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Anàlisi :: amèrica llatina
Alfonso Sastre convoca a la defensa internacional de la Revolución bolivariana
12 ago 2004
Necesitamos una estrategia capaz de “garantizar la consolidación histórica de esta luminosa esperanza?, afirmó el intelectual español
Amaro Magenta

Caracas, 4 de agosto de 2004

Un hombre comprometido con su tiempo

El proceso revolucionario venezolano que lidera Hugo Chávez enfrenta un nuevo reto democrático: la ratificación en las urnas de la voluntad mayoritaria del pueblo, frente a la voluntad del imperio y de sectores acomodados y descontentos minoritarios, intoxicados con tres años de feroz y criminal guerra mediática. Ante esta nueva amenaza a la liberación constituyente del pueblo organizado, se han desatado de manera incontenible las redes de la solidaridad internacional.

A ellas se suma la poderosa voz de Alfonso Sastre, ensayista y dramaturgo esencial de las letras españolas, que anunció su participación en el congreso mundial de intelectuales que tendrá lugar en Caracas a finales del mes de noviembre. Con ocasión de esta nueva convocatoria a defender las luchas de los pueblos desde las trincheras de la razón, el dramaturgo se ha pronunciado de manera contundente a favor del proceso bolivariano, que tiene en la organización popular su principal baluarte.

Sastre, que recientemente ha llamado a los intelectuales a "la desobediencia civil hasta el grado de la sedición" y a la defensa de "la utopía revolucionaria, libertaria y socialista", es uno de los escasos intelectuales progresistas del estado español que mantiene viva su voz contestataria. Al declarar su inequívoco apoyo al proceso bolivariano, evidencia un compromiso con su tiempo que está dramáticamente ausente del accionar de la mayoría de intelectuales de tertulia y organizaciones contestatarias del estado.

Una alianza de solidaridad internacional incontenible

Ante la proximidad del referéndum y la creciente injerencia estadounidense, el mundo progresista y crítico viene tejiendo una impresionante red de solidaridad internacional con el proceso venezolano, que en el campo de la intelectualidad progresista luce como alianza imbatible. Autores críticos de la relevancia de Tariq Ali, Emir Sader y Naomi Klein; artistas como Chico Buarque, Ken Loach, Manu Chao y Harold Pinter (uno de los dramaturgos esenciales de las letras británicas); activistas altermundistas como Walden Bello, Jose Bove y Bernard Cassen; y latinoamericanos universales como Adolfo Perez Esquivel y Eduardo Galeano (víctima hasta hoy de sus prejuicios frente al proceso bolivariano), se han sumado a la convocatoria de solidaridad mundial, al proclamar inequívocamente su voto por la continuidad de Chávez y este nuevo despertar de los pueblos (*).

La Revolución bolivariana: una luminosa esperanza

El entusiasta espaldarazo de Sastre al proceso bolivariano le coloca una vez más a la vanguardia de la intelectualidad crítica europea y mundial, en momentos en que se multiplican las voces de solidaridad y – por contraste – se echa de menos un despertar contundente de los adormecidos movimientos contestatarios de la península ibérica. Mezclando la denuncia y la incurable esperanza, el autor llama a los intelectuales progresistas del mundo a conformar un movimiento efectivo que, más allá de los discursos y debates, permita establecer una estrategia capaz de “garantizar la consolidación histórica de esta luminosa esperanza?.

Si bien advierte contra las amenazas que se ciernen desde el imperio, Sastre asegura estar convencido de que la organización y el entusiasmo popular garantizarán una vez más “la continuación de este gran proceso revolucionario, de esta magna transformación?. Una vez más, denuncia la complacencia histórica de intelectuales y artistas con los procesos revolucionarios, y llama a la crítica contra el imperio, el populismo vacío y la burocracia, y a salir a la calle a la defensa de los valores universales de los pueblos: “¡Adiós a las torres de marfil¡?, proclama certeramente.

