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Notícies :: criminalització i repressió : guerra
El muro de Israel: ¿quién respeta la historia?
09 set 2004
Xavier Abu-eid

2004-08-11


Creo que una de las mejores analogías sobre el conflicto palestino-israelí, la dio mi amigo Daniel Jadue, en una oportunidad que ambos debatimos contra una pareja sionista en la Universidad Diego Portales.

En esa oportunidad, siendo cuestionado por la no aceptación por parte de los palestinos de la resolución de partición 181 en 1947 (la gran y mítica excusa sionista para violar el derecho a retorno y todas las normas básicas de la legalidad internacional), recurrió a su característica retórica e hizo recordar a los presentes el pasaje bíblico (propio de la misma historia judaica) de cuando dos mujeres llegaron donde el Rey Salomón, peleándose un bebe, hasta que el decidió partirlo y entregarle una mitad a cada una. Antes de llevar a cabo la partición (por ende, la muerte), una de las mujeres le suplico que no lo partiese y se lo entregara a la otra, para que el bebé sobreviviera.

Con la sabiduría que la historia lo recuerda, Salomón entrego el bebé a quien en definitiva era su verdadera madre, la que lo quería de tal forma que no aceptaba partirlo porque aquello era sinónimo de su muerte.

La historia hoy cambia de escenario. Es una nueva tentativa de partir Palestina, pero ya no tenemos una comunidad internacional algo más heterogénea en el manejo del poder y con algo de discernimiento (o decencia) como hace más de medio siglo. El macabro espectáculo al que Israel nos hace concurrir con la construcción del muro en Cisjordania (ocho metros de alto y 700 kilómetros creando el ghetto mas grande del mundo so pretexto de âseguridadâ?) hoy no es siquiera una decisión consultada. La misma asamblea que el 29 de Noviembre de 1947 partía Palestina fue la que con un abrumador resultado de 150 votos a 6, ratificaba el fallo de la Corte de la Haya llamando a Israel a terminar la construcción de ese símbolo de odio y apartheid.

Los oídos sordos del general Sharon, junto con una sociedad cómplice como la israelí, han dado la ecuación perfecta para que la derecha sionista mas reaccionaria, aquella compuesta por los sectores mas chauvinistas y dogmáticos del sionismo, levantasen en recta final el gran proyecto (inconcluso en el Nakba de 1948) de expulsar masivamente, en base al constante hostigamiento, a la población palestina de sus hogares. El costo de aquella macabra empresa los mantiene sin cuidado.

Hay quienes se preguntarán que tiene que ver el ejemplo del Rey Salomón dado al principio de esta columna con la situación del muro. Deben saber que la gran motivación de este escrito tuvo relación con una conversación telefónica que tuve con una querida amiga mía, palestina de nacionalidad israelí y con familiares en los Territorios Ocupados.

Para poder visitar a su familia en la aldea de Beit Jala, ella podía tomar una carretera de las tantas que hay para israelíes en Cisjordania, y en una bifurcación, pasando un checkpoint inmune ante su patente amarilla (símbolo de los automóviles israelíes), podía llegar a visitar a su madre y hermanos.

Sin embargo, el último de sus viajes fue distinto. El escenario planteaba algo que lo podía hacer como un evento final: Soldados israelíes cortaban olivos milenarios, símbolos de la historia de Palestina, para poder iniciar la construcción del muro de Apartheid. Los árboles que se salvaban (no muchos luego de los ochenta mil desarraigados hasta el momento), tendrían como destino mansiones de adinerados israelíes o los asentamientos que asfixian a las aldeas palestinas. Aquel acto de gran brutalidad que me describía y que luego pude comprobar a través de la prensa palestina, pensé de inmediato que no podía ser realizado por alguien que ame esa tierra.

De todos modos, ese soldado que cortaba los árboles que dieron sombra a nuestras familias por generaciones podía ser âcomprendidoâ?. Puede haber sido un judío etiope, neozelandés, argentino o alemán. Alguno de esos jóvenes universitarios, quizás, que por ley deben prestar dos meses del calendario al servicio de la ocupación de Palestina. ¿Qué sabia el pobre donde se estaba metiendo? ¿Qué valor podía darle un extranjero a esos árboles que sin duda, también cobijaron a los que el sionismo señala, fueron sus antepasados? ¿Será de los mismos a los que hay que rayarles la carretera en los bordes para que no se pierdan ya que no conocen esa tierra?

Así como en 1947 los palestinos se opusieron a partir su tierra a fin de evitar su muerte, hoy tomamos la misma postura para denunciar los intentos israelíes por desterrarnos de nuestros históricos parajes. La sola imagen de los asentamientos ilegales dominando las alturas de nuestras ciudades y aldeas distorsiona los escenarios de nuestra historia. El muro ante esa perspectiva, no revierte mayor comentario.

