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Los horrores de la migra mexicana
05 set 2004
Testimonios de la Casa del Migrante Ricardo Zapata.

Es el único refugio en una de las rutas más transitadas por indocumentados en el país, la región centro de Veracruz. Pero lejos de recibir apoyo de las autoridades, el albergue ubicado en Río Blanco libra todos los días una doble batalla: conseguir alimento para sus huéspedes y sobrevivir a las amenazas de policías y polleros.
RIO BLANCO, VERACRUZ.- El asombro se convirtió en coraje cuando una camioneta del Instituto Nacional de Migración (INM) se metió al atrio de la parroquia de María Auxiliadora, en la colonia Modelo.

Solidaridad con migrantes en Veracruz
Fotografía: Manuel Carvallo


Ya hacía rato que una decena de agentes de la migra mexicana, apoyados por policías estatales, perseguía a migrantes centroamericanos -que todos los días llegan por tren a esta zona.
Pero el operativo se desbordó cuando los indocumentados corrieron hacia la iglesia, y la persecución se trasladó entonces al interior de la nave entre bancas, cirios y cepos.
Un migrante alcanzó a subir al segundo piso de la casa parroquial, y desde allí fue arrojado a la camioneta.

Entonces se generalizó el zafarrancho. Los pasajeros de un camión urbano que pasaba por el sitio se bajaron para enfrentar a los policías, quienes tenían sometido al párroco Salomón Lemus.
La discusión y empujones duraron varias horas, pues incluso los agentes pretendieron sacar con picanas eléctricas a un grupo de indocumentados que buscó refugio en un canal de agua. Al final, 27 centroamericanos -algunos de ellos severamente golpeados- fueron detenidos por los agentes del INM y deportados casi de inmediato.
A los vecinos, en cambio, el coraje no se les fue tan rápido. Ese mismo día, 20 de abril de 2002, un grupo cercano a la parroquia decidió poner un alto a los abusos policiacos, y surgió la semilla de lo que hoy es la Casa del Migrante Ricardo Zapata, el único albergue para indocumentados que existe en una de las regiones con mayor tránsito de centroamericanos en el país.
En lo que va de este año la delegación veracruzana del INM ha deportado a 14 mil personas, la mayoría migrantes procedentes de Honduras, Guatemala y El Salvador.
La cifra representa un aumento de 54% con relación a los asegurados en 2003 pero son, también, menos de la mitad de los atendidos en el albergue este año: poco más de 31 mil personas.
Y es que prácticamente todos los indocumentados que cruzan el país en trenes cargueros se detienen en Río Blanco.
Aquí llegan quienes entraron a México por la región de Tapachula y Ciudad Hidalgo, Chiapas, con escala en Tonalá e Ixtepec, Oaxaca, dos de los sitios donde, según el informe de Gabriela Rodríguez Pizarro, relatora especial para los Derechos Humanos de los Migrantes de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), los abusos de efectivos militares y policías contra los centroamericanos son abundantes.
También arriban los que entraron por la región de Tenosique, Tabasco, una de las zonas con mayor índice de tráfico de armas, drogas y seres humanos, según informes del INM.
Las huellas del cruce se notan en el albergue, que virtualmente se ha convertido en un refugio dentro del río de indocumentados.
"Los recibimos golpeados, algunos con heridas graves, enfermos y deshidratados", cuenta María Eugenia Hernández Osorio, una de las coordinadoras de la casa. "Las mujeres fueron víctimas de abusos sexuales, muchas veces por soldados o policías".
Hay casos dramáticos, como el de un menor guatemalteco que en diciembre pasado llegó solo. "Estaba como traumatizado, no comía ni podía dormir. A una compañera le contó que los maras arrojaron a su papá del tren, y a su madre la violaron y ahorcaron".
El muchacho, de 13 años de edad, recibe terapia sicológica en un albergue de la organización Casa Alianza.

* * *
El ferrocarril siempre ha llevado centroamericanos a Río Blanco, e incluso en la colonia Modelo viven, desde hace un par de décadas, al menos 10 familias de guatemaltecos.
Sin embargo, cuenta la coordinadora Hernández Osorio, fue a partir de 2000 cuando el flujo se incrementó notablemente. "Antes llegaban en grupos de 10 o 20, a veces se juntaban como 80. Pero desde ese año creció el número; ahorita nos ha tocado ver cómo en una hora bajan 200 personas del tren".
Las calles del barrio se llenaron de migrantes hambrientos y deshidratados, que tocaban a las casas para pedir ayuda. Tras ellos llegó la policía.
"Eran cacerías con perros, toletes y patrullas de todas las corporaciones, hasta de tránsito municipal", dice la activista. "Cualquiera con uniforme los podía detener, pero nada más los extorsionaban. La gente se indignó por estos atropellos y nos juntamos alrededor de la iglesia para tratar de hacer algo por ellos".
Surgió así el Centro de Apoyo al Migrante Ricardo Zapata -antecesor del actual albergue- cuya idea inicial era la defensa de los derechos humanos de los indocumentados, pero no lo pudieron hacer por la creciente demanda de comida de los centroamericanos.

