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Notícies :: especulació i okupació
Gaztetxea gure etxea (鈥渆l gaztetxe es nuestra casa鈥?)
22 ago 2004
La manifestación contra el desalojo del gaztetxe de Pamplona y el estado de sitio que ha sufrido el casco viejo de la ciudad acaba con un resultado alegre y rotundo: la ocupación de dos nuevos espacios susceptibles de convertirse en centros sociales para la ciudad.
No menos de 15.000 personas recorrieron las calles de Pamplona contra el desalojo del Euskal Jai, el viejo frontón de principios de siglo que llevaba ocupado más de 10 año y contra del estado de sitio que han sufrido los vecinos del casco viejo desde entonces. Quizás desde el cine Princesa en Barcelona o desde los desalojos de la Guindalera o Minuesa en Madrid no se había producido ninguna manifestación en defensa de la ocupación de la envergadura de la de ayer en Pamplona.

La convocatoria era el penúltimo acto de la campaña contra el desalojo que había comenzado la madrugada del lunes pasado. Un desalojo previsto desde principios de julio y que dio lugar a un fenómeno imprevisto de autoorganización. Desde entonces, decenas de actividades han dado vida a los muros del viejo frontón y cientos de personas han colaborado en actos de apoyo y en la realización de obras de mejora de las infraestructuras.

La manifestación acompañada de coloridos disfraces, gigantes y cabezudos, batucadas y soundsystems, avanzó con tonos y ritmos de Reclaim the Street, desde la inmediata periferia de la ciudad hasta la plaza del ayuntamiento en el corazón del casco viejo. Allí tras la lectura de un comunicado un grupo compuesto por varios millares de personas se lanzó dos calles por encima del viejo gaztetxe. Ningún incidente, provocación policial, desvió o interrumpió el objetivo de los manifestantes, guiados por la asamblea del gaztetxe: ocupar una vieja Iglesia, vendida hace unos años por el arzobispado a la misma sociedad municipal, Pamplona Centro Histórico, que hace poco compró el frontón ocupado y promovió su descatalogación como edificio protegido para asegurar su demolición.

Nadie de los miles de personas que visitaron el nuevo gaztetxe podía evitar la expresión de alegría y sorna, de exultación y revancha que se sentía al cruzar el umbral de la iglesia. Los cuatro días intensos de desalojos y reocupaciones, de concentraciones, linchamientos policiales, de acciones y reuniones interminables, de carreras por las calles, ha terminado con una victoria imprevista: miles de personas en la calle y la ocupación de un nuevo edificio.
Un espacio enorme, compuesto de tres naves, varias salas (la antigua sacristía), además de los coros y de las cúpulas, se presenta ahora como infraestructuras para la iniciativa social, que hoy mismo ha sido inaugurado con la primera asamblea constituyente y con la proyección de Fahrenheit de M. Moore.
Esta ocupación se añadía, además, a otra que se había producido la misma mañana en la inmediata periferia industrial de la ciudad, una nave de 3.000 metros cuadrados en el barrio de la Rochapea.

Es indudable que la jornada de ayer tuvo las trazas que definen los acontecimientos políticos, los puntos de irrupción, de emergencia que cortan y separan la línea de los procesos e inauguran un campo nuevo de posibles. Como el 13-M en Madrid y Barcelona, se puede todavía explicar poco de unas jornadas mágicas que parecen invertir una situación que parecía condenada a la derrota, y en donde en pocas horas se condensa tal cantidad de sucesos que pareciera que el tiempo se estirara y contrajera sin que nadie pudiera más que dejarse atrapar por el ritmo de las cosas. Pero sin embargo, si hay elementos que señalan también un proceso, líneas de intervención y agregación que en su confluencia parecen abonar ese terreno en el que puede llegar a brotar de forma imprevista un nuevo ecosistema.

