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Perú: la historia de un Constituyente que no será
13 ago 2004
La historia de una constituyente que no será, pero que debería y algunos comentarios sobre el campo popular y cómo criticarlo
Perú: La historia de una constituyente que no será
José Carlos Agüero

Una natural simpatía me inclina a coincidir con la propuesta de una asamblea constituyente, entendida como una oportunidad para la participación, casi como un mecanismo de inclusión. Pero, aunque esto suene bien y nos convoque ¿qué hay detrás de éstas palabras?, ¿es realmente una oportunidad para la participación?, ¿de quiénes?

Una constituyente es un escenario posible en el fututo, aunque no el más probable. ¿Comentar entonces sobre algo que no será? Pues si. El asunto da para bastante. Raúl Wiener por ejemplo, comenta con inteligencia sobre la materia. Léanlo a él si quieren saber más detalles de una posición a favor. Si quieren saber de alguien que está en contra, lean a Carlos Basombrío. Sólo para citar a dos conocidos de todos (y militantes de izquierda, a saber, o que por lo menos eran).

Ahora me interesa llamar la atención sobre un enfoque del problema: la necesidad de ejercer la crítica sobre nuestras simpatías, las organizaciones populares, la propia producción de nuestros discursos. Hay una diferencia entre lo que queremos creer, lo que queremos que crea el resto y lo que posiblemente sean los procesos más complejos de la sociedad. Por ejemplo, si alrededor de la constituyente se proclama la participación de actores nuevos, es una exigencia actual no dejarse llevar por esta narrativa. Debemos preguntar quiénes participan y qué de nuevo traen.

Es una exigencia apremiante porque las oportunidades para el país (y para la humanidad, en otro contexto) se van perdiendo. Y la manera de dar un giro radical en la realidad âintuyo- solo puede venir de la verdad, de un progresivo y penoso tránsito colectivo hacia la lucidez. Como quiera que se entienda.

A propósito de esto, vienen estos comentarios, que surgen como resultado de una pequeña reunión de discusión. Los comentarios son muy esquemáticos, pero directos.

Separar la paja del trigo

Alejandro Toledo abrió la posibilidad de una asamblea constituyente y lo bueno de su propuesta es que permite definir campos. El gobierno quizá la lanzó sin haber medido bien sus posibles consecuencias. Porque es una propuesta que abre la posibilidad de poner en cuestión elementos claves del sistema político y económico del país, que se encuentran por lo menos teóricamente legitimados en la constitución política.

Ante esta posibilidad le cabe a los actores políticos y sociales, asumir posiciones. Dar razones jurídicas, técnicas, presupuestales, personales o lo que sea, para justificar su inclinación. Pero el asunto es claro: se trata de defender el modelo actual o cuestionarlo. La posible convocatoria a constituyente puede permitirnos ver quiénes son quienes en el campo político. Así que por lo menos, ya tiene un efecto positivo: separar la paja del trigo (nadie ha dicho si el trigo o la paja son mejores, es una opción personal).

La paja: La reforma conservadora o cambiar para mantener

Los diferentes grupos de poder económico y político articulados de muchas maneras alrededor del Estado, los gremios empresariales, las empresas extranjeras, los grandes medios de comunicación y los partidos tradicionales -los grupos conservadores- no quieren un Congreso Constituyente. Tienen pretextos:

- Gasto inútil
- Inoportuno por enrarecer un periodo pre electoral
- Desestabilizador, justo ahora que las cosas apuntan hacia un ânuevo pactoâ?
- Ruido político innecesario
- Lo mismo se puede obtener reformando puntos clave y que ya cuentan con consenso

También, claro, tienen motivos reales:

- Impedir la revisión de capítulos esenciales para la vigencia del modelo económico
- Impedir la participación efectiva de grupos de poder no tradicionales
- Impedir por tanto, la posible aparición en agenda pública de problemas, prioridades y enfoques que no pueden administrar

Estos grupos utilizarán los recursos con que cuentan para impedir este escenario y éstos son cuantiosos. Incluyen uno de los más efectivos últimamente: la desaparición de la discusión. No se hablará del tema o se hablará poco o se lo mencionará de pasada o como algo ridículo. Esta estrategia es eficaz. Si los grupos conservadores logran construir un fuerte discurso en medios que haga ver la propuesta como algo descabellado, propio de demagogos populistas o "analfabetos técnicos", no habrá líder político que levante el tema.

