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"Duros" y "kirchneristas" / La Guerra Piquetera en la Argentina
29 jun 2004
Los corruptores de la protesta social
Este artículo fue publicado hoy en IAR-Noticias http://www.iarnoticias.com/

LA GUERRA PIQUETERA EN LA ARGENTINA

Hay sospechas de que en el asesinato de un militante piquetero del gobierno hayan participado elementos policiales vinculados al narcotráfico, interesados en dirimir poder por medio del crimen político.
Este dato preocupa a los sectores que hasta ahora vienen utilizando el aparato piquetero ("blando" y "duro") para consumar sus fechorías de disputas internas.
Se teme que a la vista de la "sangre", lo que hoy es un show mediático montado con fines políticos y electorales, se desmadre y termine fuera de control.

Cementerio

Posaron para la foto, y en un lugar poco habitual: el cementerio de la Chacarita.
Allí, luciendo el mismo gesto adusto, en silencio, en primera fila, tomados del brazo, se encontraban los principales caciques del movimiento piquetero argentino, "duros" y "kirchneristas", despidiendo al militante asesinado de 7 balazos, Martín Cisneros, supuestamente a manos de dos lúmpenes "parapoliciales" en la Capital Federal.

El muerto pertenecía a la Federación de Tierras y Viviendas, del piquetero "hiper-kirchnerista" Luis D'Elía, pero al conocerse la noticia el resto de los grupos (incluídos los "antioficialistas") se solidarizaron con el operador oficialista, apuntando sus dardos acusatorios del asesinato contra "sectores de la policía que comercian con la droga".

La comisaría situada en el lugar del asesinato fue tomada por el grupo de piqueteros del gobierno.
En la ceremonia de inhumación se pudo observar la presencia de D'Elía, codo a codo con Raúl Castells, el otro protagonista principal de la "patria piquetera", que, situado en las antípodas del gobierno, mantiene una disputa mediática de "alto voltaje" con D'Elía.

"Repudiamos con toda indignación el asesinato del compañero Martín Cisneros, nos solidarizamos con sus amigos y familiares y, en esta situación, nos ponemos incondicionalmente del lado de la FTV", dijo Castells luciendo su espesa barba candado.

El crimen de Martín Cisneros sirvió para que otros sectores del piqueterismo "duro", también enfrentados al gobierno, como el Polo Obrero y el MTL, se mostraran solidariamente junto a D'Elía, más allá de sus diferencias y enfrentamientos.

Tampoco faltó la tropa "kirchnerista" de ATE (Asociación de Trabajadores del Estado) del oficialista Víctor De Genaro, encabezados por su plana mayor: Ariel Basteiro, diputado nacional, Edgador De Petris (ATE), Hugo Yaski (CTERA) y Roberto Baradel (SUTEBA), a los que acompañaba el polifacético Miguel Bonasso (diputado, periodista, escritor y "espía preferido" del gobierno de Kirchner) quien fue a fotografiarse con la "causa piquetera" unida por la desgracia.

El inefable "gordo" D'Elía trató de hacer un aprovechamiento mediático de la curiosa tregua en el cementerio.

Lanzando una teoría conspirativa dijo que el asesinato del militante fue "un mensaje mafioso", aunque aún no podía precisar de quién ni con qué motivos. "No parece ser casualidad que a Cisneros lo mataran justo el día del aniversario de los asesinatos de Kosteki y Santillán" señaló D'Elía, mezclando la biblia con el calefón.

Kosteki y Santillán, quienes fueron asesinados por un comisario fundamentalista durante la masacre de Avellaneda, hace dos años, militaban en un grupo hoy enfrentado a D'Elía y al gobierno de Kirchner.

"Ante la muerte, ante el asesinato, ante la represión, ante el autoritarismo, ante la judicialización, nos van a encontrar juntos", dijo D'Elía, olvidándose de que 48 hs atrás, había acusado a los del sector "duro" de "cobrar" para voltearlo a Kirchner y a su gobierno.

La tregua del cementerio de La Chacarita sirvió (además de la promoción mediática para los "jefes") para distender un poco la guerra entre facciones desatada la semana pasada entre los " fieles a Kirchner" y los que, como Castells, quieren empezar la "revolución popular" echando a patadas al fenómeno K de La Rosada.

