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Notícies :: ecologia
Los incendios forestales y la libertad de mercado
22 ago 2004
Los incendios forestales y la libertad de mercado

Los incendios forestales son hijos del capitalismo neolibe­ral

JR

Cuando la sociedad occidental quiera darse cuenta de que la libertad de mercado es la causa directa del desastre, ya se habrán esquilmado todas las superficies boscosas y el manto vegetal en la mayor parte del planeta. Y antes que en ninguna otra parte, en la península ibérica.



Los incendios forestales, al menos en la mayor parte de países libres y especialmente en estos de libertad casi emergente (30 años son pocos para haberla asimilado) son la prueba -otra prueba en realidad- de que el libre mercado, como sistema social y político que gravita alrededor del económico, va a acabar devorándose a sí mismo. La liber­tad individual y social dejada a su aire, se desboca, y si no hay mecanismos correctores -y no sólo sancionadores te­niendo en cuenta que los autores son prácticamente invisi­bles-, sufi­cientemente potentes para impedir que en la so­ciedad el afán desmedido de dinero y de riqueza sean el motor del pí­rrico e inconsistente desarrollo, el precio que la sociedad humana y el planeta en su integridad habrán de pagar es, su propia destrucción.



Bush y los neocons son los principales promotores de la aceleración del Juicio Final. Se niega a firmar el protocolo de Kioto y dicta leyes que remueven la protección a los bos­ques y los mínimos frenos que existían para la potenciación de los negocios más suculentos: el petróleo y la madera. Y por aquí, y por imitación también, en nuestros pagos y sus aledaños, los enemigos de la excep­ción cultural pero adora­dores de la cultura del ladrillo (y se­cundariamente también de la ma­dera), son los instigadores del espíritu incendiario.



No hay que bus­carlos en otra parte ni en otras motivacio­nes. ¿Quién, dro­gadicto o no, recibiendo una gratificación desde las sombras, sin importar la cuantía, no cae en la tentación de pren­der fuego a lo que sea? ¿Que se necesita estar depravado? Pues son tantos los deprava­dos que ma­tan a todas horas por todas parte, los que man­dan miles de personas a matar, los que destruyen, intrigan, envenenan a sociedades enteras, que no puede sorprender a nadie en su sano juicio que por unos cuantos denarios y con tanta facili­dad como hay en prender una mecha con gasolina por los cuatro puntos cardinales, se ponga en marcha un pro­ceso que luego, acompañado de un poco de viento, va por si solo a acabar con miles de hectáreas. Miles de hectá­reas sobre los que, pasados diez años durante los que esa Comunidad o ese ayuntamiento han prohi­bido construir, acaba constru­yéndose...



Este es el sistema sin el que no podemos vivir. Pero éste es también el camino que conduce a la ruina de nuestros nietos. La nuestra es una generación que sólo piensa en sí misma. Sólo el prove­cho del hoy y ahora mueve energías incontables para sa­tisfacerse a sí misma. Parece que no hay remedio. Porque ni con todas las penas del infierno se pondrá jamás fin a un crimen que sólo se puede evitar a base de amor. Amor que, en sus múltiples formas, desapa­rece por los cuatro costados del occidental egoista donde los haya...



Ya estarán los empecinados en rumiar optimismo aunque se hunda el mundo, preparando su batería de re­pro­ches e improperios para tildarme de agorero, de pesi­mista y de enfermo crónico de la cabeza. Esa es la coartada per­ma­nente que se fabrican, para su consumo interno, las ca­be­zas sanas, opíparas, bien arrellenadas en su circuns­tan­cia y en su ignorancia, para espantar todo lo que les mo­lesta... Pero esas mismas cabezas que se bañan en li­bertad todos los días son las que nos están llevando al final de la historia o contribuyendo a llevarnos en volandas a él, y no otros factores exógenos, exóticos o cósmicos. Con un opti­mismo tan necio como el que proviene de la incons­ciencia, no es necesario esperar a que surjan otros enemi­gos se­cretos mayores de la humanidad. El mayor enemigo del hombre es él mismo. Es más, los mayores enemigos del capi­ta­lismo hay que buscarlos dentro del propio capitalismo. Se pongan como se pongan, el libre mercado acabará con todo. Y quienes paga­rán las consecuencias de nuestra idio­cia serán las inme­diatas generaciones. ¡Maldita sea la nuestra!

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Comentaris

Re: Los incendios forestales y la libertad de mercado
22 ago 2004
El cambio climático es una realidad ya. La desaparición del invierno es un hecho que ya todos los gobiernos de la Europa Mediterránea asumen de manera pesimista.

Lamentablemente el desarrollo desaforado y la falta de compromisos y de organizaciones alternativas es un indicio de que va a seguir la destrucción de nuestros bosques y el maluso del agua.
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