¿El trigo?: El actor sin libreto

En teoría, la convocatoria a asamblea constituyente, si llegara a prever mecanismos de participación aceptables y no excluyentes, representa una oportunidad para que sectores de la sociedad que no están representados en las instituciones públicas, ni en los partidos políticos tradicionales, ni en los espacios de confluencia abiertos hasta ahora, como el acuerdo nacional, participen de las decisiones sobre los asuntos públicos. Estos sectores, que en principio ya son renovadores tan solo porque no son los actores tradicionales, son sin embargo, muy diversos y están desarticulados.

El paro nacional mostró en parte los límites de organización de los gremios, cada cual con su demanda sectorial, sin guardar coherencia con el resto de demandas y sin tener un claro núcleo de consenso. Lo mismo hizo el foro social en Tambogrande respecto de las organizaciones más jóvenes, indefinidas entre movimientos cívicos, culturales o pseudo políticos.

Los grupos sin embargo existen, en todo el país. Movimientos regionales, frentes de defensa, gremios laborales, campesinos cocaleros, gremios mineros, campesinos a secas, estudiantes, y movimientos civiles - desde los grupos críticos de la globalización, contra el ALCA, defensores del medio ambiente, etc-. Sin olvidar a los aymaras y los âespontáneosâ? movimientos en torno del poder local y municipal.

El grupo conservador, con poder de influencia y aún de decisión política, está articulado, sabe lo que quiere y tiene estrategias serias para conseguir lo que persigue. Los grupos populares, con menor capacidad de influencia, encima, no tienen norte, están a la deriva, por ahora. Y eso, en un contexto en el que deben resolverse asuntos de fondo, en una coyuntura clave, es fatal. Es pues, en conjunto, un actor débil (curiosamente, cada grupo por su lado parece tener mayor capacidad de impactar: Sutep, cocaleros, etc).

La calle vacía

Es poco probable que se consiga una constituyente, esa es la verdad. Uno de los pocos espacios donde pueden ejercer poder los sectores populares es en la calle. La calle sigue siendo de nadie por ahora; por lo menos hasta que medidas de seguridad más represoras que las actuales, terminen por dominar también este último espacio cívico.

Pero usar las calles es algo riesgoso y para un tema que es estrictamente político (que no es una demanda sectorial) se requiere de una capacidad de convocatoria que aún nadie tiene. Ni una persona, ni un grupo, ni una alianza, ni un programa y menos, una idea. Así que la calle, por ahora, no decidirá.

Porque la calle además, ahora, no basta. Requiere estar vinculada a las avenidas mediáticas. Las nuevas plazas públicas son los medios de comunicación, donde se colocan las nuevas pizarras, las discusiones, los líderes, las multitudes (las multitudes invisibles y pasivas). Y acá, la batalla parece muy difícil de darse. Esta calle si tiene dueño.

Y encima los grupos renovadores son muchachones reciclados

Si, si, una exageración, seguro que si, pero no tanto, camaradas. Personas lúcidas, intelectuales que han estado siempre del lado de las reivindicaciones populares, señalan que la asamblea constituyente debe ser una meta, porque permitirá participar a los que no lo hacen y revisar lo que hasta ahora es inamovible.

Ante esto, dos preguntas: ¿quiénes son estos grupos con mayor probabilidad de participar en una elección, ahora, en los próximos meses, del llamado campo popular? y, ¿qué traen de nuevo realmente? Puedo equivocarme. Pero si es así que me corrijan los expertos. Y que después alguien los corrija a ellos, por favor, no vayan a creer que tiene el monopolio de la verdad.

