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Notícies :: educació i societat : amèrica llatina
Nadie piensa en la muerte, cuando la vida es un torrente de alegría
24 jun 2004
EJEMPLO DE LA SOLIDARIDAD ESTUDIANTIL
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SOLIDARIDAD NACIONAL E INTERNACIONAL CON MARQUETALIA

Hace 40 años en Marquetalia departamento del Tolima, 16 mil soldados, bajo los lineamientos del âPlan LASOâ? (Latin American Security Operation) iniciaron su ofensiva contra 48 campesinos que obligados por esa circunstancia empuñaron las armas para defenderse de la agresión, dando origen al surgimiento de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) que transformadas hoy en Ejército del Pueblo (EP), se han erigido como verdadera alternativa popular de poder.

En el mes de mayo de 1964, cuando la operación era inminente ârelata nuestro inolvidable comandante Jacobo Arenas- âNos dirigimos al Senado de la República, a la Cámara de Representantes, al Gobierno, a la Procuraduría General de la Nación, a los mandos militares, a la Cruz Roja Internacional y Nacional, al clero, a los estudiantes, a la clase obrera, a los campesinos, a las capas intermedias de la población, a los intelectuales progresistas, a los escritores y periodistas, inclusive a las Naciones Unidasâ? denunciando públicamente la agresión del ejército contra esta región agraria.

La solidaridad no se hizo esperar: e n el plano internacional un grupo de intelectuales liderados por el escritor y filósofo francés Jean Paul Sartre âque ese año sería galardonado con el Premio Nobel de literatura-, la prestigiosa intelectual Simone de Beauvoir y el dirigente comunista Jacques Duclos expresaron su solidaridad con los campesinos de Marquetalia y exigieron, en carta abierta al entonces presidente de la República, Guillermo León Valencia, el cese de la agresión militar. Por su parte los sacerdotes colombianos, Camilo Torres y Germán Guzmán, manifestaron su disposición de visitar la región pero las jerarquías eclesiásticas lo impidieron.

Bajo el lema de âdefender a Marquetaliaâ?, los sectores democráticos y revolucionarios del país, en cabeza del Partido Comunista, se lanzaron a las calles para exigir el cese de hostilidades contra esta pacífica región, mientras que los muros de las ciudades se revestían de consignas rechazando la brutal agresión. En las universidades públicas se había conformado un importante núcleo de solidaridad con la resistencia campesina, destacando allí el nombre del dirigente de la Juventud Comunista y estudiante de la Universidad Libre: Hernando González Acosta.

ERNANDO GONZÃ?LEZ: UN LÃ?DER ESTUDIANTIL

Hernando González Acosta, de clara raíz popular, nació en Bogotá el 20 de mayo de 1941. Cursó sus estudios de primaria en la escuela âRepública Argentinaâ? y se tituló de Bachiller en el colegio Aurelio Tobón de la Universidad Libre, después de haber cursado tres años en el San Bartolomé. Concluida su formación Secundaria, Hernando ingresó a la Facultad de Derecho de la Universidad Libre, para adelantar allí sus estudios superiores.

A sus escasos 17 años, siendo aún estudiante de bachillerato, Hernando ingresó a las filas de la JUCO (Juventud Comunista) organización en la que rápidamente brilló por su fogosidad, fervor y compromiso con las tareas revolucionarias. Eran los tiempos en que la gesta heroica de la revolución cubana, comandada por Fidel Castro y sus hombres, señalaba el camino de decenas de jóvenes y Hernando, como líder juvenil y estudiantil, supo ponerse en la vanguardia de su generación.

La rebeldía estudiantil se hacía sentir en los diferentes colegios y universidades colombianas: unas veces en protesta contra la mala calidad de la educación y las medidas de represión académica; otras participando hombro a hombro con diferentes sectores sociales en apoyo a las huelgas sindicales; y, cuando no, expresando su vocación antimperialista en contra de las políticas intervencionistas de los EU y su ingerencia en el diseño de políticas educativas del país.

En este ambiente de insurgencia revolucionaria y estudiantil -que caracterizó la década de los sesenta- se forjó Hernando González, comandando las brigadas de defensa de la revolución cubana, liderando el combate universitario contra la violenta arremetida de la fuerza pública en las calles citadinas o realizando un paciente trabajo de formación política e ideológica, para ganar la conciencia de numerosos jóvenes a las más altas causas populares.

