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Anàlisi :: ecologia
EL AUTOMOVIL: UNA ENFERMEDAD MORTAL
23 set 2004
EL AUTOMOVIL: UNA ENFERMEDAD MORTAL


Por: Marcelo Colussi (especial para ARGENPRESS.info)

* (Fecha publicación:22/09/2004)



A escala mundial cada dos minutos muere una persona por causa de un
accidente automovilístico; de esa cantidad, alrededor de un 60 % son
peatones. En estos momentos ese hecho constituye la décima causa de muerte
en términos globales, y de mantenerse la tendencia actual, para el año 2020
será la tercera. Estamos por tanto - sin ningún lugar a dudas - ante una
'epidemia' en términos de política pública de salud; es, como dice la
epidemiología, una 'catástrofe oculta'. Siguiendo ese ritmo entonces, la
prospectiva indica que en un par de décadas el 25% de los gastos mundiales
en salud se dedicarán a la atención de víctimas de accidentes viales, lo
cual incidiría muy negativamente en la viabilidad financiera de las
políticas sanitarias en términos planetarios.

Desde la aparición del automóvil, hace un siglo aproximadamente, su
crecimiento ha seguido un ritmo vertiginoso como ningún otro bien industrial
en toda la historia. Sin embargo esa prosperidad económico-industrial se ha
dado a costa de crear artificialmente un problema sanitario nuevo, de
proporciones gigantescas, con el agravante de constituirse además en uno de
los factores de desastre medioambiental más grande que existe.
EL AUTOMOVIL: UNA ENFERMEDAD MORTAL


Por: Marcelo Colussi (especial para ARGENPRESS.info)

* (Fecha publicación:22/09/2004)



A escala mundial cada dos minutos muere una persona por causa de un
accidente automovilístico; de esa cantidad, alrededor de un 60 % son
peatones. En estos momentos ese hecho constituye la décima causa de muerte
en términos globales, y de mantenerse la tendencia actual, para el año 2020
será la tercera. Estamos por tanto - sin ningún lugar a dudas - ante una
'epidemia' en términos de política pública de salud; es, como dice la
epidemiología, una 'catástrofe oculta'. Siguiendo ese ritmo entonces, la
prospectiva indica que en un par de décadas el 25% de los gastos mundiales
en salud se dedicarán a la atención de víctimas de accidentes viales, lo
cual incidiría muy negativamente en la viabilidad financiera de las
políticas sanitarias en términos planetarios.

Desde la aparición del automóvil, hace un siglo aproximadamente, su
crecimiento ha seguido un ritmo vertiginoso como ningún otro bien industrial
en toda la historia. Sin embargo esa prosperidad económico-industrial se ha
dado a costa de crear artificialmente un problema sanitario nuevo, de
proporciones gigantescas, con el agravante de constituirse además en uno de
los factores de desastre medioambiental más grande que existe.

Lo curioso, no obstante, es que el problema no es abordado en esa
perspectiva. Si bien los diversos Estados del planeta reconocen en general
que hay ahí un factor a resolver, las medidas que se toman no están a la
altura de la gravedad de los acontecimientos, por lo que la visión a futuro
en este ámbito no se muestra muy prometedora.

Cualquier epidemia, en tanto se constituye en un problema sanitario,
rápidamente pone en marcha medidas que tienden a evitar su propagación, su
ampliación. En el caso de los accidentes de tránsito significativamente no
ocurre eso. Es obvio que hay intereses creados para que ello no suceda. La
industria del automóvil, y la del petróleo que va de su mano, son dos
sectores industriales de los más grandes en el mundo moderno. La tendencia
en marcha busca su ampliación. De esa cuenta el desastre sanitario en juego
no encuentra una verdadera contención, sino solo remiendos cosméticos.

La gran industria de la fabricación de vehículos automotores para uso
individual ha transformado la cultura del siglo XX; tener auto propio es
sinónimo de progreso - aunque haya 'epidemia' de accidentes y contaminación
a niveles demenciales. El mercadeo de estos productos ha alcanzado ribetes
por demás de sutiles, logrando hacer del consumo del carro privado una
necesidad casi de primer orden. Para los primeros veinticinco años del siglo
en curso las grandes corporaciones de fabricantes de automóviles estiman
vender mil millones de unidades en los países del Sur. Vehículos,
obviamente, que habrá que alimentar - no con agua, no con energía eléctrica
ni solar, sino con petróleo, el mismo por el que se siguen produciendo
guerras e invasiones.

