mica abans, com el record d’aquell 12 de febrer de 1936, quan es van celebrar les últimes eleccions en què es va poder votar en llibertat –les següents serien el 15 de juny de 1977–, que va guanyar el
Front Popular i que van obrir el camí a la República. Els meus pares van anar a votar al mercat de Sant Lluís de Lleida, on ara hi ha l’estació d’autobusos. Allò de votar a mi em va fer molta gràcia i, pel camí, a la anada i a la tornada, vaig anar botant pel carrer.
La casa on vivíem tenia sortida al carrer Major i a l’avinguda de Blondel, coneguda com la Banqueta, que formava part de la carretera N-II. Recordo durant la guerra el
pas dels camions, carregats de soldats, camí del front d’Aragó. Un dia van passar a peu pel carrer Major. Per evitar possibles franctiradors, uns quants anaven al davant amb els fusells enlaire, menant a la gent que pugés les persianes dels balcons. Van dir que era la columna de Durruti, a la qual després es responsabilitzaria de la crema de la catedral nova, l’única destruïda pel foc a Catalunya.


La mare volia autocensura

Hi ha episodis a la vida que podem tardar anys a interpretar. Per exemple, el que em va passar un dia de l’estiu de 1940, quan tenia nou anys i m’examinava de la prova
d’ingrés al batxillerat als maristes de Lleida. Havíem de fer una redacció de tema lliure, i jo, en lloc d’escollir una cursileria paisatgística o primaveral, vaig triar el bombardeig de la meva ciutat, el 2 de novembre de 1937, en el qual havia mort el meu pare. Podríem dir que vaig fer un reportatge retrospectiu. Aquell dia la posició de les estrelles devia emetre algun senyal que indicava el meu futur
professional.
No ha d’estranyar que em decidís per aquell tema. Era el que més havia sentit explicar a casa durant els últims anys. Quan vaig acabar, em va semblar que me n’havia sortit molt bé. Però, en arribar a casa, quan la meva mare se’n va assabentar, esparverada i apocalíptica, va anunciar que a partir d’aquell moment totes les desgràcies caurien sobre la família, perquè no se’n podia parlar, d’aquella versió del bombardeig que jo sempre havia sentit explicar. Ara diríem que no era políticament correcta, ja que els que havien llançat les bombes havien elaborat una altra versió que pretenia endolcir la salvatjada. A més, es veu que jo havia d’amagar que al meu pare l’havien mort
els vencedors. Sense adornar-me’n, vaig perdre la innocència en la transgressió de parlar del que no convé. Posteriorment he vist que aquell dia, a casa, vaig rebre la primera lliçó sobre la malícia amb què de vegades es poden interpretar les
paraules i sobre el cost i els riscos que pot comportar la veritat. Per sort no es va complir cap dels auguris que havia pronosticat la meva mare; ella, però, hauria estat més tranquil·la si jo hagués optat per l’autocensura. Aquesta experiència llunyana sempre l’he recordada, sobretot perquè la vida va fer que la narració i el comentari de fets fossin el meu ofici.