Tanto D'Elía como Castells, se convirtieron en personajes mediáticos y, desde el fenómeno real de la desocupación y la injusticia social, se apoderaron de los viejos reclamos sectoriales del aparato sindical, ocupando el lugar de los "gordos" burócratas que hoy trabajan de empresarios y de lobbistas para el gobierno de Kirchner.

En la práctica, ni Castells ni D'Elía, más allá del petardeo mediático, están para hacer ninguna revolución, contrarrevolución, o cambio de sistema.

El "piquetero del gobierno", convertido en un apéndice de la Casa Rosada, no sabe como explicarle a sus seguidores que Kirchner no aumente salarios, que pague la deuda externa puntualmente, y que continúe con el mismo programa FMI-económico de sus predecesores, Alfonsín, Menem, De La Rúa y Duhalde.

En cuanto al barbado Castells, un socialista "chapado" a la antigua y con lenguaje gauchesco, su "revolución" no se sale de la modalidad de las marchas callejeras pacifistas (algunas histéricas pero no violentas), las tomas "simbólicas" de algunas calles y actos de copamiento "tolerados" por la policía, y los clásicos actos "partidarios" que le sirven para parecer un "líder de masas".

En realidad Castells y D'Elía, figuras emblemáticas del negocio político montado alrededor de la desocupación, son contratistas de desocupados que ponen su aparato al servicio del mejor postor.

Ambos construyen su empresa con subsidios y prebendas del Estado, y, parodiando el falso enfrentamiento de "oficialismo" y "oposición" de la vieja política tradicional, sirven a los mismos objetivos desde trincheras diferentes.

Castells jugó de "oficialista" con el gobierno de Duhalde (el que terminó con el Cacerolazo y devaluó en un 60% el salario con la "pesificación"), en tanto que D'Elía jugaba de "opositor". Hoy los papeles se invierten: D'Elía juega de "oficialista" con el gobierno de Kirchner (la administración de turno de Washington y el FMI) y Castells quiere expulsarlo a Kirchner por "agente encubierto del FMI".

Ambos conforman un grotesco funcional, un show armado para consumo mediático, que es explotado por los dos "pesados" de la política entreguista argentina: Kirchner y Duhalde, quienes dirimen sus disputas palaciegas y territoriales utilizando a los "piqueteros" como variable de ajuste.

Los "guerrilleros mediáticos" del kirchnerismo (tipo Bonasso o Kunkel) lo mandan al gordo D'Elía y a sus huestes para que le "copen la provincia" a los duhaldistas, desafiándolos en su propio terreno, y acusándolos de tener vinculaciones con el narcotráfico y las "mafias policiales".

Los caudillos duhaldistas le devuelven la pelota financiando las andanzas de Castells por la Capital Federal (bunker del "kirchnerismo") donde éste toma, desde locales de Mac Donalds hasta estaciones de subte, que ocasionan todo tipo de molestias y acusaciones contra el gobierno de Kirchner.

Estas andanzas (inofensivas y casi infantiles) del piqueterismo "opositor" sirve a los comerciantes políticos del duhaldismo para demostrar que Kirchner "no controla el poder", en tanto que los xenófobos de la derecha mediática y económica (tipo Ambito Financiero o Radio 10) se valen de ellas para decir que el gobierno apaña la "anarquía subversiva" en marcha.

Tanto Castells como D'Elía, con sus frases histéricas y tremendistas para consumo mediático, son utilizados por los dinousarios del establishment económico (parientes cercanos de Otto Reich y los gusanos de Miami) para demostrar que la Argentina está al borde de la "disolución social" y a punto de caer en manos de los bolcheviques.

Los "bolcheviques" son Castells, el oficialista D'Elía, y Néstor Pitrola, el dirigente del PO que a veces se pone una gorrita con visera y recita unos discursos setentistas que le hacen creer al establishment reaccionario y "gorila" de la Argentina que el país cayó en manos de los soviets.

En esta tesitura se manejan los Grondona (Canal 9 y Radio 10), Ramos (Ambito Financiero), Escribano (La Nación) y Hadad (Radio 10 y Canal 9), quienes le ponen combustible diario a la paranoia de la clase media derechizada, habitual cliente de las "cruzadas contra la delincuencia" motorizadas por el militante "humanista" Juan Carlos Blumberg.