En tanto haya cada vez más automóviles circulando, no hay real solución a la
problemática de los accidentes: la epidemia - o pandemia, más precisamente -
no puede ceder. Y no puede hacerlo por varios motivos inmodificables: 1) la
cantidad de vehículos en movimiento es tan grande que torna matemáticamente
imposible evitar un porcentaje de accidentes. Al respecto no hay medidas
técnicas que puedan evitarlo: ni nuevos sistemas de frenos, ni mecanismos de
guiado automatizado que minimicen al máximo el error humano. Mientras haya
cuerpos en movimiento, necesariamente habrá colisión entre algunos de ellos.
2) Los conductores de esos aparatos son seres humanos, y los seres humanos
somos falibles. Por otro lado - ahí está la llave del negocio justamente -
de lo que se trata es que cada vez más gente disponga de su auto privado,
que lo maneje, que lo renueve cada tanto. Quienes los manejamos somos
ciudadanos comunes muy precariamente capacitados, y no pilotos profesionales
(como sucede con otros medios de transporte: aéreos, acuáticos); por tanto,
el grado de impericia conductual es imposible de ser reducido. Conclusión:
no hay modo alguno, con esa tendencia, que pueda reducirse el número de
accidentes. 3) Psicológicamente considerado, todo conductor de automóvil
dispone de un medio que le permite dejar aflorar legalmente su violencia. La
agresividad humana se manifiesta de las más variadas formas: el conducir es
una de las más horrendas. Disponer de un carro es disponer de un arma - los
peatones atropellados (60 % de las víctimas de accidentes de tráfico) pueden
testimoniarlo de modo fehaciente. Este tenor agresivo que nos surge tras un
volante, valga aclararlo, no es en modo alguno patológico; es lo más común y
esperable que pueda suceder.

Todo esto es sabido; por tanto algo sucede que no permite su modificación
real. Con las armas ligeras en manos de civiles, con el tabaco más
recientemente, al ver su potencialidad mortífera, al ver su grado de
incidencia nociva en tanto epidemia, se tomaron severas medidas correctivas.
Pero con la industria del automóvil/petróleo ello no sucede.

Apelar a la educación vial - la experiencia lo confirma - definitivamente no
basta para modificar la situación. Puede ayudar, sin dudas, pero no
disminuye en forma drástica el porcentaje de víctimas. La mejora técnica en
las condiciones de seguridad de los vehículos tampoco aporta soluciones de
fondo: la prueba está en que el grado de accidentalidad, en vez de reducir,
sigue aumentando. Considerando entonces que de las tres causas más arriba
apuntadas las dos últimas no pueden cambiarse, queda por actuar sólo con la
primera: para reducir el número de muertos y heridos por accidentes de
tránsito no hay otra posibilidad que reducir el número de carros en
circulación.

He ahí una verdadera opción práctica, concreta y posible, a este fenómeno de
la accidentalidad vial. Claro que ello implica una disputa contra factores
de poder del más alto rango. ¿Quién y de qué manera le pone hoy el cascabel
al gato? Modestamente podríamos empezar por un cambio de actitud personal,
pese a la avalancha de propaganda consumista en sentido contrario: también
se puede vivir sin automóvil privado. Podemos luchar por medios de
transporte público de óptima calidad que, combinado con la decisión de no
seguir consumiendo carros individuales, pueden constituir un interesante
camino alternativo y una respuesta eficiente a esta enfermedad mortal.


* Marcelo Colussi. Psicólogo y licenciado en filosofía. Italo-argentino,
desde hace 15 años vive y trabaja en el ámbito de los derechos humanos en
Centroamérica. Ensayista y escritor, ha publicado en el campo de las
ciencias sociales y en la narrativa.

http://www.argenpress.info/nota.asp?num=014430

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No a los días sin coches: Sí al uso racional y sistemático de los transportes alternativos

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=5007



Comunicado de Cercle Obert de Benicalap


Vivimos obsesionados por las modas, las celebraciones y las fiestas. De cualquier tema, asunto o conflicto logramos crear una excusa adecuada y perfecta para organizar un evento festivo y propiciar el consumo de noticias, llaveros, pegatinas... Incluso los temas solidarios han sido devorados, fagocitados por el sistema, convirtiéndose en meras y burdas pantomimas para ocultar la gravedad de numerosos problemas que siguen aumentando.