No sólo se debe mencionar el propio carácter del viejo Euskal Jai, con más de 10 años de historia, con dos intentos de deslojo abortados siempre de forma existosa, de su consistencia como espacio de referencia para toda la izquierda social de la ciudad y de que haya sido últimamente alojamiento de algunas iniciativas punteras de experimentación política (el hackmeeting de octubre de 2003 y la primera experiencia de telestreet en el Estado con motivo del último aniversario del espacio). La articulación de un ámbito de cooperación
plural en el que la asamblea del gaztetxe se veía asesorada y apoyada por una multitud de comisiones, en su mayoría compuestas por personas de los ámbitos más dispares (asamblea anti-TAV, colectivos antiinternacionalistas, colectivos de mujeres, grupos de mediactivistas, sindicalistas y un largísimo etcétera) ha permitido establecer un campo de intervención multidireccional, proliferante, que en ningún caso se ha visto mermado por brotes de sectarismo o de autosatisfacción identitaria. De hecho, buena parte del éxito ha residido en la articulación de un terreno de alianzas inusual para el movimiento de ocupación: el firme apoyo de la asociación de vecinos del Casco Viejo, que ha mantenido un permanente diálogo y colaboración con el gaztetxe; el apoyo de algunos partidos políticos (Aralar, IU-EB, EA y Batasuna) y la participación y mediación de sus concejales en varias ocasiones; de los principales grupos de la izquierda sindical (CGT, LAB, ESK) que han denunciado los procedimientos peligrosos e ilegales de la demolición del edificio; del colectivo de bomberos que se ha negado a participar en el desalojo; de los comerciantes del Casco Viejo ante el estado de sitio policial; e incluso la negativa de algunos policías municipales (que durante estos días han desplegado una intervención lamentable y brutal) a participar en el desalojo…

Conjunción de saberes y de apoyos que se ha visto también reflejada en la utilización de los media, primero creando una web propia actualizada permanentemente que ha sido el centro de información y de referencia, incluidos los propios medios de prensa, la articulación de canales de producción colectiva de imágenes e información (la cantidad de fotografías y horas de video grabadas y subidas a la red es ahora mismo incontable), y la consecución de una política inteligente de trabajo con los periódicos, televisiones y radios locales (para las que el gaztetxe ha sido portada no sólo estos días sino todo el mes de julio).

Estrategias de cooperación que no excluían a casi nadie, que aprovechaban cualquier elemento susceptible de adquirir valor o utilidad y una estrategia de comunicación que combinaba la continua autoproducción y difusión de noticias con el eco mediático en los grupos de prensa, ha permitido que el Euskal Jai tuviese una permanente ventaja sobre el ayuntamiento. Ante la necesidad de espacios sociales y culturales para el barrio, no sólo se presentó el dossier de actividades del centro (¡sin duda mayor que el de todos los centros cívicos de la ciudad juntos!) sino que se propuso la creación de una plaza pública, que corrió a cuenta del propio gaztetxe (instalaciones deportivas, parque infantil homologado, jardines, etc…). Y ¿el ayuntamiento? Un centro hidrotermal, que se construiría dentro de dos años, y que no cubriría ninguna de las necesidades del barrio. La estulticia, la prepotencia y la ausencia de cualquier elemento de legitimación, vía representación, de la clase política local, ha revertido así en la simpatía generalizada hacia al gaztetxe y en la legitimación de esta nueva ocupación, un espacio que además estaba catalogado como futura dotación juvenil.

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Comentaris

Re: Gaztetxea gure etxea (鈥渆l gaztetxe es nuestra casa鈥?)
22 ago 2004
Vale vale...esta bien. Felicidades, pero compararlo con el 14-M. Un desalojo otra ocupacions que es lo que tiene que pasar y punto. Si son dos? mejor.

Salute
Re: Gaztetxea gure etxea (鈥渆l gaztetxe es nuestra casa鈥?)
22 ago 2004
Después de esta semana, que empezó con el brutal desalojo de un centro social con más de diez años de experiencia y se alargó el resto de dias con una muy violenta represión sobre cualquier protesta, esta masiva manifestación es una victoria social. Les querian tener en casa acojonados o derrotados, pero no lo han conseguido. Un desalojo... tres okupaciones!!
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