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¿Que por qué no llega el mensaje?
31 ago 2004
Crec que resumeix les preocupacions i problemes en que vivim la major part de l'activisme:
aqui el text, substituir el TAV per qualsevol tema i l'assemblea per qualsevol
assemblea o col·lectiu:

Gotzon Aranburu - Periodista
¿Que por qué no llega el mensaje?

Los participantes en la acampada contra el TAV (Tren de Alta Velocidad) que se ha
desarrollado a principios de este mes en Alonsotegi se han lamentado del poco eco
que sus mensajes tienen en la sociedad vasca. Constatan que a las charlas que han
organizado durante estos días apenas ha acudido nadie que no participara en la
acampada y que los ciudadanos de Bilbo mostraron poco interés en los folletos
informativos que repartieron el día 6 ante el museo Guggenheim. No es sino una señal
más, indican, de la pasividad que desde hace tiempo vienen observando en la sociedad
ante los graves problemas medioambientales que nos afectan. La Asamblea contra el
TAV, lógicamente, se pregunta en qué está fallando, por qué no logra que los vascos
reaccionemos contra el TAV y, en general, contra las grandes infraestructuras.

Es una buena pregunta y supongo que no son los únicos que se la hacen. Cabría
suponer, a la vista de los antecedentes históricos, como la lucha desarrollada
contra la central nuclear de Lemoiz o en torno a la autovía de Leitzaran, que un
proyecto de las dimensiones del TAV provocaría una respuesta contundente en Euskal
Herria, pero la realidad es que tal respuesta no se está dando en la medida que se
podía suponer, al menos todavía, cuando las excavadoras aún no están a la vista.
¿Por qué? Me atrevo a aventurar algunas hipótesis.

En primer lugar, muestro mi respeto a las personas que son capaces de aguantar
acampadas bajo la tormenta y desarrollar actividades reivindicativas, como ha
ocurrido en Alonsotegi, o a las que participaron, también bajo una lluvia
inclemente, en la marcha que se desarrolló el pasado mes de abril a través de
Gipuzkoa, en ambos casos contra el TAV. Son sólo dos ejemplos, pero ha habido muchos
más. La militancia, entendida como acción en la defensa de las tesis, sea en el
campo que sea, no es precisamente un valor en alza en estos tiempos; por eso empiezo
por reconocer el esfuerzo de estas personas. Por eso y porque sé que les dolerán
algunas apreciaciones que haré a continuación.

Creo, para decirlo claro y pronto, que gran parte de la responsabilidad por la
pasividad de la sociedad vasca ante el TAV o lo que se definen como «grandes
infraestructuras» radica precisamente en el contenido de los mensajes que la
Asamblea contra el TAV envía a esta sociedad. Para que una causa, sea ecologista,
política o cultural, sea asumida por el común de las personas, es condición
imprescindible que tal causa se delimite con exactitud y venga cargada de
credibilidad. Creo que la decepción que la Asamblea contra el TAV manifiesta ante la
respuesta de la sociedad viene originada precisamente por la muy diferente
percepción que de estos términos y cuestiones tienen los componentes de este
colectivo y una gran parte de los vascos.

Empezaremos por la delimitación del problema. Una cosa es oponerse al TAV, y poner
para ello sobre la mesa la multitud de datos y cifras que maneja la Asamblea
(terreno afectado, ecosistemas dañados, costo económico...) sobre esta cuestión
concreta, y otra distinta es añadir a los carteles que rezan «AHT-TAV stop» el
latiguillo «eta proiektu txikitzaile guztiak». Tengo la sensación de que entre estos
proyectos desarrollistas cuentan la práctica totalidad de las obras que se realizan
en nuestro suelo, sean carreteras, puertos, parques eólicos o polígonos
industriales. No les discuto el derecho a adoptar esta posición ­que en realidad me
parece absolutamente coherente con su línea de pensamiento­ pero lo cierto es que
mucha gente puede estar (lo está) en contra de la «Y vasca» y no tener ningún
problema con la Eibar-Gasteiz o con la ampliación del puerto de Pasaia. Y es que
ocurre que la percepción del término «desarrollismo» es, para mucha gente, positiva.
Un nuevo polígono industrial, y si es grande mejor, se percibe en general como una
fuente de empleo; una buena carretera, más aún si es con dos carriles en cada
sentido, se percibe como una mejora evidente en la seguridad de conducción y un
ahorro de tiempo; un gran puerto que permita exportar más mercancías se percibe como
un impulsor de la industria y de la economía... Hablo de «percepción», no
necesariamente de realidad. Lo que también percibe el ciudadano es que hay que pagar
un precio por estas «mejoras», y a veces las cuentas no le salen; no le salen porque
ve que la pérdida de patrimonio medioambiental (o el riesgo para la salud, caso de
las incineradoras) que supone la realización de una determinada infraestructura no
compensa los beneficios que aportaría. Creo que es lo que ocurre con el TAV. Es
decir, al calcular el cociente coste-beneficio en este caso las cuentas no nos
cuadran a muchos... pero la cuenta la hemos hecho. Este cálculo se lo ahorran
quienes parten de que el beneficio de cualquier obra pública es nulo, por
definición, lo mismo que quienes dan por sentado que ese beneficio es siempre
superior al perjuicio. En medio estamos todos los que no tenemos la suerte de verlo
tan claro.