Tratar superficialmente determinados problemas que condicionan y nos afectan de manera directa y continua es grave, pues no ayudan a conocer las causas y plantear las debidas medidas correctivas y/o paliativas.

El día sin coches, el día del emigrante, el día de los sin techo, el día del padre separado, el día del árbol, el día del enfermo de SIDA, el día del alcohólico, el día del político, el día del especulador, el día del genocida, el día del poeta, el día del niño, el día del preso, el día del abogado, el día del periodista...

Hay demasiados días en el calendario, pero todos son un buen motivo, una buena oportunidad para hacer negocio, para hacer caja. Y los temas solidarios y humanos también facilitan y favorecen el lucro de unos pocos avispados, pues son asuntos que calan profundamente en el espíritu de todos los mortales.

La intensa contaminación y degradación ambiental y emocional que el incesante tráfico privado produce en los núcleos urbanos, rurales... es una realidad cercana, que todos conocemos muy bien. Igualmente es noticia diaria la situación de crispación cívica que produce y alimenta la permanente y creciente contaminación acústica, lumínica, residual...

Valencia es una de las ciudades con mayores niveles de contaminación y degradación de toda España, aunque carece de las medidas y recursos públicos para paliar, atajar o evitar tanto conflicto. La desidia institucional es algo ya habitual que padecemos y sufrimos todos los días, provocando un malestar ciudadano que va en aumento.

Desde hace años existe la extraña moda de celebrar con gran algarada el D�A SIN COCHES, un acto que no sirve para estimular el uso del transporte público y alternativo en las congestionadas y cada día menos habitables ciudades, dado que esos eventos festivos no vienen acompañados de programas sistemáticos que favorezcan la creación de redes de carril bici, medidas de apoyo fiscal a los usuarios que utilicen el transporte público...

Los ciudadanos tenemos la obligación urgente de exigir a la administración pública que abandone definitivamente ya esas modas obscenas, solicitando que procedan a la creación de verdaderos programas destinados a favorecer el uso sistemático de la bicicleta, generando y extendiendo los circuitos de carril bici en el entorno urbano, ampliando los espacios peatonales e incentivando el uso de los transportes públicos. También debemos requerir a nuestros representantes que se olviden de sufragar caprichos y cuestiones superfluas, destinando mayor presupuesto para luchar contra la contaminación acústica, lumínica, residual... No es lógico ni prudente seguir destinar nuestro dinero para usos triviales que en nada benefician al conjunto del tejido social.

Acabar con el despilfarro, el derroche y la banalidad que hoy en día constituyen los Días sin coche, es una obligación urgente, pues todos sabemos que no tienen utilidad ni eficacia alguna.

Y también es básico, realmente urgente, que la administración utilice sus recursos (humanos, técnicos y financieros) para promover una cultura urbana propicia al paseo, al uso racional de los transportes públicos, mejorando e incrementando el parque de autobuses, tranvias, metro, bicicletas, taxis... Igualmente es pertinente que desde la escuela se favorezca y se estimule la sensibilidad personal y colectiva (alumnos, profesorado y personal no docente), de lo conveniente y saludable que es abandonar el uso del vehículo privado en trayectos cortos, recurriendo al uso de las otras alternativas públicas de transporte.

Crear un servicio de alquiler de bicicletas, controlado y gestionado por los ayuntamientos, así como premiar a los empleados públicos, trabajadores, estudiantes... que utilicen de forma sistemática y habitual todos los medios alternativos de transporte... son medidas positivas y rentables.

Ha llegado la hora de olvidarse de las fiestas y los días sin... y empezar a considerar que todos los días merecen ser vividos de forma racional, respetuosa, sencilla, amable, evitando la hostilidad y agresividad que potencia el uso del vehículo privado en las saturadas y contaminadas urbes actuales.

Antonio Marín Segovia
Cercle Obert de Benicalap - Iniciativas Sociales y Culturales de Futuro

Benicalap - Valencia, a 16 de septiembre de 2004

antoniod17 ARROBA ono.com

645.75.95.91 - 96.323.43.53

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=5007
Mira també:
http://www.iberica2000.org/Es/
http://www.nuncamas.net/

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