Un tema sobre el qual no havia escrit mai

No m’agrada parlar del bombardeig de Lleida. A part d’aquell dia llunyà, a l’escola, serà la primera vegada que escric sobre aquest tema, tot i que m’ho havien demanat molts cops en diversos estudis sobre la Guerra Civil. Sempre he rebutjat l’oferiment per respecte a la meva mare i perquè a casa consideràvem que aquest assumpte era una qüestió estrictament privada, tot i que el nostre drama familiar va adquirir una dimensió pública arran d’unes imatges que es van fer tristament famoses. Parlaré de la
fotografia en la qual apareix un home mort, estès a terra. És el meu pare. Al seu costat hi ha una dona que plora. És la meva mare. A desgrat nostre, l’escena s’ha convertit en una imatge emblemàtica de la Guerra Civil, quasi tant com la fotografia que va fer Robert Capa d’un milicià republicà que cau mort al front de Cerro Murriano (Còrdova) el setembre de 1936. Sempre que m’han proposat escriure sobre aquell moment he respost que no, perquè em semblava que era impúdic explotar el dolor d’una família quan la tragèdia havia estat col·lectiva. Ho veia com l’apropiació d’un drama que havien viscut centenars de milers de famílies. Per respecte a aquestes famílies i als seus morts no podia parlar del nostre cas. Si ho faig ara és perquè en repassar la meva vida és inevitable i perquè, al llarg dels anys, de vegades aquella imatge –i d’altres– no s’ha publicat tal com hauria calgut segons l’ètica del periodisme i de l’edició. L’experiència que en tinc fa que em reafirmi en la idea que treballem de manera poc acurada.
El dia 2 de novembre de 1937, quan estava a punt de fer set anys, cap a les tres de la tarda, nou avions Heinkel de la Legió Condor, procedents de Saragossa, van deixar
caure més de 12.000 quilos de bombes sobre Lleida, seguint la ruta, paral·lela al Segre, de l’avinguda de Catalunya, Blondel, carrer Major, Sant Joan, placeta de la Sal i Rambla de Ferran, el centre de la ciutat d’aquells moments. Precedint-los, en vol rasant, un caça havia deixat anar una pluja de metralla. En pocs segons la ciutat es va
convertir en un paisatge dantesc de pols i runes, amb un balanç d’uns 300 morts. Ni una sola bomba va caure sobre un objectiu que es pogués considerar militar i totes les
víctimes van ser civils. El grup més nombrós van ser els nens i nenes del Liceu Escolar, l’escola avançada de Lleida, fundada l’any 1906 pel pedagog i líder a Lleida de la Joventut Republicana Frederic Godàs, una escola que encara avui recorden els que hi assistiren.
És on havia de ser jo aquell dia i en aquella hora. Era l’escola que em tocava –a uns centenars de metres de casa meva– i ja tenia l’edat per anar-hi. Però no m’hi van poder matricular a causa del desgavell que hi va haver els primers dies de curs, agreujat per la nombrosa població d’altres zones refugiada a Lleida.
Recordo que em vaig passar un parell de dies assegut en una escala, igual que altres nois i noies, esperant que ens cridessin, i, mentre esperava, des del meu particular observatori vaig poder contemplar l’esquelet d’una persona adulta, sens dubte destinat a l’estudi de l’ossada humana. Cansats d’esperar, els meus pares van decidir treure’m
d’allí. Al cap i a la fi, es donarien per satisfets si aquell curs començava a interpretar el so de les lletres i a reproduir-les sobre un paper. I això també ho podia aconseguir una senyora gran que ensenyava a llegir i a escriure a altres marrecs a casa seva, al carrer Major.