Los grupos ahora no representados, que se beneficiarán de una asamblea constituyente (que no se dará) serán en primer lugar los reencauchados partidos de izquierda, y los nuevos partidos de izquierda "técnica". Estos son Patria Roja, el PDD de Javier Diez Canseco y el PDS de Susana Villarán. Hasta allí. Existen otros partidos en formación, más pequeños, que tiene menores posibilidades de inscribirse en una elección y si lo hicieran, aún menor probabilidad de ganar escaños. Es un asunto de recursos.

Se beneficiarán también, por su cuenta, por su perfil, líderes que puedan inscribirse donde sea, no importa demasiado dónde. Estos son los ex ministros y funcionarios "independientes" que han preservado más o menos intacto su prestigio, los líderes regionales y los comisionados de la verdad.

Otro sector con probable base popular, pero quizá no con capacidad para organizarse para una elección de manera autónoma, son los gremios de campesinos cocaleros. Posiblemente, se convertirán en un objeto de disputa por parte de los diferentes partidos de izquierda.

Finalmente, aparecen con cierta capacidad de organizarse para una elección dos grupos radicales: los etnocaceristas, y las bases ultras del SUTEP, ambos con líderes carismáticos y demagógicos, cuyo mensaje tiene pegada en las zonas más deprimidas y con mayores resentimientos del país. Y el resentimiento no es poca cosa.

Creo si, que Sendero Luminoso no podrá aprovechar esta ocasión para constituirse en un actor legal. Lo que puede hacer es influir en los sectores más radicales y trabajar desde dentro.

Aunque no es para nada un grupo "progresista", si es popular: los seguidores de Fujimori tampoco están tan desvalidos y pueden encontrar aliados económicos importantes para financiar sus aspiraciones congresales.

Así pues, hay oportunidades y riesgos si se abre la caja de pandora de la constituyente. Y eso que no hemos considerado acá las posibilidades de que el espacio sea aprovechado por el APRA, Acción popular y el PPC, que estarán en principio contrarios a la constituyente, pero que si se abre la opción, obviamente entrarán en el juego.

Lo nuevo no puede ser viejo, ni siquiera parchado

Es un supuesto que estos sectores populares traen consigo lo diferente, nuevos problemas en sus agendas, nuevos enfoques de los viejos problemas, nuevas metas de los programas, nuevas prácticas y cultura política. Esta participación entonces debe ser deseada por los que coincidimos en una crítica al sistema actual, que produce y reproduce tanta exclusión, pobreza, desigualdad e impunidad.

Es cierto, en parte. Es cierto porque solo estar presentes en los espacios de decisión significaría quitar el monopolio de las decisiones sobre política y recursos a los grupos tradicionales. Pero no es tan así, no es cierto esto. ¿Alguno de los intelectuales más optimistas puede identificar cuáles son esos elementos de práctica, de cultura, de mentalidad, distintos, en los principales actores mencionados?

Si, muchos son de izquierda, pero la izquierda en el país tiene una tradición también. Y su tradición ha sido en gran parte autoritaria ("radical", dice oportunamente Rénique). Y sus grandes conflictos fueron caudillismos disfrazados. No lo digo yo, cómo podría. Lo dicen ellos mismos.

Cierto, se han reencauchado. Ahora son democráticos. Han abandonado la idea del cambio radical de la sociedad. Hoy trabajan por la eficiencia y eficacia de las instituciones democráticas, por la plena vigencia de los derechos humanos y el desarrollo sostenible. El mismo sistema, pero con un enfoque que permita reorientar y distribuir de modo no tan vergonzoso el excedente. Y no es que esta nueva meta sea fácil de alcanzar, ni mucho menos. Solo que, a decir verdad, la diferencia respecto de la derecha se hace tan difícil de apreciar, que hay que ser un experto.

En el caso de estos líderes de izquierda, se trata entonces de si se les cree o no y los asumes como posibles dirigentes. Ojo, no estoy diciendo que su pasado los condene, eso sería dar más importancia de la que debe atribuirse a las biografías. Si pues, fueron dogmáticos, egoístas, caudillos. Pueden haber cambiado.