Convertido en un destacado miembro del Comité ejecutivo de la Juventud Comunista, a sus 22 años, Hernando González abandonó sus estudios de Derecho en la Universidad Libre y atendiendo el llamado de Marquetalia, emprendió, en la madrugada del 10 de abril de 1964 -en compañía del camarada Jacobo Arenas- una marcha sin retorno a la libertad, para entonces solía decir âque la revolución implicaba una profunda responsabilidad, pero que la vida del hombre seguía siendo un torrente de alegría, como si el hombre brotara por sus poros, una lluvia de carcajadasâ?

UN EJEMPLO REVOLUCIONARIO

Una vez reunido con el grupo de combatientes de Marquetalia, Hernando González inició un intenso trabajo de propaganda, redactando miles de comunicados, cartas y proclamas que denunciaban los operativos militares contra esta zona del país. Gracias a este arduo trabajo, despertó en los sectores obreros y universitarios una gran solidaridad con la resistencia en Marquetalia. Al mismo tiempo desarrolló, entre los campesinos, una importante labor de educación política.

Su origen urbano no le impidió adaptarse a las duras condiciones de la vida guerrillera y, muy pronto, el líder del movimiento estudiantil y juvenil aprendió el complejo arte de la guerra. En cierta ocasión ârelata uno de sus camaradas- se le acabaron las suelas de sus botas y él, un hombre de ciudad, continuó la marcha descalzo pese al dolor que se reflejaban en sus ojos. Este entusiasmo y fervor revolucionario, le valieron la amistad y la admiración de todos sus compañeros.

El 20 de julio de 1964, Hernando González dio a conocer el âPrograma agrario de los Guerrillerosâ? elaborado por el Secretariado para la Resistencia, del cual formaba parte: âNosotros âdecía el documento- somos revolucionarios que luchamos por un cambio de régimen. Pero queríamos y luchábamos por ese cambio usando la vía menos dolorosa para nuestro pueblo: la vía pacífica [...] Esa vía nos fue cerrada violentamente[...] nos tocó buscar la otra vía: la vía revolucionaria armada para la lucha por el poderâ?.

Transformados en guerrilla móvil, los combatientes marquetalianos, iniciaron su desplazamiento hacia la zona de Riochiquito, donde se preparaba la Primera Conferencia del Bloque Sur. Hernando âque para entonces había adoptado como nombre de combate el de Leovigildo Rodríguez- participa en la toma de la población de Inzá, el 17 de marzo de 1965, en lo que habría de ser la primera acción militar de la naciente agrupación guerrillera.

SU MUERTE: SEMILLA DE LIBERTAD

En Riochiquito, el ejército preparaba un nuevo operativo militar. Mientras se organizaba la resistencia, ingresaron a la región dos cineastas franceses: Jean Pierre Sergent y Bruno Muel, interesados en realizar un documental sobre la situación de los campesinos de la zona. Concluida su labor, el Estado Mayor comisionó a Hernando González para que saliera con los franceses hasta Mazamorras, donde debía despedirlos y ultimar los detalles de la organización de la columna que los iba a sacar camino a Natagaima.

Cumplida su misión Hernando regresó al sitio acordado pero, en ese momento, el ejército había tendido una emboscada muy cerca de allí. Al avanzar con su pequeña escuadra hacia el Filo de los Inocentes las balas enemigas segaron la vida del joven combatiente: En el Diario de la Resistencia de Marquetalia quedaron registradas estas palabras: âNuestro comandante cayó en una emboscada enemiga [...] Con este acto heroico se llena de gloria el estudiantado de nuestro país... [Queremos] expresar a los estudiantes de nuestra patria nuestra profunda gratitud por la solidaridad de la que hemos sido objetoâ?.

Desde entonces han sido centenares de estudiantes que han ofrendado su vida a la lucha por la libertad y la justicia social, y cada vez más son los que hoy participan en los diferentes escenarios de confrontación en pos de los ideales de la Nueva Colombia, siguiendo la senda trazada por el camarada Hernando González.

Hernando González
Presente!!!
Presente!!!
Presente!!!