El règim no pagava pels morts que causava

La nit d’aquell 2 de novembre la vaig passar, amb altres nens, a casa d’aquesta senyora, on em trobava quan van començar a caure les bombes a primera hora de la
tarda. L’edifici va quedar parcialment destruït. Els més grans van fugir entre les runes, però els més petits ens vam quedar atemorits fins l’endemà, quan vam ser rescatats. Vaig passar la nit en aquella casa del carrer Major, a menys de cent metres de la farmàcia Pons, on el meu pare era l’encarregat i on va quedar enterrat el seu cos, a la porta i sota les runes. A l’edifici del costat vivíem nosaltres, i allà es van quedar aquella nit la meva mare i la meva germana Maria, de quatre anys, suposo que acompanyades d’algun familiar que havia arribat d’Arbeca. Tres escenaris
molt propers, tots tres al carrer Major, sense saber res els uns dels altres.
Quan escric aquestes ratlles han passat seixanta-sis anys, però la xifra de morts que va causar el bombardeig de Lleida encara és incerta. En un intent de fer desaparèixer
proves d’aquella barbaritat, sembla que els fulls d’aquells dies del Registre Civil van ser arrencats pels vencedors i quan, ja en democràcia, pels volts del 1979, vaig
iniciar la tramitació d’una petita pensió de viduïtat de guerra per a la meva mare, em vaig trobar amb la sorpresa que la relació de morts d’aquell dia no constava judicialment.
La raó que va donar el funcionari de torn –ja en temps constitucionals– va ser que, amb l’enrenou d’aquells moments, ningú no s’havia preocupat de fer una llista de víctimes. El nom del meu pare només consta en l’acta d’una sessió plenària de l’Ajuntament, en la qual s’expressa el condol de la ciutat als familiars dels morts.
Aquest paper municipal, però, no servia de res, i es va haver de seguir la tramitació de l’expedient de defunció al jutjat. Aleshores governava l’UCD i tots els grups parlamentaris havien aprovat aquelles mòdiques pensions, que afectaven centenars de milers de persones. Eren prop de 40.000 pessetes mensuals. Les primeres que rebia la meva mare des que s’havia quedat vídua, quasi mig segle abans. El règim no pagava pels morts que havia causat. Un cop acabada la guerra, el franquisme havia de donar alguna explicació d’un fet criminal que no buscava altra cosa que atemorir i desmoralitzar la població civil. Van dir que les bombes s’havien llançat contra objectius militars, però que malauradament, devien haver-se desviat de la trajectòria prevista. També van dir que el bombardeig de Lleida havia estat la resposta al que suposadament s’havia produït el dia abans, festa de Tots Sants, sobre el cementiri de Saragossa, que estava atapeït de gent que retia tribut als seus morts. Això no s’ha pogut comprovar mai, però aquesta és la versió correcta, la que la meva mare hauria volgut que escrigués quan vaig fer la prova d’ingrés al batxillerat.


La fotografia i el cine, testimonis

Del bombardeig de Lleida, no n’ha quedat una obra com la que Gernika va inspirar a Picasso. Però la fotografia i el cinema han deixat un ampli testimoniatge de denúncia
d’aquell fet. De fotografies, a casa en vam veure en acabar la guerra en retalls de premsa nacional i estrangera i en el quadern monogràfic editat pel Comissariat de Propaganda de la Generalitat en la col·lecció Visions de guerra i de rereguarda, que va guardar la branca familiar que teníem a Calella de la Costa. Des de petit vaig veure sempre a casa aquelles imatges, que després, en la democràcia, es convertirien en cartell, il·lustrarien llibres i es mostrarien en exposicions.
Vaig tardar molts anys, però, a saber que el bombardeig també estava documentat en cinema. En vaig tenir notícia el març del 1965. La sortida al carrer del diari Tele/eXprés, sis mesos abans, ens havia exigit un gran esforç i necessitava descansar. Amb la meva dona vam decidir anar una setmana a París, en un petit hotel de la plaça de la Republique; al costat mateix, en un cinema d’art i assaig, anunciaven la pel·lícula Mourir à Madrid, que jo tenia ganes de veure, conscient que, en aquelles circumstàncies, no la farien mai a Catalunya. Era un programa doble, juntament amb Que viva México, del director soviètic Serguei M. Eisenstein. Aquella mateixa tarda vam entrar al cine i, amb gran sorpresa, vaig descobrir que aquelles imatges que havia vist tantes vegades en fotografia fixa existien també en moviment. Jo no tinc consciència de quina va ser la meva reacció, però la Carme assegura que se’m va escapar un crit i que, en la foscor de la sala, la gent que teníem al davant es va girar. He vist seqüències semblants després en altres films, en sèries documentals
de la televisió i fins i tots en sèries de ficció, com en un dels últims capítols de Temps de silenci. D’aquelles imatges –sobre paper o en moviment–, se n’ha tret molt rendiment.
Re: Un final de un Imperio, Adolf Hitler y 鈥渟u lucha鈥? (filme 鈥淓l Hundimiento鈥?).
02 oct 2004
Salut "J Pernau", endavant, valor i justicia!!!
D'un fill acollit a Lleida...una ciutat de lluita!!!
Salut Revolució i Lleida llibertaria sempre!!!
skinheads Arbeca
19 gen 2006
Bones desde aqui informar que la pel.licula ere una farsa socm els skinheads de arbeca i no bulem beure bones critiques de algo que es fals
Sindicat