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Notícies :: amèrica llatina
de que hablan los criminales?
09 ago 2004
La utilización del doloroso y lamentable caso del niño Andrés Felipe Pérez, quien padecía de un cáncer renal, ha dejado al desnudo la inhumana actitud de la Oligarquía colombiana ante el dolor de sus compatriotas. Y no podía ser de otra manera. Ha sido su actitud a lo largo de la historia de Colombia. Es y será.

Andrés Felipe Pérez, fue una víctima más de la guerra que la oligarquía colombiana le ha impuesto al pueblo.

Los medios de comunicación de masas, en manos de esos sectores oligárquicos-léase Ardilla Lulle, Santodomingo, López, Lleras, Santos y demás especies- montaron un espectáculo del sufrimiento de un niño de 12 años que padecía una enfermedad terminal, que además sufría el abandono desde los 6 meses de edad de un padre cuya calidad moral está en duda desde todo punto de vista.

A este juego se prestaron- ¿o lo montaron?- los miembros del equipo gubernamental, encabezados por el propio Presidente de la República Andrés Pastrana Arango, el Alto Comisionado para la Paz, Camilo Gómez, y el Ministro del Interior.

Sobre el sufrimiento del niño y su familia, montaron el espectáculo, sin importarles que ello iba a aumentar el dolor del paciente y su familia. Le negaron la posibilidad de morir en paz, con tranquilidad y con dignidad.

Murió con su dolor aumentado porque los medios invadieron su privacidad, impactaron sicológicamente a un menor de edad que además de la inmadurez sicológica propia de la edad, sufría por su dolencia; mostraron cual payaso de circo a la familia que demandaba, ellos sí en una muestra de grandeza increíble, que el padre fuera liberado, sin importar que hubiera abandonado hacía tanto tiempo a Andrés Felipe y a su madre.

-Un hombre que abandona a su hijo, pero que además se hace suboficial de unas fuerzas militares que asesinan, desaparecen, masacran y torturan a los hijos del pueblo, no es merecedor de tanta magnanimidad.

De ninguna manera somos insensibles al dolor de las gentes de nuestro pueblo, mucho menos al dolor de un niño. En nuestra vida diaria vemos este dolor por todos los caminos que transitamos.

Niños huérfanos porque sus padres fueron asesinados o masacrados por el paramilitarismo de Estado o por el Terrorismo de Estado, que es lo mismo.

Niños, mujeres, ancianos y hombres, que deambulan de un sitio a otro, en el infinito círculo vicioso del desplazamiento forzado interno (ya son más de 2 millones de colombianos).

Madres amorosas que lloran a sus hijos asesinados por los sicarios entrenados por los militares colombianos, en ejemplos sucintos de la vorágine de violencia en que nos han sumido a todos los colombianos en desarrollo de la guerra preventiva y contrainsurgente que los ideólogos del imperialismo estadounidense han creado y que los gobernantes oligárquicos ponen en práctica con impudicia y sin ningún humanitarismo.

Niños que mueren porque son fumigados con Glifosato, porque "las fumigaciones no se pueden suspender" según la Embajadora Yanqui, Anne Patterson, y "sin fumigaciones no hay Plan Colombia."

Niños- embriones y fetos sería lo más correcto decir- que no nacen porque el Glifosato provoca abortos en las mujeres campesinas e indígenas del territorio nacional que padece las Mega-fumigaciones del Plan Colombia, todo lo cual ha llevado a la Sociedad Colombiana de Pediatría a exigir investigaciones del efecto del tóxico sobre la salud humana, especialmente los niños.

¿De qué habla el Presidente Pastrana si - como comandante en Jefe de las FF.MM.- es el primer responsable de la violencia paramilitar y permite, incluso, que el sociópata asesino que dice llamarse Carlos Castaño pueda mostrarle al mundo su "patriotismo" y se inculpe de asesinatos cometidos por las Fuerzas Militares, como los de Manuel Cepeda, Carlos Pizarro León-Gómez, Jairo Rojas y un largo etc.?

Pero además, vemos a diario la violencia que ejercen desde el Poder, esos que hoy se desgarran las vestiduras y dicen cínicamente sentir el dolor de Andrés Felipe.

Violencia estructural, no la física que se ve, al impedir o no garantizar el derecho a un empleo que asegure la alimentación de la familia y la satisfacción de las necesidades básicas primarias (21% de desempleo en 2001, según las no confiables cifras oficiales), al no garantizar el derecho a la educación- violencia que produce muertes silenciosas por falta de atención médica en los hospitales.

¿Cuántas madres y fetos y niños, de escasos recursos económicos han muerto por el cierre del Hospital Materno-infantil de Bogotá?

¿Cuántos hijos del pueblo han muerto por el cierre del Hospital La Hortúa?