Si la Asamblea contra el TAV sólo ofrece el «paquete reivindicativo completo», esto
es, si plantea que oponerse a la «Y vasca» implica prácticamente convertirse en un
combatiente anticonsumista, antidesarrollista, antiautomovilista... ­todo lo cual,
repito, es probablemente lo coherente­ la inmensa mayoría de hombres y mujeres de
nuestro país se asusta y no quiere saber nada. No es de extrañar: en Hego Euskal
Herria se han vendido (esto es, hemos comprado) nada menos que 47.725 turismos entre
enero y julio de este año, lo que supone un 9% de aumento sobre el mismo periodo del
año anterior. ¿Utilizamos más el coche porque hay más carreteras o tenemos más
carreteras porque utilizamos más el coche? Vieja cuestión, habitual en las
discusiones filosóficas en la terraza de verano ­que suelen culminar con la
políticamente correcta afirmación «pronto ya no van a caber más carreteras en
nuestro suelo»­ pero que en la práctica resolvemos comprando el coche y poniéndolo
en la carretera. Con el TAV es muy distinto, porque estamos casi seguros de que no
lo utilizaríamos y el cociente arriba citado sale negativo, con lo cual nuestra
oposición a la elitista vía de comunicación puede ser frontal.

Existe también, a mi juicio, un problema de calidad de la comunicación. Para
empezar, está claro que la desigualdad de medios entre los partidarios de la «Y
vasca» y sus opositores es de tal magnitud que la batalla de la comunicación la
tienen prácticamente ganada de antemano los primeros, al menos en lo que atañe a la
capacidad de hacer llegar los respectivos mensajes a la sociedad. Radio y televisión
son ámbitos inalcanzables para los opositores, al igual que la mayor parte de la
prensa escrita, a excepción de GARA, âBerriaâ?, âArgiaâ? y poco más. Hace algunos
meses, por pura casualidad, me topé en una herriko con un grueso folleto firmado por
«Un miembro de la Asamblea contra el TAV», que me puse a ojear con cierto
escepticismo y acabé leyendo con fruición, porque era de lo mejorcito que he
encontrado yo en relación a este tema, tanto por el volumen de datos aportados como
por el análisis de los mismos. El folleto decía, en su contraportada: «Por favor,
cuando lo leas pásaselo a otra persona que esté interesada». Es sangrante que un
documento así vaya a tener una difusión muy limitada, mientras el Gobierno Vasco
dispone del dinero de los presupuestos de la CAV para gastarlo en sus campañas
propagandísticas.

Sin embargo, partiendo de la base de esta desigualdad, sí criticaría cierta
tendencia que percibo en algunos mensajes de los sec- tores opositores. Se trata de
la utilización de un lenguaje (de un registro de lenguaje) inadecuado. Un ejemplo
son los artículos de Iñaki Antigüedad en GARA el 20 y el 21 de agosto, artículos de
calado pero que me atrevo a calificar de elitistas. Las referencias a la cumbre de
Río, y a la de Johannesburgo, y al Club de Roma, y al informe de la ONU de 1997
sobre desarrollo sostenible, con ser fundamentales para sustentar la posición de
Antigüedad... ¿qué le dicen al lector normal? Para una mesa redonda en la
Universidad, donde se supone que el nivel dialéctico va a ser muy alto, perfecto,
pero creo que lo que Antigüedad tendría que explicarle al lector de forma entendible
y rigurosa es, por ejemplo, cuáles son las consecuencias concretas que acarrearía a
los actuales habitantes de Euskal Herria y a nuestros descendientes la construcción
del puerto exterior de Pasaia o la Super Sur. Es decir, dotarles ­dotarnos­ de
argumentos para no caer en el engaño de las campañas publicitarias de quien tiene
dinero de sobra para pagarlas. Por cierto, en esta exigencia de rigor incluiría
evitar pequeñas demagogias, como la de afirmar que «la ciudadanía se está
movilizando hoy en Gipuzkoa contra las incineradoras». ¿No es mejor, a largo plazo,
reconocer que son las poblaciones directamente amenazadas por la incineradora las
que se han movilizado, y reflexionar, de paso, sobre por qué el resto de
guipuzcoanos y guipuzcoanas se muestra bastante pasivo ante este problema, en una
actitud típica de «no por mi jardín»?

Tómense estas líneas como una reflexión, sin más pretensiones. Seguro que serán
rebatidas. Y seguro que eso será bueno. -
Mira també:
http://gara.euskalherria.com/idatzia/20040827/art76398.php

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Sindicat Terrassa