De la soledad a la solidaridad

Antes del golpe de extrema derecha de abril de 2002, apenas un puñado de intelectuales y colectivos progresistas del mundo desarrollado se habían interesado por el proceso político que atraviesa el país desde que Chávez tomara el poder en 1998. El golpe, la inequívoca validación del gorilismo por parte del imperio y, de manera fundamental, la activación de una vertiginosa resistencia popular y cívico–militar sin antecedentes en la historia reciente, despertaron nuevas alertas en las resistencias solidarias e internacionalistas del mundo entero.

Ante el nuevo desafío que enfrenta el proceso, movimientos sociales, federaciones sindicales, organizaciones de todo signo, intelectuales, partidos políticos e inclusive líderes políticos en ejercicio del mundo entero se suman a las voces de millones de venezolanos que dijeron basta al sometimiento y a la explotación, y su incontestable voluntad colectiva de apostar por un modelo de democracia alternativa, centrado en los valores de participación, soberanía y autodeterminación política, social y cultural de los pueblos. Basta entrar en contacto con cualquier exponente de los movimientos sociales críticos del continente, o acudir a una de las múltiples citas de articulación de las resistencias, para palpar la esperanza que el pueblo latinoamericano coloca sobre la continuidad y profundización del proceso revolucionario venezolano.

Llamamiento a las resistencias del estado español

Convocatorias de toda índole se suceden a lo largo y ancho del continente americano, incluyendo manifiestos de apoyo, eventos y manifestaciones de solidaridad y, próximamente, vigilias en las embajadas estadounidenses, para repudiar las amenazas del imperio de empañar la voluntad pacífica y democrática del pueblo en transformación. Entre tanto, desde el estado español son escasas las voces que se suman a esta nueva demostración del poder de la solidaridad internacional. Este silencio de las resistencias apunta a la continuidad de su sumisión al ensordecedor ejercicio de intoxicación de la corporación mediática transnacional. Sin embargo, aún hay tiempo. Escuchen el llamado de Sastre y compañía, acudan al llamado de la solidaridad: los pueblos del mundo se lo demandan.

(*) "Si fuéramos venezolanos… Votaríamos por Hugo Chávez "

En: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=2841

Palabras de Alfonso Sastre

En: La Revolución Bolivariana. Los intelectuales opinan. Caracas, 2004

Venezuela y agosto

La situación es hoy extremadamente amenazadora, aunque los planes internacionales del imperio se hayan visto, durante el último año, retrasados – ya que no frenados – en virtud de la heróica resistencia iraquí a sus propósitos de dominio mundial. No cabe, pues, descansar en una retórica de la confianza, en la fuerza cuasi milagrosa que tendrían en sí las razones de los pueblos, y en sus capacidades de auto-organización espontánea y de lucha; y yo estoy seguro de que el pueblo venezolano está dispuesto a mantener la legitimidad de su Revolución con todos los medios a su alcance, más allá del optimismo de los discursos, pero también más allá del pesimismo de algunos analistas y comentaristas, que están pensando que el 15 de agosto no es una batalla lo que la Revolución bolivariana podría perder, sino nada menos que la guerra contra el imperialismo. Yo no creo que sea así, pero no por ello la situación deja de ser muy grave y comprometida.

Yo espero, sinceramente, que el grado de organización y el entusiasmo popular garanticen una vez más – frente a las fuerzas gigantescas del gran antagonista – la continuación de este gran proceso revolucionario, de esta magna transformación.

Los intelectuales y artistas han cultivado excesivamente en otros tiempos actividades de mero acompañamiento de los procesos revolucionarios, desde escribir apologías o himnos a llorar a los héroes asesinados como contribución propia a tales procesos. Pero hoy es el momento, más que nunca, de la crítica. ¡Hay que “pensar contra el imperio?, desde luego, pero también, en nuestras filas, contra el populismo y la burocracia¡ Y, desde luego, salir a la calle. ¡Adiós a las torres de marfil¡

Espero que el Congreso de Intelectuales no sea un congreso más, y que en este encuentro nazcan actividades prácticas y quizás consiga dibujarse alguna línea general para una estrategia capaz de garantizar la consolidación histórica de esta luminosa esperanza.


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