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Notícies :: guerra
Y ahora, ¿Irán?
11 set 2004
Y ahora, ¿Irán?

Adrián Mac Liman *

Agencia de Información Solidaria

http://www.nuncamas.net/

11 de Septiembre de 2004



Condoleezza Rice está preocupada. Y, por si fuera poco, la asesora para cuestiones de seguridad de la Casa Blanca pretende que las demás naciones, el conjunto de los habitantes del planeta Tierra, compartan su inquietud. No se trata, en este caso concreto, del constante deterioro de la situación en Irak, primer eslabón del eje del mal liberado por el ejército estadounidense, sino del peligro que supone para la humanidad el... programa nuclear iraní, un operativo llevado a cabo con suma discreción (aunque no con sigilo) por el régimen teocrático de Teherán.

En unas declaraciones formuladas recientemente ante las cámaras de las grandes cadenas de televisión estadounidenses, la consejera de George W. Bush aludió a "la preocupación y el temor" del mundo libre ante el incumplimiento por parte del régimen de los ayatolás del Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares (TNP), insinuando que los clérigos iraníes están empeñados en producir armas atómicas. Ni que decir tiene que se trata de meras suposiciones, de acusaciones sin fundamento. En efecto, conviene recordar que durante sus frecuentes visitas de inspección a las instalaciones nucleares iraníes, el director ejecutivo de la Agencia Internacional para la Energía Atómica (AIEA), Mohammed el Baradei, no ha hallado indicio alguno de proyectos de investigación para fines militares. Por su parte, los iraníes insisten: la planta para el enriquecimiento de uranio sólo servirá para facilitar la producción de fluido eléctrico. Sin embargo, tanto Washington como Tel Aviv estiman que el objetivo final del programa nuclear iraní es la tecnología bélica.

Ficticia o real, la amenaza que esgrime Condoleezza Rice se está convirtiendo en un auténtico quebradero de cabeza para los estrategas, politólogos e islamólogos, quienes apenas disimulan su preocupación a la hora de descifrar el mensaje de la Administración republicana. Obviamente, la insistencia en denunciar las violaciones por parte de Teherán del Tratado de No Proliferación se interpreta como una advertencia enviada por Washington a Teherán: renunciad al arma atómica. Pero el gobierno iraní rechaza las acusaciones, subrayando el hecho de que no tiene intención alguna de formar parte del "club nuclear". Aun así, el establishment político estadounidense prefiere hacer caso omiso de las garantías ofrecidas por los iraníes. Por su parte, las autoridades israelíes, incapaces de disimular el nerviosismo generado por los últimos ensayos de los misiles persas "Shehab 3", unos artefactos capaces de alcanzar objetivos militares y civiles en Israel, insisten en la necesidad de desarmar a Irán antes de que sea demasiado tarde. Más aún: varios oficiales del Estado Mayor de Tsahal (ejército hebreo) insinúan que Israel se reserva el derecho de llevar a cabo acciones "unilaterales" contra Irán, recordando el no menos unilateral y muy espectacular bombardeo, en 1981, del reactor nuclear iraquí "Osirak".

Huelga decir que no se trata de una obsesión reciente. A mediados de la década de los 90, los servicios de inteligencia occidentales detectaron una extraña maniobra de los israelíes, aparentemente interesados en entablar un "diálogo nuclear" con el Gobierno de la República Islámica de Irán. Los informes que circularon en aquellas fechas en las cancillerías europeas se hacían eco de un posible intento de los poderes fácticos hebreos de... ¡controlar el programa atómico iraní! Pero los portavoces oficiales persas no tardaron en desmentir estos "malintencionados rumores". ¿Simples rumores? Los caminos de la cooperación nuclear son inescrutables. Lo cierto es que para el Estado judío, que recurre con excesiva frecuencia al mantra de la Seguridad, la aparición de una nueva potencia nuclear en la zona modificaría los parámetros de su política de defensa. También es cierto que el programa de investigación nuclear iraní es parte integrante de la nueva orientación de la política exterior de Teherán, de una "operación sonrisa" que apuesta claramente por el complaciente apoyo del Viejo Continente.

En efecto, un cuarto de siglo después de la victoria de Jomeini y la fundación de la República Islámica, los políticos-ayatolás han llegado a la conclusión de que el modelo revolucionario introducido en los años 80 resulta inviable. La sociedad iraní denuncia la corrupción de las altas esferas del régimen, la hipocresía de quienes han logrado crear dos mundos paralelos: el pulcro escaparate islámico y la mísera trastienda de la difícil supervivencia cotidiana. La pomposamente llamada "economía islámica" no logró su meta: el bienestar de la población persa. Los intentos de exportar la ideología radical del imán Jimeini fracasaron. Más aún: la injerencia de los poco sutiles agentes de Teherán en los asuntos internos de algunos países occidentales - Francia, Italia, Bélgica - desembocaron en incidentes que culminaron con la congelación de las relaciones diplomáticas.

Tras la muerte del guía de la revolución, sus herederos trataron de (re)introducir el pragmatismo en las relaciones con Europa. "Tecnología a cambio de petróleo", era el lema de los clérigos iraníes, quienes no tardaron en comprender que el acercamiento al Viejo Continente acabaría con el cerco impuesto a partir de 1980 por los sucesivos gobiernos estadounidenses. Hacia finales de la pasada década, Teherán estrenó una nueva imagen; algo así como la "cara amable" del Islam chiíta. La ofensiva surtió efecto: Alemania, Francia y el Reino Unido firmaron acuerdos de cooperación nuclear con Irán. Otros países, entre los que figura España, suministraron equipo para las instalaciones atómicas. Ostensiblemente molestos por el éxito de la maniobra, los círculos gubernamentales de Washington no dudaron en censurar la "infidelidad" de sus aliados. Después del 11-S y, sobre todo, tras la inclusión de Irán en la lista de los países que integran el eje del mal, los europeos se comprometieron a reconsiderar su postura. Pero del dicho al hecho...

En las últimas semanas, los portavoces de la Administración republicana tratan de insinuar que, en el caso de ser reelegido para un segundo mandato, George W. Bush hará todo lo que esté en su poder para convertir al rebelde-atómico-islámico país de los ayatolás en el futuro blanco de sus hazañas bélicas. Pero en esta ocasión, los asesores presidenciales procurarían no caer el la trampa del unilateralismo. Curiosamente, un editorial publicado el pasado 14 de agosto por el New York Times, insta a la Administración a hacer las gestiones pertinentes para contar con el apoyo incondicional de Europa a la hora de diseñar una operación de castigo contra Teherán.

Condoleezza Rice está preocupada. Para los miembros del Gabinete Jatamí, ello equivale a una declaración de guerra. Con las miradas puestas en la ciudad santa de Nayaf, el Gobierno de la República Islámica de Irán trata de aplicarse el refrán: "Cuando las barbas de otro ayatolá veas cortar..."


* Escritor, periodista y miembro del Grupo de Estudios Mediterráneos de la Sorbona, París

Gentileza de Cercle Obert de Benicalap
Iniciativas Sociales y Culturales de Futuro

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Comentaris

Re: Y ahora, ¿Irán?
11 set 2004
Iran y no volverán...
Ja, ja, ja!
Sindicat