Como resultado de este fuego cruzado entre piqueteros, delincuentes, y soviets que acechan para tomar el poder, los televidentes y radioescuchas masivos de la Argentina ya no saben si Castells es el jefe de los secuestradores, o si Pitrola, en vez de D'Elía, trabaja para Kirchner. Al final hacen zaping y se quedan con el fútbol o las series.

Por su parte, Castells le sirve a los operadores políticos del kirchnerismo para demostrar que Argentina ya entró en la "colombianización", lo que refuerza su posición de utilizar los conflictos de "inseguridad" para tapar los problemas sociales derivados del 50% de la población en estado de pobreza, indigencia o desocupación.

Desde "la Embajada" miran este carnaval con asombro, como si no tuvieran nada que ver.

Los "expertos" de la sucursal de Washington en la Argentina saben perfectamente que los piqueteros "duros", sin otro objetivo que los reclamos sectoriales y el "negocio", no están para organizar ninguna movida seria contra el sistema, y que sus dirigentes, cuando hay un desmadre que apunta a la violencia, son los primeros en "parar la pelota" temerosos de ser procesados penalmente y de perder su status asegurado de "luchadores sociales".

Tanto el aparato gubernamental de Kirchner que los utiliza, como la "oposición duhaldista" en el exilio bonaerense, saben que los piqueteros "duros" son como "tigres de papel", a los que se los termina quitándoles los subsidios del Estado, situación que no le conviene ni al gobierno ni a la oposición, y menos aún, a la embajada norteamericana que tiene "todo bajo control".

Pero si bien los piqueteros "duros" que (fuera de "molestar" a los ciudadanos "libres" de clase media que "quieren trabajar" o circular con sus autos por las rutas y calles) no producen ninguna alteración en los planes de robo sistemático que ejecutan los bancos y las transnacionales, las usinas de inteligencia que reportan en la estación de la CIA local temen lo que se pueda infiltrar en el fenómeno piquetero.

Así, por ejemplo, la semana pasada corrieron versiones de que bolsones del narcotráfico enquistados, tanto en la Policía Federal como en la policía bonaerense, podrían dirimir sus diferencias utilizando las luchas "internas" de los piqueteros.

Puntualmente se habla de "cargarle muertos" a la Federal y al gobierno de Kirchner, asesinando a seguidores de Castells o de algún otro grupo "duro", o de hacer lo mismo con Duhalde y la policía provincial, asesinado a militantes de D'Elía, como sucedió este fin de semana en el barrio porteño de la Boca.

Como se sabe, ambas policías, además de su disputa jurisdiccional por el control de la droga y la prostitución, tienen su propio negocio, con el gobierno controlado por Duhalde en la provincia de Buenos Aires (por parte de la policía bonaerense), y con el gobierno nacional de Kirchner (por parte de la Policía Federal).

Hasta ahora los kirchneristas se valieron de la inteligencia de la Federal para armarles denuncias mediáticas al sector de Duhalde y la Bonaerense, vinculándolos con la droga y la corrupción política imperante en los municipios del Conurbano.

En su momento los operadores políticos del gobierno central hablaron (of the récord) de una "operación de la bonaerense" refiriéndose al artefacto explosivo que estalló en Plaza de Mayo, a fines del año pasado, hiriendo a una treintena de seguidores de Castells, hecho del cual fue señalado el gobierno de Kirchner como responsable.

De la misma manera, al conocerse el asesinato del militante de D'Elía, el fin de semana, en sectores duhaldistas de la provincia de Buenos Aires se deslizaron sospechas sobre la participación de grupos de la Policía Federal en el hecho, con la intención de "cargarle el muerto" a los duhaldistas y a la policía bonarense.

Estas versiones, de confirmarse en el terreno de los hechos (mas asesinatos), pueden enrarecer el proceso de la lucha interna entre piqueteros "oficialistas" y piqueteros "duros", ya que una acción parapolicial combinada (como de la que se habla) puede agregar sangre a lo que hasta ahora venía siendo sólo un espectáculo mediático controlado por expertos.

Ese es el único punto que preocupa a los que velan por el "orden" y la "paz social", esenciales para la buena marcha de los negocios de los bancos y trasnacionales que -durante las 24 hs.- se roban las riquezas y el trabajo de los argentinos.
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