Quienes hoy aducen los ataques suicidas como excusa para desembolsar cientos de millones de dólares en ese sectario muro, son los mismos que en la primera Intifada destrozaban los huesos de los jóvenes que lanzaban piedras, los mismos que en el periodo de Oslo cuadriplicaron el numero de colonos en las tierras ocupadas y mantienen mas de la mitad del pueblo palestino en la diáspora. Cisjordania fragmentada por la malla de asentamientos y carreteras exclusivas para israelíes, hoy recibe otro puñal. Otra soga que asfixiara aun más el ambiente y la vida cotidiana de la población civil palestina.


Cerca de un centenar de miles de palestinos quedaran entre la línea verde y el muro ¿quién responderá por la atención médica de ellos? ¿Les pasara lo mismo que a Attra Hamdan Zarou, la mujer palestina que por ser impedida de cruzar la frontera a Egipto para tratarse el corazón, agonizo en su hogar ante la mirada impune de los suyos? (1). Ante esa realidad ¿pretenden que el pueblo palestino no reaccione? ¿Qué sea âdomesticableâ?? ¿Qué nos falta decir ahora? ¿Gracias por la ocupación?

El racismo aclamado por la derecha sionista ha consumido al resto de su sociedad. Ni siquiera mis conocidos sionistas, personas que se me aseguraban ser opositores a Sharon, han levantado una voz masiva de alerta en contra de ese acto criminal.

La decisión salomónica de entregar el bebé a la madre que se negó a partirlo es una buena analogía. Los árboles testigos de nuestra historia siguen siendo desarraigados, los campos de nuestros pueblos han sido separados de sus dueños y prestos a ser anexados por Israel. Al ritmo que se construye el muro, Israel amplia sus asentamientos de la zona de Bethlehem para imponer su âGran Jerusalénâ?. ¿Ese escenario tiene algo de seguridad? ¿Garantiza la paz o el rencor?

Quienes conocen la política histórica de Israel en torno a los palestinos, sabrán bien a lo que me refiero. No reconocer su responsabilidad histórica en el tema de los refugiados, las deportaciones masivas de palestinos, las discusiones en el parlamento sobre leyes para âincentivarâ? a emigrar a los palestinos de nacionalidad israelí, la nueva ley que prohíbe a los palestinos de Israel casados con gente de los territorios ocupados vivir juntos [2], los toques de queda y la destrucción casi total de la infraestructura palestina, tienen relación con el deseo antojadizo de âlimpiar la tierra de Israelâ? [3] de âgentilesâ?.

Nadie construye un muro de aquel altísimo costo para âdesarmarloâ? en cuanto se creen las condiciones de âdialogoâ?, que tienen más que ver con la sumisión que requieren del liderazgo palestino que de la disposición concreta del Estado de Israel.

Los palestinos representan la madre que se negó a que partieran a su hijo ante Salomón, y son los que sufren día a día con la destrucción llevada a cabo por las topadoras marca CAT y los soldados israelíes, más la actitud cómplice de la comunidad internacional.


Sin embargo debemos ir más allá. Hace poco leí un artículo firmado por Natan Shahar en la página web de la Federación Sionista de Chile titulado âNi muro ni vergüenzaâ? que en sus conclusiones aseguraba âEl muro es una valla y de vergüenza no hay nada. ¿Desde cuándo ejercer el derecho de autodefensa es vergonzoso?â? [4]. El problema señor Shahar, es que usted se ha saltado un paso básico que creo lo enseñan en el colegio: âMi libertad se acaba cuando paso a llevar la del otroâ?.


La ocupación de Palestina, determina el derecho a la defensa por parte de los suyos, tal como un siete de Octubre de 1944, valerosos hombres que desafiaron su suerte, volaban un horno crematorio en Auschwitz. ¿Por qué la libertad de los judíos europeos fue más importante que hoy la libertad del pueblo palestino?

Aquella inconsecuente actitud de parte de los supervivientes del nazismo la abordaba el profesor Israel Shamir, quien enrostraba (a los sionistas) el hecho de que âno luchamos por los derechos humanos, sino por los derechos judíos. Estuvimos a favor del libre movimiento y la libre elección solamente para los judíosâ? [5]. Paradójicamente el artículo se llamaba âLa prueba de fuego reprobadaâ?.

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Comentaris

FALSA ANALOGIA
10 set 2004
"Así como en 1947 los palestinos se opusieron a partir su tierra a fin de evitar su muerte".Es falso.El objetivo de la guerra del 47 era, literalmente, "echar a los judios al MAR", es decir, el genocidio:la analogia es mas bien una madre intentando matar a la otra y la unica diferencia entre los palestinos y los nazis es la falta de eficacia, no de intencion.El pueblo palestino es culpable de genocidio en grado de tentativa y los judios tienen derecho a defenderse.
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