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Notícies :: corrupció i poder : criminalització i repressió
Ley, sociedad y urbanismo; a propósito del plan del Cabanyal - Sentir la ciudad...
17 set 2004
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Sentir la ciudad como parte de nuestro cuerpo, de nuestra vida....



Antonio Marín Segovia
Cercle Obert de Benicalap

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=4784


El actual desarrollo que experimentan todas las ciudades del litoral es una evidencia visible a simple vista, a pesar del estancamiento demográfico que padece la sociedad española. La modificación vertiginosa de los paisajes urbanos, en aras a satisfacer ciertas presiones especulativas de grupos inmobiliarios es, incuestionablemente, una realidad. Ese desmesurado resurgir de la construcción, evita un crecimiento mesurado que procure adaptarse y respeter las necesidades ciudadanas, culturales, ambientales....

Hoy en día se planifica y se crean espacios arquitectónicos lejos de las necesidades inmediatas de los ciudadanos, lejos de la necesidad de respetar y conservar ciertas herencias ambientales, artísticas, emocionales... Pero todos, empresarios, políticos e, incluso ciudadanos aceptamos "complacidos" y "resignados" esas innovaciones urbanísticas en nombre del futuro, un futuro que se vende como extraordinario y grandioso...

La regla de oro de nuestro sistema neoliberal es que el motor económico español lo encabeza el pujante sector inmobiliario, debiendo permanecer en marcha pase lo que pase. En mi humilde opinión, sería positivo intentar reconducir ciertos esfuerzos financieros al campo de la rehabilitación y de la recuperación de nuestros vestigios históricos y naturales. También pueden y deben dar beneficios de todo tipo, incluso económicos, pues diversifican y crean nuevos caminos, recuperando profesiones y ofreciendo una imagen de mayor calidad y respeto por nuestras numerosas raices históricas. El turismo de sol y playa padece una recesión real, siendo imprescindible resucitar otras iniciativas.

A pesar de la proliferación de construcciones, equipamientos gigantescos, diseminación de mobiliario urbano y trazado de gran cantidad de vías para la circulación de vehículos... las ciudades han experimentado una evidente y lamentable perdida de espacios para el encuentro sereno, para el ocio y la relajación. Las plazas tradicionales, ubicadas en los diversos y variados centros históricos y tradicionales de nuestras ciudades, han sucumbido ante los nuevos usos y abusos del consumismo imperante, transformándose en núcleos propicios para el urgente entretenimiento nocturno, con todos los problemas añadidos que producen.

A la vez, gracias al aumento de la circulación privada y al deterioro y abandono de políticas de transporte público eficaces y combinadas, han emergido con fuerza los siempre presentes fenómenos de contaminación y degradación en la convivencia diaria: ruidos, luces excesivas, incremento de los humos, detritus y residuos urbanos... Es ya una imagen normal asistir al incendio de numerosos vehículos abandonados en las calles de las ciudades. Ya forma parte de nuestro paisaje cotidiano el incendio y la rotura de cabinas, marquesinas, bolardos, papeleras, contenedores...

El ciudadano, independientemente de las instituciones públicas, debe ser consciente de que también forma parte fundamental del paisaje urbano. En consecuencia, todos debemos lograr que la participación y el control de futuros desarrollos e iniciativas urbanísticas, ambientales, culturales, asistenciales... cuenten con el visto bueno de los principales afectados y destinatarios.

No es una ingenuidad exigir y demandar una participación activa y directa en todos los procesos que puedan evitar lesiones en el paisaje urbano. Nuestra salud emocional y afectiva viene determinada y definida gracias a la existencia de cuerpos urbanos saludables, donde todas las partes que integran ese paisaje tienen una función determinada en aras a lograr el bienestar y la convivencia armónica de todos los que formamos parte de ese tejido vivo, dinámico que es una ciudad.

Para obtener y mantener salud y bienestar en todo tiempo y lugar, el ciudadano debe pasar de ser un mero espectador -que asiste sumiso a ciertos rituales electorales en fechas determinadas-, a tener consciencia y asumir plenamente que es un creador de opinión, un impulsor de propuestas, un denunciante activo de todo aquello que pueda ocasionar nuevos y lacerantes problemas y perjuicios a la convivencia personal y colectiva.

¿Pueden nuestros representantes y empresarios financieros e inmobiliarios entender que todos tenemos arte y parte en la gestación, nacimiento y cuidado de nuestros espacios urbanos?

¿Pueden comprender que incluso los espacios privados deben cumplir y acatar ciertas normas públicas para lograr que el conjunto de la morfología urbana pueda ser saludable y aporte bienestar al conjunto del tejido social?