Comisión Internacional de las FARC-EP
Junio de 2004
Montañas de Colombia
Mira també:
http://www.farcep.org/

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Comentaris

mola
24 jun 2004
main_40aniversario.jpg
.
Re: Nadie piensa en la muerte, cuando la vida es un torrente de alegría
25 jun 2004
Vale os referís a ese ejercito que por las mañanas y a toque de corneta sale a cantar cual si fueran católicos cristianos su himno preferido perfectamente alineados y a la voz del mando "Todos a una " con una jerarquía y un atraso Marxista-Leninista y una adoración idolatrada a su máximo líder como si fuera este Jesucristoâ¦â? el que salvara al pueblo de la opresión y el imperialismoâ¦
América del sur latino América despierta!!
Re: Nadie piensa en la muerte, cuando la vida es un torrente de alegría
25 jun 2004
Terrorismo de Estado e Insurgencia Armada

El Estado colombiano es el principal responsable de la violencia que actualmente vive el país: el manejo excluyente y hegemónico de sus élites políticas, el uso sistemático de la represión, el terrorismo y el fortalecimiento del aparato militar, unido a su incapacidad para solucionar las necesidades básicas de amplios sectores de la población (salud, educación, trabajo, vivienda), ha sido el caldo de cultivo para el fortalecimiento de la insurgencia armada.
En el s. XIX y ya entrado el siglo XX, la acción armada se constituyó en un mecanismo recurrente para hacer frente a las hegemonías partidistas que pretendían ilegalizar por las vías de hecho o derecho a su adversario político. Las numerosas guerras civiles que caracterizaron el s.XIX son, en buena medida expresión de este fenómeno.

En algunos casos, estos conflictos civiles, al dinamizar otros procesos sociales, desembocaron en coyunturas de crisis política que colocaron en tela de juicio el modelo de dominación bipartidista y obligaron a sus jefes a pactar gobiernos de coalición, como una salida a la crisis "desde arriba". La insurrección de los artesanos (1854), liderados por el general José María Melo ejemplifica esta situación.

En los años treintas, las luchas reivindicativas de los campesinos en zonas como el Sumapaz, contó con la organización de núcleos armados, para hacer frente a la violencia latifundista, que pretendía expulsar a los campesinos que laboraban la tierra en condición de arrendatarios. Bajo los estandartes de este movimiento, germinaron prestigiosos líderes agrarios como Juan de la Cruz Varela, Erasmo Valencia, Facundo Díaz y Teodomiro Muñoz.

En las décadas siguientes, con la represión a las organizaciones obreras y sindicales, la violencia urbana alcanza niveles críticos y ya para finales de 1949 y comienzos de los cincuentas -tras el asesinato del lider popular Jorge Eliécer Gaitán (9 de abril de 1948)- el terrorismo oficial se generaliza a las zonas rurales del país donde tienen significativa presencia liberales y comunistas.

Como respuesta a esta violencia, emerge un amplio movimiento guerrillero en los Llanos Orientales, Huila, Santander, Cauca, El Valle, sur y oriente del Tolima, que encarna la resistencia popular al terrorismo oficial. El golpe militar del general Rojas Pinilla (l953), abre una etapa de negociaciones con los rebeldes, que culmina con la entrega de las guerrillas liberales y una cautelosa desmovilización, sin entrega de armas, de los núcleos armados influenciados por el partido comunista.

Muchos de los guerrilleros, que acogieron la legalidad del régimen, fueron recluidos en las cárceles del país sin fórmula de juicio, cuando no, eliminados impunemente. El asesinato de guerrilleros desmovilizados es una constante que ha acompañado las sucesivas negociaciones guerrilla-gobierno. Por eso, en los diferentes procesos de Diálogo adelantados, las FARC-EP, no ha considerado la entrega de sus armas.
Con el pacto del Frente Nacional (1958-1974), celebrado entre las fracciones hegemónicas del partido liberal y conservador, se consagra constitucionalmente el bipartidismo, excluyendo la participación de otras fuerzas políticas diferentes a él. Estos acuerdos se complementan con la aplicación permanente del Estado de sitio y la creciente militarización de la sociedad, con el fin de ejercer un estricto control sobre los movimientos populares y de oposición.