No es cuestión de biografía, pero si de evaluarlos como dirigentes, como portadores de una propuesta política âmarxista- aquella que defendieron por décadas, la que llevó a luchas, tragedias y sacrificios, que muchas veces no fueron los suyos sino del resto. Y saber que su propuesta era falsa. Atención, no que estaba mal estructurada, o tenía errores, ni siquiera que se equivocaron en los métodos y aplicación. Sino que era falsa, que era mentira. Porque sino ¿por qué abandonar completamente todo un modelo?

Entonces ¿eso si, no cuestiona su capacidad para liderar los procesos de cambio social, eso si no los cuestiona de fondo, como líderes? Creo que si. Las últimas décadas en el país (y en el mundo también) han sido demasiado trágicas y vergonzosas como para que pueda hacer confianza en estos líderes. Que cambien si pueden, los felicito. Pero que no me representen. Gracias.

¿Y los movimientos regionales? ¿Y los ilaveños? ¿Y los cocaleros?

Intrínsecamente tienen algo positivo, al margen del contenido de los movimientos: representan la irrupción de intereses en la agenda pública, no colocados por los grupos tradicionales. Y tanto mejor si se trata de poblaciones excluidas. Pero ¿y el contenido?

Me animo a pensar que en gran parte solo hay precariedad. Demasiado ligados a la sobrevivencia, y quizá, a la manipulación de poderes regionales o locales (algunos ilegales). Pero la información que poseo me permite suponer esto, nada más. Quizá otros puedan comentar mejor estas dinámicas regionales (pero en serio, sin afán de construir realidades que cubran nuestros deseos).

Ver en Ilave -como han hecho varios intelectuales y algunos grupos de entusiastas alter-globalización- la expresión de la lucha contra el poder del capital, la expresión de la participación, y de la autonomía del pueblo indígena aymará, es un error. Si la brutalidad, la manipulación de la población, el asesinato y la tortura va a ser el distintivo de lo nuevo, pues entonces lo nuevo se parece demasiado a lo viejo. Ese no puede ser el camino y ése no es el actor nuevo. Si lo es para algunos, pues bien.

Pero tampoco es que no pase nada ¿no?, algo pasa, y hay que notarlo. Y en eso tienen razón. A ver, pus.

¿Entonces, qué?

Entonces nada, la reflexión sobre la realidad no debe ser para mitificar. El sistema que está acabando con el planeta y con su población utiliza todos los recursos a su disposición para construir consensos silenciosos, donde nadie participó activamente para construir estos consensos. Construye una realidad falsa sobre la que sus discursos se explican, justifican y legitiman.

No debemos copiar estos recursos. Hay que cuestionar también el campo de lo popular, como una expresión más de lo viejo. De la vieja cultura política. De las viejas necesidades. De los viejos modos de articularse. De los viejos discursos. Pero al mismo tiempo, valorar estas experiencias porque representan la expresión de los excluidos. Y esto es cuestionador de por sí.

¿Paradoja? Bah, solo parece paradoja en el papel, cuando está escrito. En la vida cotidiana las cosas vienen siempre así, complejas. Sólo el análisis nos permite separar las cosas en sus elementos. Y solo un análisis que no busque complacerse a si mismo ni a nuestro ego o llenar nuestra necesidades permitirá ir rescatando elementos de un nuevo discurso.

Y el análisis se hace de los dos modos: en el gabinete y trabajando, en la práctica. La práctica de un sindicalista, de un cocalero, de un ecologista, ya es analítica, porque cuestiona (interroga) la realidad.

Entonces, luego de tanto rollo, amigos ¿qué hacer con la constituyente? Nada: a trabajar por esta opción. La práctica quizá vaya construyendo nuevas capacidades y nuevas ideas. Aunque por ahora la constituyente sea algo así como un reflexión ucrónica. Ucrónica para adelante, además.
Mira també:
http://ar.groups.yahoo.com/group/ave-critica/

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