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Argentina/ Las estrategias mediáticas de Kirchner con los piqueteros
02 jul 2004
El show mediático del gobierno
Este artículo fue publicado en IAR-Noticias http://www.iarnoticias.com/
LAS ESTRATEGIAS DE KIRCHNER CON LOS PIQUETEROS

La nueva instalación del conflicto piquetero como tema excluyente de la información diaria restó escenario a la gira de Kirchner en Asia y lo volvió a confrontar con su perfil más vulnerable: la protesta social.
Para el presidente mediático argentino los piqueteros representan una pesadilla cada vez más dificil de superar, dado que roza permanentemente lo que puede representar el fin de su gobierno: la represión policial.
Reprimir o no reprimir, esa es la cuestión central que traza la línea demarcatoria entre la supervivencia o la muerte política de Kirchner.

Las falsas peleas mediáticas

Lo mejor que podía pasarle al gobierno de Kirchner es que el ultra jurásico, subsecretario de Asuntos Hemisféricos, Roger Noriega, criticara su gestión con el conflicto cada vez más caliente de los piqueteros.
Esto le permitió a la cancillería argentina armar una "polémica" con su patrón del norte desviando el foco de atención sobre la implicación del gobierno con la toma de la comisaría capitalina comandado por su piquetero de cabecera, el híper-oficialista Luis D Elía.

Rápida de reflejos la administración Kirchner, por boca de Rafael Bielsa, salió a responderle al gusano-funcionario de Miami solicitándole que pida disculpas por entrometerse en cuestiones de un Estado soberano, diciéndole que está "harto" de sus declaraciones.

"Si el señor Roger Noriega está preocupado por lo que pasa en el país, el gobierno argentino está harto de las intromisiones de Noriega en los asuntos internos de la Argentina", dijo el funcionario quien acompaña al presidente en su estadía en China.

Esto merece un párrafo aparte: el barbado canciller de Kirchner está "harto" de Noriega, no del secretario de Estado Colin Powell, con quien habla todas las semanas para pedir instrucciones, y cuya orden de operar en el Congreso el envío de tropas militares a Haití cumplió con la fidelidad de un soldado.

Por su parte el embajador de EEUU en la Argentina, Lino Gutiérrez, le dio un empujoncito a la "polémica" asegurando que no pidió disculpas al Gobierno, desmintiendo las declaraciones de Bielsa en ese sentido.

Esto permitió al "gran diario" de la Argentina, Clarín, darle al gobierno de Kirchner su ayuda de costumbre centrando su encuadre informativo en los "renovados roces" que se generó en la relación entre el Gobierno y altos funcionarios de los Estados Unidos.

Técnicas distractivas

Estas chicanas mediáticas con la invención de un conflicto falso con EEUU para desviar la atención, no son nuevas en la metodología kirchneriana.

Fue célebre su "enfrentamiento" con Bush y el FMI (dijo que les iba a ganar por nock out) antes de viajar a la Cumbre de Presidentes en Monterrey donde, no solamente firmó y entregó todo lo que solicitó Bush, sino que mantuvo una actitud obsecuente y dicharachera con el mormón fundamentalista de la Casa Blanca, quién llegó a decir de su administrador argentino que era "muy divertido".

Las operaciones mediáticas de Kirchner y de su entorno son (salvando distancias y envergadura de daño) como las amenazas de de Al Qaeda, siempre siguen una misma secuencia y un mismo patrón:

A) cuando tiene un conflicto en puerta denuncia una conspiración, un atentado contra su vida, o diversas teorías en marcha para perjudicarlo
B) Luego formula la denuncia pública desde una posición de "presidente fuerte" advirtiendo que "no se va a dejar manejar", y detrás de él -sosteniendo lo mismo- llegan sus graciosos espadachines, los Fernández, Alberto, jefe de Gabinete, y Aníbal ministro del Interior, quien registra un parecido notable con el personaje de bigotes prominentes que secundaba a Carlitos Chaplín en sus películas.
C) La prensa cómplice -a cambio de prebendas y de publicidad oficial- presta el marco "informativo" al show mediático generando polémica y desviando la atención masiva del/o los conflictos reales que quiere esconder Kirchner.

El fenómeno K acude a estas tácticas cada vez que:

A) Debe cumplir con los ajustes, pago de intereses, votación de leyes entreguistas, o diferentes imposiciones imperialistas que surgen de Washington y el Departamento de Estado.
C) Cuando debe aumentar tarifas de servicios públicos, cuando precisa echar funcionarios que no le son afines (como sucedió con el jefe del Ejército y el titular de la Policía Federal), cuando necesita apoderarse de alguna "caja" en la administración pública (como sucedió con Barrionuevo y el PAMI), cuando necesita instalar jueces "leales" en la Corte Suprema o en los máximos tribunales.
D) Cuando precisa resolver a su favor algunas de las innumerables peleas por intereses y acumulación de poder que mantiene con Duhalde y el gobierno de la provincia de Buenos Aires, o cuando necesita operar una "descompresión" (sin reprimir policialmente) del conflicto con los piqueteros.

Una vez conseguidos sus objetivos desviacionistas, Kirchner se dedica a hacer todo lo contrario de lo que prometió realizar durante la primera secuencia de sus denuncias y bravuconadas contra blancos o enemigos inventados.

Después de sus "peleas" discursivas con Bush o el FMI, siempre pagó puntualmente y acató sumisamente la agenda que se le imponía desde Washington.

Después de prometer "limpieza" y "ejecutividad" tras desplazar a funcionarios o jueces "enemigos", colocó en áreas claves a funcionarios propios que siguen desarrollando la misma política de corrupción o de obsecuencia oficialista que sus predecesores.