El movimiento se volvió "asistencialista", aunque sin abandonar el nombre inicial que se adoptó en memoria del sacerdote que, durante los setenta, fue uno de los más activos defensores de las comunidades indígenas de la sierra Zongolica, así como de la lucha sindical que se libró en las fábricas del municipio.
De hecho, sus restos descansan en la iglesia de María Auxiliadora.
Quién sabe si fue coincidencia, pero el hecho es que desde el nacimiento del centro Ricardo Zapata los operativos para cazar indocumentados se incrementaron, especialmente en la colonia Modelo.
"Fuimos a ver a todos los delegados de la policía estatal y la municipal, les explicamos nuestra labor y pedimos que los aseguramientos se hicieran con respaldo de Migración", explica. "Nomás suspendían unos días los operativos y luego los aplicaban de nuevo".
Hasta que ocurrió la invasión de la parroquia en 2002.
* * *
El hondureño no perdía detalle de la mesa donde se servían los platos con chayotes cocidos, unas tiras de carne de pollo, salsa y tortillas.
Se llama Wilmer Giovanni y fue el primero en formarse, quizá porque desde hace horas esperaba el llamado a comer.
Y allí estaba, con el ansia reflejada en el rostro, la lengua que recorre los labios como si saborease desde antes el platillo.
Metros atrás un salvadoreño discute con el guardia del albergue, quien pretende obligarle a formarse. "Yo estaba allí, ese es mi lugar", insiste el indocumentado, pero entonces el vigilante ordena no servir la comida hasta recuperar el orden.
Algunos protestan, pero Wilmer es quien más sufre: aprieta las manos, se jala el cabello y frota el brazo izquierdo sin despegar la vista de los platos ya servidos. Por fin, el salvadoreño obedece. "Pareces de la migra", acusa mientras busca otro lugar en la fila.
Wilmer sonríe: es su primera comida formal en dos semanas, y tal vez por eso sólo presta atención a los chayotes cocidos. Apenas accede a decir su nombre.
La escena es normal en el albergue de Río Blanco, donde en temporada alta -de marzo a junio- se reciben hasta 600 migrantes al día, una cantidad que rebasa el esfuerzo de los 18 voluntarios que atienden el lugar y supera con mucho sus reservas de comida.
Y es que a pesar del apoyo de la diócesis de Orizaba y de organizaciones no gubernamentales, la casa del migrante prácticamente vive de la caridad: comida regalada por los comerciantes del mercado Zapata, medicinas de un par de iglesias de la colonia, cobijas donadas por algunos vecinos...
Hace meses que se consumió un donativo de la fundación estadunidense Catholic Relief, que les permitió comprar comida en la época crítica de este año. Desde entonces la ayuda más importante que se ha recibido fue media tonelada de chayotes, de ésos que saboreó Wilmer, el hondureño.
El único apoyo oficial es una brigada contra el paludismo enviada por la Secretaría de Salud estatal, como parte del cerco sanitario impuesto a lo largo de la ruta de los indocumentados en Veracruz.
Hasta mediados de agosto se habían detectado 33 casos entre centroamericanos, e incluso uno de ellos murió en el Hospital Civil de Río Blanco.
Lo que sí llega de las autoridades son amenazas, de todas partes.
El ex subdelegado regional en Córdoba del INM, Víctor Hugo Quiroz, advirtió a los voluntarios que serían encarcelados por proteger a los migrantes, e incluso afirmó que no habían cerrado el albergue "por consideración a la iglesia", recuerda Hernández Osorio.
Luego dijo que los activistas "rebasaban los límites", es decir, molestaban a la comunidad.
-¿En verdad se quejan?
-Algunos dicen que los migrantes son desagradables a la vista, que están sucios, huelen mal, que vacilan a las muchachas. Eso sí, cuando hay algún robo luego luego vienen al albergue, como si el no estar limpio fuera un delito.
Pero el hostigamiento más frecuente viene de la policía estatal. El anterior delegado, Benjamín Zamudio Ermida, afirmó incluso que en el albergue operaban tres polleros, y acusó a los voluntarios de traficar con personas.
Nunca se comprobó, a pesar de que la coordinadora Hernández Osorio reconoce que se les han llegado a colar algunos enganchadores. "Es un negocio muy jugoso, a cualquiera lo mueve, pero cuando los hemos sorprendido los echamos de inmediato".
Es una batalla permanente, pues en la colonia Modelo se sabe de al menos cinco casas de seguridad donde los coyotes guardan a los migrantes, además de la presencia permanente de traficantes provenientes de Puebla, el puerto de Veracruz, el estado de México y los que radican en el barrio.
Cada teléfono público es un sitio de enganche, pero los sitios favoritos son los alrededores del albergue y la parroquia. "De allí los corremos a cada rato", presume la activista.
Hubo consecuencias. "Al vigilante le dijeron que lo iban a matar, pero hasta ahora no ha pasado de eso", de una amenaza.
Lo dice con aparente tranquilidad, pero no tiene otra opción. Su experiencia recuerda que de la policía es muy poco lo que pueden esperar, aunque a veces hay carambolas de fortuna:
El ex delegado Zamudio Ermida fue destituido por intentar extorsionar a un campesino de Río Blanco. Lo acusó, sin pruebas, de ser pollero.
Mira també:
http://www.jornada.unam.mx/2004/sep04/040905/mas-migra.html