¿Cuántos niños han muerto por el cierre del Hospital Lorencita Villegas de Santos, que aunque privado cumplía una función social?

¿Cuántos colombianos no mueren en las puertas de los Hospitales porque no tienen para pagar la atención o los medicamentos?

¿Cuántos hospitales no cuentan siquiera con los elementos indispensables para realizar una simple sutura o curación mínima?

¿Por qué el Estado colombiano no responde por estos crímenes al haber convertido la salud en otra mercancía? Violencia estructural que produce la muerte de 5 niños diarios en Colombia por desnutrición y enfermedades prevenibles. Estas muertes silenciosas, que los medios y la oligarquía no publicitan, son muchísimas más que las muertes producidas por el conflicto armado.

Y nos preguntamos: ¿acaso algún miembro de la Oligarquía ha muerto por falta de atención médica? ¿Alguno de los hijos de los Santodomingo ha muerto por hambre? ¿Acaso alguno de los Lleras o Vargas Lleras, se ha acostado siquiera un día sin haber comido?

Planteamos el canje del Cabo de la Policía José Norberto Pérez, quien goza de plena salud, por el del Camarada Ignacio Gonzáles Perdomo, de 44 años, quien padece de Diabetes y está en mal estado. Pero los medios y las Autoridades Estatales no quisieron ver la humanidad de este canje.

Nuestro camarada padece una enfermedad crónica, conocida por los médicos como una de las grandes simuladoras, ya que afecta todos los órganos del cuerpo y con el paso de los años daña todos los órganos, especialmente retina, riñón, corazón y afecta principalmente la circulación a tal grado que muchos terminan siendo amputados en sus miembros inferiores.

Quien sufra de Diabetes o haya tenido un familiar diabético sabe lo doloroso que es la progresión de la enfermedad. Pero, claro, como el enfermo es un combatiente de las FARC-EP, a ese no se le puede aplicar ninguna norma humanitaria.

¿Se han preguntado los que lloriquean "con lágrimas de cocodrilo" por el dolor de Andrés Felipe, por los sufrimientos de los hijos y la familia de nuestro compañero? Los representantes gubernamentales dicen que el canje no es posible porque viola las Leyes de la República.

Entonces? ¿Qué es primero, el humanismo o la rigidez de una ley? El Estado no puede ceder y liberar a nuestro compañero porque no pueden violar la Ley, pero sí nos exigen muestras de grandeza y magnanimidad.

¿Por qué el Gobierno no dio esas muestras de magnanimidad? ¿Por qué, si su interés era real por el dolor de Andrés Felipe, no accedió al canje, aun violando su juridicidad? ¿Por qué Pastrana plantea que "También en la guerra existen las normas del Derecho Internacional Humanitario"? ¿Es que acaso el DIH sólo es aplicable a los miembros de las Fuerzas Militares? ¿Nuestro compañero enfermo no es sujeto a la aplicación del DIH? ¿Acaso, nuestro compañero, por ser miembro de las FARC-EP, no es un ser humano a quien deben garantizársele sus derechos humanos?

Curiosa, pero no extraña, interpretación de los conceptos del humanismo y del DIH. "La ley del embudo", dicen en la Costa Caribe.

Entendemos las expresiones del dolor de la familia, como producto de la pérdida irreparable, Pero sí queremos,cuando hayan hecho la elaboración de su duelo y se abra paso la aceptación de la pérdida y valoren nuevamente lo que padecieron, que entiendan que los han utilizado y utilizaron su dolor en nuestra contra.

Que entiendan que el primer responsable de la magnificación del dolor de Andrés Felipe es el Estado Colombiano que para defender los intereses de la Gran Oligarquía y del Imperialismo nos ha impuesto la guerra. Que convirtieron su dolor en arma para presionar las FARC-EP para conseguir quien sabe qué oscuros propósitos.

Nosotros, los combatientes de las FARC, hemos abrazado la ideología más humanitaria y humanista que existe. Nuestro accionar diario busca la solución de los problemas que afectan e impiden la felicidad de todo el pueblo colombiano. Hubiéramos querido que, no solamente en el caso de Andrés Felipe si no en el de todos los colombianos que sufren por la guerra, que las cosas fueran diferentes, que nos permitieran un accionar político diferente a la lucha armada. Pero el Imperialismo Estadounidense y la Oligarquía colombiana no lo han querido así y no nos han dejado otra opción.

Seguiremos en la lucha por alcanzar la Nueva Colombia, con paz, justicia social, dignidad y soberanía. Por eso Internalizamos los sufrimientos de cada uno y de todos los colombianos que soportan el despotismo del régimen y los mentalizamos convirtiéndolos en conciencia y firmeza revolucionarias.

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