El PAMI, la Policía Federal, la Corte Suprema, siguen funcionando de la misma manera que lo hacían con Menem, De La Rúa o Duhalde, pero esta vez con Kirchner en el gobierno.

Después de inventar falsas peleas y denuncias contra las empresas de servicios terminó aumentando las tarifas y ejecutando a rajatabla lo que el lobby petrolero de Repsol le pedía en el tema energético, el área principal de "negocios" en que se desplazan Kirchner y su entorno de guerrilleros mediáticos.
Reprimir o no reprimir, esa es la cuestión

A fines de diciembre pasado, cuando las movilizaciones piqueteras y su enfrentamiento con el gobierno habían alcanzado un pico explosivo, la estrategia kirchnerista sacó de la manga el caso del "arrepentido" denunciando las famosas coimas en el viejo senado.

El caso -siguiendo la secuencia apuntada más arriba- fue convertido por los medios de comunicación en un escándalo, que le sirvió a Kirchner y a su gobierno para desviar la atención del conflicto con los desocupados, cuyas movilizaciones "desaparecieron" por arte de magia de las pantallas de TV absorbidas por el gran "debate nacional" sobre las coimas.

Hoy, puesto nuevamente contra las cuerdas por el ascendente conflicto con los piqueteros, y haciéndose representar por su canciller, saca nuevamente de la galera el "conflicto con EEUU".
La nueva instalación del conflicto de los piqueteros como tema excluyente de la información diaria restó escenario a la gira de Kirchner en Asia y lo volvió a confrontar con su perfil más vulnerable: la protesta social.

Para el presidente mediático argentino los piqueteros representan una pesadilla cada vez más difícil de superar, dado que roza permanentemente lo que puede representar el fin de su gobierno: la represión policial.

Los piqueteros, sabedores de su punto más vulnerable, confrontan a Kirchner con el límite, y suben su apuesta con las protestas y movilizaciones orientadas a irritar y provocar reacciones tanto en el aparato represivo policial como entre el establishment de la derecha económica, política y mediática, que en las últimas horas redobló su campaña contra la "pasividad" y "permisividad" del gobierno con el accionar piqueteril en las calles.

Las organizaciones piqueteras, más allá del juego político o comercial de su dirigencia, representan el único problema que Kirchner no puede resolver con los medios de comunicación: el hambre, la desocupación y la marginalidad social, emergente de la implementación de los mismos programas económicos que han llevado al país a la injusticia social más extrema.

Hasta ahora la administración colonial de Kirchner tuvo "exito" en sus dos principales objetivos: la acumulación de poder político interno y el aval de la administración estadounidense y de sus usinas empresariales y financieras a su gestión.

Pero su "éxito" con el establishment está construído paradojalmente sobre la multiplicación de la miseria y de la desocupación que crean el caldo de cultivo ideal para las prédicas de sedición social que esgrimen los jefes piqueteros.

Más allá de que sus conducciones "negocien" permanentemente con el gobierno, la dinámica de los piqueteros despierta contradicciones sociales (como el caso de las movilizaciones espóntaneas contra la policía, la toma de comisarías y de juzgados, etc) que siempre ponen a la administración de Kirchner frente a la disyuntiva de tener que reprimir con la policía, o dejar que el proceso siga avanzando cada vez con mayor virulencia.

Reprimir o no reprimir, esa es la cuestión central que traza la línea demarcatoria entre la supervivencia o la muerte política de Kirchner.

La trampa insalvable que enfrenta Kirchner y su administración en el tema de la represión a los conflictos sociales se resume en dos efectos contradictorios:

A) Si no reprime, se enfrenta al aparato mediático desestabilizador de la derecha jurásica (Canal 9, Radio 10, Ambito Financiero, La Nación, etc) quien ya lanzó la teoría (recogida por los gusanos más reaccionarios del Departamento de Estado) de que en la Argentina está en marcha un proceso de "anarquía y guerra civil" producido por la impotencia del gobierno para controlar el fenómeno piquetero. Ese mensaje está claramente orientado a infundir miedo al establishment económico que -todavía- sostiene a Kirchner.
B) Si reprime, pierde el apoyo de las organizaciones de derechos humanos y de los sectores medios "progresistas" que conforman la columna vertebral de su caudal mediático-electoral.

Incluso la clase media derechizada, que simpatiza con Kirchner por su postura de enfrentamiento demagógico con lo piqueteros, viraría en contra en caso de una represión.

La poderosa clase media argentina, de derecha, centro, o "progresista", odia y rechaza profundamente a los piqueteros, pero quiere que el conflicto se solucione por "vías democráticas".

Si Kirchner reprime, en cuestión de horas tiene todo el aparato mediático, de derecha o "progresista", jugando en su contra.

Ese es el límite de Kirchner, lo saben los piqueteros y lo sabe el gobierno.

Hasta ahora la administración colonial argentina apeló a las estrategias mediáticas -enunciadas mas arriba- para descomprimir los conflictos sin reprimir, trasformando su enfrentamiento con los piqueteros en victorias comunicacionales.

Pero los caciques piqueteros, conocedores del punto vulnerable presidencial, en la últimas horas redoblaron su apuesta orientada a detonar una respuesta represiva.

Tomas de comisarías, militantes asesinados por la policía, causas judiciales abiertas contra dirigentes, campañas mediáticas que exacerban a los sectores medios contra los piqueteros, ofensiva de la derecha jurásica pidiendo la represión sin más vueltas, conforman el "cuadro de situación", que el intrépido presidente K deberá enfrentar a su regreso de China.

Vamos a ver que conejo saca de la galera mediática esta vez.
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