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CONSEJOS PARA SOBREVIVIR AL TREN
05 set 2004
Cruzar México en tren carguero requiere habilidad y consejos, de ésos que sólo quienes tuvieron la experiencia pueden dar. Aquí algunos de ellos, recopilados en la Casa del Migrante Ricardo Zapata en Río Blanco, Veracruz:
• Si te metes a un vagón o góndola, no lo cierres completamente.
• Durante los 32 túneles viaja "al pie" del tren (en los estribos), hay más aire para respirar.
• Para soportar el frío o la lluvia, si no tienes suéter, consigue un nylon (plástico) y póntelo encima de tu ropa para guardar el calor.
• Al bajar del tren en marcha no te quedes parado, sigue corriendo para que no te caigan encima los demás al bajar.
• No intentes subir al tren si transita a gran velocidad.
• Cuida a las mujeres y menores que van contigo, ayúdalos a subir y bajar.
• En días lluviosos ten cuidado al subir al tren, la superficie está muy resbalosa.
• Durante los túneles o en días muy fríos protege tus manos con guantes o alguna tela, el acero del tren se congela.
• Hay retenes al final del túnel más largo, llamado El Mexicano, en Apizaco (una planicie donde no se encuentra escondite), Tlaxcala; bájate en Huamantla.
• En la estación Lechería, Edomex, el retén es permanente; si llegas hasta el pueblo donde se encuentra la estación, evita la ayuda de gente que va en camionetas (por lo general son policías).
• Para no llegar a la estación bájate cuando veas una antena con un foco rojo, después rodeas la estación y tomas el tren más adelante.
• Para evadir El Ahorcado (Querétaro), toma la línea Ferromex, al salir de Lechería.
• En San Luis Potosí y Saltillo bájate antes de la estación.
Rutas a seguir:
• Si vas a Texas por Nuevo Laredo, Reynosa o Matamoros, después de rodear Lechería toma el tren que transita por la vía del extremo derecho. Sube a la línea Ferromex, pasarás por Querétaro.
• Si vas a California entra por Mexicali o Tijuana. A Nuevo México puedes entrar por Ciudad Juárez; a Arizona por Nogales.
• Para llegar a esos destinos toma la vía que está a la extrema izquierda después de Lechería, pasarás por Guanajuato, Zacatecas y Sinaloa.
• En Sinaloa, la vía derecha lleva a Ciudad Juárez, la vía izquierda lleva a Hermosillo, toma ésta si vas a Mexicali o Nogales.
• Si tomas la vía hacia Hermosillo, al llegar a la estación la vía de la derecha te llevará a Nogales y la de la izquierda a Mexicali.
El paso a Estados Unidos:
• Si cruzas por Nogales hacia Arizona ten mucho cuidado en el desierto, allí puedes pasar hasta seis días caminando, sin tomar agua. Te enfrentarás con temperaturas de hasta 50 grados, animales peligrosos, espinas, asaltantes, cazamigrantes, rancheros gringos, narcotraficantes. En suma, un ambiente hostil.
• Si llevas agua, ahórrala, o bien lleva limones como complemento.
• Si cruzas por Mexicali o Tijuana ten cuidado, es la frontera más protegida.
• Si cruzas el río Bravo por Nuevo Laredo, Reynosa, Matamoros o Piedras Negras ten cuidado con las fuertes corrientes.
Polleros:
• No confíes en los polleros, pueden dejarte en el camino, entregarte a otro pollero, a la migra o secuestrarte.
• No le des el teléfono de tu familia si no estás seguro de que te llevará.
• En todo caso, tu familia debe enviarte con un pollero de confianza.
Sindicat