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Notícies :: amèrica llatina
¡que se vayan todos!
14 ago 2004
venezuela : ni los unos, ni los otros!!!!!!
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No pasará nada
Por Domingo Alberto Rangel

A escasas horas del referéndum revocatorio es buena la ocasión para cumplir el oficio nada simpático, pero inevitable, de aguafiestas. Los venezolanos que votan, una minoría, pues la abstención llega a más del 50% y hay más de un millón de personas tan sabias que ni siguiera están inscritas en el Registro Electoral, creen dos cosas que pertenecen a sus dogmas cívicos. La primera es que su fórmula va a triunfar. Ello es natural. Nadie va a una batalla, así sea batalla palabrera, sin una mínima confianza en la causa que haya abrazado. Vencedores y vencidos los hay después de la batalla, antes de ella nadie se siente derrotado. La aritmética se encarga, en este caso de los optimismos, de reducir a cada quien a sus justas proporciones. La segunda cosa en la que creen los venezolanos en este momento es que el revocatorio devolverá la paz a la nación. Mentira, el revocatorio, cualquiera sea el vencedor, no va a resolver nada.

Venezuela tuvo entre 1998 y 2000, cuatro o cinco elecciones. Ninguna de ellas trajo la paz. Por el contrario, encendieron ellas más los ánimos, desataron más las pasiones y terminaron haciendo más agudas las tiranteces. Quien diga que ahora viene la paz o la reconciliación miente con descaro o pertenece a la categoría de los bobos. Puede haber diez pactos parecidos a los de âPunto Fijoâ? y es posible que las tensiones se reduzcan, pero la discordia civil, como la llamaban en tiempos de Bolívar, no desaparecerá. El revocatorio será un episodio más en el largo capítulo de la inestabilidad que hoy sacude a Venezuela.

Las causas de tal situación son muy profundas, pero no es difícil examinarlas para satisfacer el espíritu crítico y disipar, de paso, tantas ilusiones que prosperan en nuestra vida pública.

La codicia y su papel
La paz o la convivencia son difíciles o imposibles en nuestro país porque cada bando busca el botín del presupuesto público. No habiendo otra fuente de acumulación, no existiendo otra riqueza, no columbrándose en Venezuela otro premio que el petróleo, la lucha por el Poder Público se transforma aquí en cuestión de vida o muerte. El que gana tiene a su disposición todas las riquezas; el que pierde, masca todas las amarguras. No es Venezuela un país burgués de tipo normal, es una anomalía histórica donde el petróleo, manejado o poseído por el Estado, lo determina todo.

Aquí es obligatorio triunfar en las lizas políticas para acumular capital. Hay algo característico: los caudillos de hace siglo y medio llevaban un brujo, un peón o un âfacurtoâ? como espaldero. Zamora tenía al famoso Martín Espinoza, quien consultaba al âadivinoâ?, un sujeto medio idiota que decidía a quien se fusilaba o no se fusilaba. Hugo Chávez carga a Diosdado Cabello que sólo fusila partidas presupuestarias. Es un paso civilizador sin duda. Entre el âadivinoâ? de Zamora y Diosdado hay el ascenso de un país que dejó de ser una montonera para convertirse en una nación.

Pero la moral venezolana sigue siendo la misma. Aquí hoy, un doctor de Harvard o de Oxford, hijo del llano como era el âadivinoâ?, piensa lo mismo de la política, que es el arte de asquear. La diferencia está en el medio utilizado. El âadivinoâ? usaba la lanza ríspida, el doctor de Harvard usa un tanque AMX30 ya anticuado, pero como los militares latinoamericanos sólo adquieren chatarra, es lo que les permite el sistema internacional del capitalismo, el tanque hace el papel de la lanza de hace siglo y medio.

Odiaos los unos a los otros
Este sistema o estos mecanismos engendran una situación insoportable para la paz. Nadie da tregua, nadie concede cuartel. La política es aquí radical e intransigente porque ella se hace para conquistar el botín y nada más. Quien gana, tiene aquí el presupuesto a su disposición; quien pierde tiene ese calvario que en la jerga popular se conoce con el nombre de âpeladeraâ?.
La democracia es igual a la dictadura. Por eso Betancourt, Leoni y Caldera se parecen tanto a Pérez Jiménez o son otros tantos Pérez Jiménez con otro âPlatinadoâ? cada uno de ellos. Hugo Chávez agrava esta situación porque es, ante todo, codicioso y posesivo como son los militares en estos países latinoamericanos donde el hombre armado hace lo que quiere.

El militar gringo o europeo es agente del orden burgués o capitalista, pero sabe que actúa dentro de un sistema que es tanto más invulnerable cuanto más se respete ese mito cabrón que es la ley. Los gringos llevan más de doscientos años adorando a su Constitución, que les ha deparado una estabilidad en pirámide egipcia.

En Venezuela, el vencedor arrasa, lo cual significa adjudicarse todos los contratos, ventajas y preseas que derivan del poder, única fuente de acumulación en nuestro país. Y el vencido cierra sus heridas y acaricia sus cicatrices. No hay aquí entonces paz dentro del capitalismo de Estado que nos ha tocado, sino en el momento en que dos bandos se ingenian para tener los mismos negocios, o en otras palabras, para asociarse como mercaderes. Cuando adecos, copeyanos, militares y urredistas se convirtieron, desde 1958, en socios mercantiles, hubo aquí paz. La âtragavenadosâ?, nuestra serpiente heráldica, sólo duerme cuando se come a una res entera.

Seguirá la fiesta
La inestabilidad proseguirá, así Carter y Cisneros vengan con el Papa. Los políticos y los militares jurarán amor eterno, pero ese amor será el de los estudiantes, según el tango de Carlos Gardel. La discordia civil se mantendrá incólume, gozando de buena salud. La Bolsa de Caracas, la embajada americana, las damas católicas, Lina Ron, la Academia de la Lengua, en fin, todas las instituciones y personas partidarias de la paz y el orden no deben preocuparse. La discordia civil en Venezuela no quiebra hueso. Es un país donde cada fin de s e m a n a mueren asesinadas unas cien personas sin que ninguna de ellas sea víctima de un duelo o pasión política, las desavenencias carecen por completo de influencia.

Nada más desprestigiado que los políticos en Venezuela. Todos ellos, adecos o chavistas, reaccionarios o radicales, progresistas o conservadores, arrastran un descrédito universal y un repudio militante. La gente acude aquí a un político con el pañuelo en la nariz. Es que de cien políticos, entre nosotros ciento uno son pícaros porque entre los cien hay por lo menos uno que es pícaro dos veces.

No habrá ningún cambio con el revocatorio, todo seguirá igual. Es posible que haya un nuevo pacto de Punto Fijo, pero en nada influirá sobre la vida nacional. Se firmará en el Panteón Nacional y el comandante Chávez y el doctor Ramos Allup con su carita de turpial arrojarán lágrimas que conmoverán al doctor Caldera desde su retiro de padre eterno, al que sólo falta la nube para parecerse al de la Biblia. Este sistema es tan viejo que en él hay un padre eterno, pero no un Jesús recién nacido. Y ojalá ese Jesús no nazca todavía porque sus primeras palabras serían para pedir una comisión.
Mira també:
http://15deagosto.blogspot.com/
http://www.nodo50.org/ellibertario/noticias.html

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