Pasar de las declaraciones, principios y de las buenas intenciones electorales a impulsar unos cauces participativos plurales, abiertos y sistemáticos en temas tan transcendentales y costosos como son el diseño de nuestras ciudades, la conservación y recuperación de nuestros espacios naturales y artísticos, es una tarea ineludible e inaplazable.

No hay que tener miedo a la hora de que los ciudadanos podamos conocer (e influir) en las propuestas de los arquitectos, empresarios, promotores y políticos. También nosotros somos una parte vital del paisaje y del futuro de nuestra gran casa que es una ciudad. Todas las partes de esa gran morada, precisan una atención y un cuidado común. La ciudad es nuestro cuerpo y debemos mantenerlo en buen estado, en forma, libre de epidemias y conflictos que puedan trastornar nuestro futuro inminente.

Nuestra reflexión aquí esbozada es una sugerencia que esperamos pueda ser analizada y complementada con otras aportaciones e iniciativas.


Antonio Marín Segovia
Cercle Obert de Benicalap
Iniciativas Sociales y Culturales de Futuro

antoniod17 ARROBA ono.com





Valencia, a 11 de septiembre de 2004

http://www.iberica2000.org/

http://www.nuncamas.net/



Ley, sociedad y urbanismo; a propósito del plan del Cabanyal

Levante EMV - Viernes, 17 Sep 2004
JUAN LAGARDERA


Casi todos los historiadores de la contemporaneidad saben que fue en el arranque de la segunda mitad del siglo XIX cuando el segundo emperador bonapartista, Napoleón III, encomendó al barón Haussmann la ordenación de un nuevo París, y que este último con ayuda de dos leyes instrumentales -una de expropiaciones, aventajada de la controvertida LRAU valenciana, y otra de carácter higienista- planificó una nueva ciudad de anchos bulevares, una ciudad que acabó con los callejones medievales del centro de París, pegados a los centros administrativos del poder. En esos callejones vivían buena parte de los obreros y estudiantes que protagonizaron las barricadas revolucionarias de 1830 y 1848 -la primera, la del célebre cuadro de Delacroix que en nuestro MuVIM utilizan para ilustrar la Toma de la Bastilla de 1789-.

Tanto el emperador como el urbanista tenían como objetivo acabar con aquel frenesí de levantamientos parisinos. Ese y no otro es el origen, ideológico aunque pragmático, de las grandes avenidas actuales. Cuestión distinta es que la ciudad surcada de amplios bulevares sea más funcional para los flujos actuales del tráfico que han multiplicado por cientos las necesidades de espacio viario desde los tiempos decimonónicos. Sin embargo, entonces como ahora, las leyes se elaboraban para sostener los planes. Eso es lo que, además, había anunciado poco menos el Partido Popular cuando supo que en el Tribunal Superior de Justicia la causa de la prolongación de la Avenida de Blasco Ibáñez -otro higienista- podía sufrir un revolcón; de ahí su anunciado aunque non nato proyecto de ley para modificar la actual legislación sobre patrimonio, la misma que parecía proteger al Cabanyal.

No hará falta, sin embargo, ningún cambio legal porque el TSJ ha dado la razón, finalmente, a los partidarios de la prolongación, por un margen muy ajustado y con la incorporación de un voto particular por parte de los magistrados que han quedado en minoría, voto donde explicarán las razones para oponerse al plan del Ayuntamiento de Valencia. Queda el Supremo, desde luego, y queda, probablemente, que el propio grupo popular del consistorio está cansado de un proyecto tan salpicado de emboscadas y problemas.

Pero lo crucial del plan del Cabanyal, aquello que realmente importa y que diferencia la sociedad actual de la del segundo Imperio, es lo imprudente hoy en día de acometer proyectos urbanos con un alto grado de rechazo social, un coste inaceptable para una sociedad democrática avanzada por mucha ley que ampare a las retroexcavadoras. Ese es el meollo de la cuestión, el que distingue una época autárquica de un presente necesariamente plural, máxime cuando al lado de la causa del Cabanyal no sólo se han pronunciado afectados y agraviados, sino importantes figuras, algunas de talla mundial -Bohigas, Siza, Nouvel- en el campo del propio urbanismo. No se niega a la administración la capacidad de programar cuantas avenidas guste, lo que se observa es la necesidad de tomar en consideración los síntomas de los administrados.
Mira també:
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=4784
http://www.eltorrenti.com

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Comentaris

Re: Ley, sociedad y urbanismo; a propósito del plan del Cabanyal - Sentir la ciudad...
17 set 2004
por favor no publiquéis imágenes en formato bmp. es un formato superpesado (las imágenen ocupan muchísimo espacio/ancho de banda) y no aporta nada que no puedan ofrecer otros formatos más ligeros como jpg, png o gif. si tenéis una imágen en formato bmp que queréis publicar por favor convertirla antes con cualquier programa tipo gimp, image magick, photoshop, ... a uno de los formatos mencionados
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