Simultáneamente con estos procesos y en el contexto de los nuevos planes estratégicos de los EU hacia América Latina en respuesta a los avances de la revolución cubana, se reorienta el rol de las fuerzas militares, bajo la "Doctrina de la Seguridad Nacional", reprimiendo las movilizaciones obrero-populares y agrediendo las zonas campesinas.

En el marco de este modelo de dominación y ante al cierre de los espacios de acción legal, surgen nuevas organizaciones político-militares: EL Movimiento Obrero Estudiantil y Campesino (MOEC), 1959; las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), 1964; el Ejército de liberación Nacional (ELN), 1965 y el Ejército Popular de LIberación (EPL), 1966. En la década siguiente emerge, el Movimiento 19 de abril (M-19), El Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), el movimiento indigenista "Quintín Lame" y la Autodefensa Obrera (ADO).

Para los años setentas, con el crecimiento de los movimientos de protesta social, el fortalecimiento de los frentes guerrilleros en el campo y el desarrollo de importantes acciones armadas en la ciudad, se generaliza en el país la lucha antisubversiva a través de una aplicación más consistente de los esquemas extraídos de la política de "seguridad nacional" y de modelos inspirados en las dictaduras del Cono Sur.

Esta represión es acompañada de operaciones militares de gran envergadura en zonas agrarias, en donde el ejército despliega un gran poder de aniquilamiento de la población. Las movilizaciones populares reivindicando la libertad de los presos políticos, la desmilitarización de las zonas campesinas y la condena a los consejos verbales de guerra y la tortura, caracterizan esta etapa.

Ya entrada la década de los ochentas, el asesinato político sistemático, la desaparición forzada y las masacres se erigen, en el eje de la estrategia represiva del Estado Colombiano, como respuesta al ascenso de las luchas populares y en particular, a la emergencia de un nuevo movimiento político de izquierda: la Unión Patriótica, surgida de los acuerdos de "Cese al Fuego, Tregua y Paz" firmados por el gobierno y nuestra organización (1984).

Ante la fuerza que toma la UP, como principal interprete de las necesidades y aspiraciones del pueblo colombiano, los sectores más reaccionarios responden con el asesinato de sus militantes, simpatizantes y representantes a las corporaciones públicas, incluyendo numerosos alcaldes elegidos popularmente y dos de sus candidatos presidenciales. Estos crímenes son efectuados a través de los grupos paramilitares, promovidos y orientados por las Fuerzas Armadas y el Estado.

Sin abandonar las operaciones encubiertas y los grandes operativos militares, los últimos gobiernos han adoptado medidas "legales" con el pretexto de combatir el terrorismo, calificativo con el que pretende criminalizar la protesta social y desvirtuar la legitimidad política y social de la lucha guerrillera.

Hoy, el terrorismo de Estado sigue aplicándose en Colombia, reviviendo viejas modalidades, que históricamente han demostrado su fracaso y sólo han contribuido a incrementar la violación de los derechos humanos por parte del Estado: entre otras, la consolidación de una red de informantes, el pago de recompensas por los comandantes guerrilleros, el establecimiento de zonas de rehabilitación, la conformación de grupos "élites" y el recorte de las libertades democráticas.

Olvidan quienes promueven estas medidas terroristas, que mientras en Colombia persista el asesinato a quienes reclaman justicia, la desaparición forzada de los dirigentes populares, la actuación sangrienta e impune de las Fuerzas Armadas, el libre accionar de los grupos paramilitares con el auspicio del Estado -como lo acaba de corroborar el informe de Amnistía Internacional- las FARC-EP mantendrá en alto sus fusiles en su lucha por una Colombia Nueva.
Re: Nadie piensa en la muerte, cuando la vida es un torrente de alegría
25 jun 2004
Es pas veritat que la gent no pensi en la mort quan la vida et va bé. De fet es quan les coses et van bé que la tems, quan no no hi penses ja esta massa a prop.

Així que pensem-hi
Re: Nadie piensa en la muerte, cuando la vida es un torrente de alegría
25 jun 2004
Justamente, no es anarquismo lo que necesita América Latina, sino un nuevo orden, basado en la autonomía, la educación, el sector público....y no esa mierda neoliberal que convierte en ratas a los seres humanos.
Sindicat Terrassa