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Carta d Angela Maria Lovecchio.
01 ago 2004
Carta de Angela Maria Lo Vecchio, anarquista encarcelada tras el montaje Marini

x Contra Infos Valencia - [ 26.07.04 - 19:46 ]

Queridísimos compañeros y compañeras:

Escribo para responder a todos/as los/as que de varias maneras han estado cerca de mi, antes y después de aquel fatídico día del 20/04/2004.Un escrito porque escribir a todos/as, singularmente o a las varias realidades, me sería imposible de realizar en poco tiempo y este es el único modo que me viene en mente para poder alcanzar mi objetivo tempestivamente.

Existe una fábula, según la cual en la cárcel se dispone de tiempo para poder hacer muchas cosas que non son posibles realizar fuera, a causa de los ritmos estresantes que estamos casi obligados a seguir.

En la cárcel el propio tiempo, se ve segmentado por infinidad de interrupciones burocráticas y de cotidiana rutina. A demás de la necesidad de estar en contacto con las demás presas durantes las horas de âdenominada sociabilidadâ? que nos son concedidas. La sensación es que incluso el tiempo lo tienes que conquistar fatigosamente.

Las cartas, los telegramas, las contribuciones económicas, el afecto y la solidaridad, son fuentes inagotables de fuerza y apoyo para aquellos que vivimos esta condición de constricción absoluta. Absoluta en el sentido de que así como es cierto, que fuera de aquí los espacios y la libertad individual y colectiva dejan siempre bastante que desear, igualmente es cierto que aquí dentro la represión se explica y manifiesta en toda su vil realidad.

Quisiera decir a todos/as que estoy bien y que encontraré el modo de ocupar este tiempo de la manera más provechosa posible para mi mente.

Pocas palabras con relación a la sentencia. Nueve años de ridículos debates procesales, de inútiles defensas (no quiere ser esta una crítica negativa a la labor de los abogados). A medida que el proceso avanzaba se evidenciaba cada vez más claramente, el diseño político y el fin último del poder. La razón de Estado, ya se sabe, disuelve todas las eventuales discordancias, antipatías, divergencias entre los varios representantes del poder judicial e investigativo-policial. De esta manera, sin lugar a dudas, el fiscal Antonio Marini no ha demostrado una particular capacidad o inteligencia investigativa. A decir verdad no tiene nada de lo que presumir si consideramos las numerosas veces en las que, durante las audiencias, la corte juzgante le ha sugerido vivamente, e incluso impuesto, no exagerar con sus juegos sucios y sus prolíficas requisitorias (obviamente tales invenciones se corresponden con una ética profesional jurídicamente correcta).

Al final de la primera vista del proceso, las sibilinas motivaciones de la sentencia construyeron las bases para una ulterior y más grave interpretación en el segundo proceso de apelación. Quizá esperaban que los tiempos estuvieran más maduros, o quizá simplemente un ejemplo ulterior de su escenificación de Pilatos: al final de los 54 imputados, 44 quedaban absueltos y no se habían reconocido ni el delito asociativo ni el de banda armada.

Lo cierto es que los órganos represivos, en defensa del dios capitalismo, evidenciaron que lo que se necesitaba era poner una piedra. Una pesada piedra como una sentencia por asociación subversiva y banda armada para los/las anarquistas, puesta allí a modo de sólido fundamento para una serie de investigaciones en curso. Fundamento necesario y garantía de posteriores ataques contrarrevolucionarios. Con la garantía de tantas investigaciones en curso y procesos bajo la acusación de 270 y 270 bis (artículos del código penal italiano referidos a acusaciones de âasociación subversiva con finalidad de terrorismoâ?, N. del T.) encajadas sin ningún sentido a tantos individuos y compañeros.

Nada que sorprenda, nada que nos asombre, y mucho menos durante la jornada del 20 de abril de 2004, cuando una corte de casación, compuesta por individuos (los compañeros que se encontraban allí, compartirán, creo, la sensación) de aspecto atroz y ceñudo, liquidaba apresuradamente la tediosa cuestión.

La primera cosa que pensé cuando entré en aquella monumental aula (como todo el edificio-mausoleo: pesado, marmóreo, obsoleto como todo lo que representa) ha sido que nuestras vidas estaban a punto de recibir un duro golpe que venía inferido por un propio y verdadero Tribunal de la Inquisición. El âNombre de la Rosaâ?era una película para chiquillos en comparación. En efecto, el duro golpe nos había sido dado: las condenas fueron confirmadas con la âseriedadâ? propia de las personas avezadas en este tipo de situaciones. Se regalaron cadenas perpetuas y decenas y decenas de años en poco más de tres minutos. MUY BIEN, BRAVO.

Que miseria, que ley del silencio. Cómplices de estrategias de masacre y guerra, de dura represión contra quien lucha por sus más elementales derechos. Sordos y ciegos frente al envilecimiento progresivo, privado de toda dignidad humana, de nuevo otra vez con indiferencia y solicita costumbre. Han acusado, juzgado, absuelto y condenado. Ni siquiera el mínimo gesto en su expresión, ningún matiz en su voz. Rutina, normales rutinas.

Nada de lo que asombrarse, decía, para alguien que siempre ha pensado que el derecho es un paliativo utópico propinado a los explotados, arma de los explotadores. Nada que objetar a estos señores, solo la necesidad de remarcar entre mi gente que nunca me he considerado ni culpable ni inocente, (montaje o no), sino simplemente extraña a sus acusaciones, a sus âparámetros de juicioâ?, a su lógica y a sus juegos políticos, a su guerra, y a sus intereses, a su ambiciones, a su actuar, a su forma de pensar, a su no sentir. Nada de ellos me es propio. Sus juicios, sus certezas y verdades absolutas (en realidad cuanto menos ficticias) son solo para ellos y que se las queden para si entre sus manos. Que golpe tan duro recibirán el día en que decidan abrirlas y se las encuentren vacías y áridas como su corazón y su mentes, envilecidas por la avidez de poder.
Nosotros estamos en sus jaulas, ellos como arañas enloquecidas se hincharán y un día solo quedará de ellos una cáscara vacía a su misma tela de araña que barrerán del medio.

Un fuerte abrazo.
Por la libertad de todos y todas.

Angela Maria Lovecchio

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Comentaris

Re: Carta d Angela Maria Lovecchio.
02 ago 2004
Una forta abraçada....
Salut i lluita.
Sindicat Terrassa